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Hemeroteca Esta semana
 
Nº 698 - 5/6/2006

ALos duros arrinconan a Blázquez

LOS OBISPOS, BASTIÓN DE LA UNIDAD DE ESPAÑA



Está visto que será muy difícil que cualquier modificación que se produzca en los vigentes Estatutos de autonomía no venga acompañada de su respectiva polémica. Ahora, el Estatuto andaluz desata la tensión entre distitnas comunidades autónomas por la inclusión de la "gestión exclusiva" de la cuenca del Guadalquivir, y no sólo entre ellas, sino también en el propio seno del PSOE, en el que Juan Carlos Rodríguez Ibarra ya ha hablado de "recurso de inconstitucionalidad", y otros dirigentes, como Alfonso Guerra o Joaquín Leguina han expresado sus reservas.

Por P A. N.

E

Los obispos españoles celebran a finales del mes de junio una Asamblea Plenaria Extraordinaria. La intensa actividad que vienen desplegando los prelados más conservadores contra la política socialista de José Luis Rodríguez Zapatero desde las calles, el púlpito y la prensa se plasmará de forma oficial en una reunión donde el plato fuerte del debate será la "unidad de España como bien moral" y el alto el fuego de ETA. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, y el sector más moderado, se resisten a aceptar que estos temas monopolicen el orden del día de la asamblea, pero los más duros, con los cardenales Antonio Cañizares y Antonio María Rouco Varela ala cabeza, hace tiempo que vienen abonando un terreno donde tienen todas las de ganar.


Por Virginia Miranda

Recién elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez provocó una profunda sensación de alivio entre algunos políticos socialistas; su fama de hombre moderado y dialogante, a pesar de su proximidad al Camino Neocatecumenal de los kikos –en alusión a su líder, Kiko Argüello–, hizo preveer una mayor oportunidad para recondicir las relaciones Iglesia-Estado. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acababa de comprobar que su antecesor, el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, era un hueso duro de roer dispuesto a plantarle cara a cuenta de su "laicismo agresivo" y su "desprecio a la religión", duras acusaciones surgidas a raíz del anuncio de la ya aprobada Ley Orgánica de Educación (LOE) y la revisión de los acuerdos sobre la financiación de la Iglesia. Y si no era él, monseñor Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, era quien cargaba las tintas contra Zapatero cuando no andaba enredado en su cruzada contra los nacionalismos.

Aunque pronto tuvieron ocasión de comprobarlo, lo que no lograron preveer los socialistas es que el nuevo presidente del Episcopado llegaba cargado de las buenas intenciones a las que le predispone su buentalante, pero como ni buscaba ni deseaba la presidencia de la CEE, carecía de estrategia y proyecto propios. Además, su carácter tranquilo no casa con la necesaria autoridad de quien se dispone a tomar las riendas de Añastro, sede de la Conferencia Episcopal. Así las cosas y a pesar del cambio de titularidad, el gobierno de los obispos ha seguido bajo la batuta de Rouco Varela y Antonio Cañizares, quien esta vez ostenta la vicepresidencia desde las elecciones de la CEE celebradas en la Asamblea Plenaria de marzo de 2005.

Los indicios sobre la escasa representatividad del obispo de Bilbao y sus diferencias con el sector más conservador del Episcopado son elocuentes. Y en ellos está la causa de que los preparativos de la Asamblea Plenaria Extraordinaria que se celebrará los días 21 y 22 de junio estén inmersos en una sorda batalla por la redacción del orden del día.

El pasado 25 de mayo, la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, recibía a una delegación de la Conferencia Episcopal Española encabezada por el flamante cardenal Antonio Cañizares –fue uno de los 15 nuevos Príncipes de la Iglesia designados en el primer consistorio de Benedicto XVI celebrado el pasado 24 de marzo–. Las dos partes se dieron diez días para estudiar soluciones sobre la aplicación y el desarrollo dela LOE en lo referente a las disposiciones adicionales segunda y tercera sobre la asignatura de religión y el profesorado. Pero antes de repetir el encuentro y tratar de alcanzar un acuerdo, monseñor Rouco Varela, durante la presentación en Madrid de su libro España y la Iglesia católica (Planeta) el pasado 1 de junio, invocaba la libertad religiosa y la enseñanza del catolicismo arremetiendo contra "el viejo laicismo". En la publicación, además, asegura que medidas legislativas como la LOE "dificultan el cumplimiento de la misión de la Iglesia en términos educativos e ignora la libertad de enseñanza religiosa". También resulta significativo que el presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza, Antonio Dorado, haya sido marginado de estas conversaciones, circunstancia hasta ahora insólita. Es más, según fuentes próximas a Añastro, el vicepresidente de la CEE se ha arrogado la representación del gobierno de los obispos en materia educativa y no comparte el resultado de sus trabajos y reuniones con Dorado.

