Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 699
12/6/2006

Mariano en el monte

  El Partido Popular no ha tenido paciencia para esperar un buen pretexto de ruptura. Zapatero ha cometido un par de errores: el primero, anunciar conversaciones con ETA en un acto del Partido Socialista de Euskadi; el segundo, autorizar conversaciones con la izquierda abertzale –léase el partido ilegalizado Batasuna– sin avisar a Mariano Rajoy con quien asegura mantener conversaciones frecuentes. Resulta chocante que el presidente siga incurriendo en semejantes fallos pero más sorprendente es la desmesura del PP, la declaración de guerra de su presidente y las sangrantes tonterías de su secretario general, Ángel Acebes: “El plan del Gobierno es el de los terroristas”.

Tamaña desmesura sólo puede entenderse por la impaciencia de la ruptura. No es sostenible afirmar que el presidente ha pagado ya un precio político por conceder la condición de interlocutor a Batasuna, porque si así fuera, ¿cómo calificaría Rajoy aquellas palabras de Aznar en 1998 refiriéndose a ETA como el Movimiento de Liberación Nacional Vasco? ¿Qué juicio le merece que tres delegados de Aznar –Zarzalejos, Martín Fluxá y Arriola– se reunieran en secreto en un chalé de Juarros (Burgos) con la gente de Batasuna cuando la Mesa de HB estaba en la cárcel? ¿Con qué cara dice Rajoy que el Gobierno ha claudicado ante ETA cuando Aznar acercó al País Vasco a 143 presos a cambio de una tregua/trampa?

Para conseguir el fin de la violencia –yo también me resisto a utilizar la expresión “paz” porque no hay guerra y sólo asesinan los de ETA– hay que hablar con los asesinos como se dialoga con los atracadores de un banco con rehenes. Pero el precio político no es hablar con los delincuentes, sino hacer concesiones políticas como las que ha explicitado ETA: el reconocimiento del derecho de autodeterminación o ese asunto de la “territorialidad” interpretada como una entrega de Navarra al Gobierno vasco. A estas dos exigencias ha contestado con reiteración y contundencia Zapatero. En lo que se refiere a la primera se ha expresado sin la ambigüedad acostumbrada en la réplica al portavoz del PNV, Josu Erkoreka, durante el pasado Debate del estado de la Nación. En cuanto a la incorporación de Navarra hay para ello procedimientos que exigen el acuerdo mayoritario de los navarros. Un objetivo inviable como demuestra la estructura del voto en la comunidad foral.

No tiene por tanto una explicación sencilla la posición del PP, a contrapelo de lo que piensa y espera la mayoría de los españoles. ¿Está motivada por el  fracaso de Rajoy en el Debate del estado de la Nación que agudiza su debilidad en el partido? Me resisto a atribuirle una reacción tan egoísta como infantil. ¿Antepone el gallego su sillón al fin de la violencia? Ello no sería infantil, sino criminal y me niego a creerlo aunque admito que haya gente en este partido y desde luego energúmenos de su vanguardia mediática que estiman que al PP no le interesa el fin de ETA. Cuesta aceptar esta hipótesis sobre la que no tienen dudas algunos dirigentes socialistas aunque parece verosímil que lo que les resulta inaceptable es que el fin de la violencia lo consiga Zapatero; intuyen y con razón que si ZP logra el fin del terrorismo etarra los populares pueden despedirse del Gobierno y Rajoy del partido, al  menos en 2008.

Como afirma Felipe González con cierta maldad, Zapatero tiene suerte, la única virtud que atribuye al segundo presidente socialista. Lo del Estatut le ha salido finalmente regular a pesar de los malos principios; las Cortes han aprobado un texto aceptable, y ZP se ha permitido pactar con Convergencia y marginar a los independentistas de ERC. También lo de ETA pudiera salirle bien aprovechando que la banda terrorista y su brazo político Batasuna no tienen otra salida y las elecciones municipales a las que quiere presentarse la formación ilegal –es muy duro quedarse sin pesebres– les estimula a ello. Zapatero, que ha extremado sus alardes de buena voluntad con su adversario en la sesión del martes, ha aplazado la petición de permiso al Congreso hasta después del referéndum sobre el Estatut. Si este asunto termina bien el 18 de junio, podrá dedicarse en exclusiva y cargado de moral a su objetivo básico. La pregunta que está en el aire es si Rajoy será capaz de dar marcha atrás y regresar del monte. Hasta que éste no haga con Aznar lo que Zapatero ha hecho con González –matar al padre– su margen de maniobra es muy escasa.

  José García Abad

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