Que la jerarquía católica eche el resto en su defensa de la asignatura de religión y de la financiación eclesiástica –sobre la que parece que habrá finalmente un acuerdo entre las partes–, los dos pilares sobre los que se asienta la Iglesia en la sociedad española, entra dentro de su lógica interna. Otra cosa es que se hayan adentrado sin tapujos en la batalla política; una circunstancia que, sin ser nueva, hasta el comienzo de esta legislatura había discurrido por derroteros más sutiles. Las reformas de los Estatutos de Autonomía y el anuncio de "alto el fuego permanente" de ETA han provocado las mayores escisiones hasta ahora vistas en Añastro; Blázquez y los moderados, fundamentalmente los vascos y catalanes, no están de acuerdo con las manifestaciones de los obispos duros, que a imagen y semejanza del Partido Popular, advierten que la "unidad de España" está "amenazada" por los nacionalismos y las reformas estatutarias y reclaman a ETA el abandono de las armas antes de cualquier conato de negociación. Sin embargo, y a pesar de que el presidente de la CEE cuenta con el respaldo de la mitad del Comité Ejecutivo y controla la mayoría –aunque por poco margen– de la Comisión Permanente, la visibilidad en los medios de comunicación y, por tanto, entre la opinión pública en general y los fieles en particular, reside fundamentalmente en los cardenales Cañizares y Rouco Varela. El arzobispo de Toledo aprovecha la menor oportunidad, ya sea en el púlpito, en una rueda de prensa o en algún acto público, para alertar sobre los peligros que se ciernen sobre "la unidad inquebrantable de España" y sus "raíces culturales e históricas" como consecuencia de un "proceso con ingredientes nihilistas, neomarxistas, laicistas y relativistas" –estas últimas declaraciones pertenecen a una entrevista en el periódico La Razón– y advertir a los laicos cristianos que, "precisamente en este momento histórico decisivo, no pueden evadirse de sus responsabilidades". Es más, dice que "la Iglesia tiene que iluminar y pronunciarse sobre aspectos morales; lo ha hecho en muchos temas y este es un tema moral que afecta a la convivencia, a la memoria histórica y a la justicia". El arzobispo de Madrid, en la reciente presentación de su libro que nace de su "profunda preocupación por España" y que por cierto corrió a cargo del recién elegido presidente ejecutivo de la COPE, Alfonso Coronel de Palma (ver número anterior de EL SIGLO Un 'legionario' en la COPE), dijo que el proceso de reformas estatutarias es "preocupante". "La utilización de sus capítulos primeros" ofrece "un instrumentario de interpretaciones de la Constitución que puede afectar a la sustancia misma de los derechos fundamentales".

El proceso de paz también ha generado controversia. Invitado a uno de los recientes desayunos informativos del Foro de la Nueva Sociedad, el obispo Blázquez aseguró que "en la medida en que podemos contribuir desde el ministerio episcopal a la gran tarea de pacificación, nos vienen teniendo". De las víctimas y sus familias comentó que "hay muchas heridas porque han muerto muchas personas", pero "gracias a Dios muchos ya han perdonado". Y añadió: "Estamos convencidos de que a través del perdón llega a la sociedad la reconciliación". Sin embargo, hasta ahora no ha habido un comunicado oficial de la Iglesia sobre la tregua de ETA pero sí declaraciones menos esperanzadas que las del presidente de los obispos. El secretario del Episcopado, monseñor Martínez Camino, planteó sus reservas tras el anuncio de la banda terrorista y Rouco Varela, en el acto celebrado la pasada semana en la Casa de América en Madrid, empleó un lenguaje evangélico pero ciertamente explícito para explicar su interpretación del proceso de paz –por cierto, que la expresión "proceso de paz" a la que hizo alusión un periodista, no pareció gustarle como tampoco le gusta a los dirigentes populares: ", Proceso de paz? ¿A qué se refiere? ¿Al País Vasco?"–; recomendó, por este orden, arrepentimiento, propósito de enmienda, penitencia, perdón y reparación.

A pesar de estas reacciones, hay que decir que la Iglesia está participando en el proceso de negociación. Después de que el arzobispo de Toledo dijera que Alec Reid, el sacerdote norirlandés que acudió a mediados de abril al Foro de la Nueva Sociedad en calidad de colaborador en el proceso de paz en Euskadi, "no se puede decir que [...] está siendo portavoz de la Iglesia" y "lo que haga" es "cosa muy particular suya", el obispo de Bilbao aseguró que Reid fue invitado "por diversas personas" al País Vasco porque desempeñó su tarea de manera "providencial" en el Ulster. Y añadió: "Cómo no vamos a preciar la colaboración de alguien bienintencionado al que le ha ido bien en otro conflicto. ¿Por qué no coger todas las posiblescolaboraciones que podamos recibir?". Blázquez, tal y como asegura el experto en temas religiosos José Manuel Vidal, encargó al sacerdote vizcaíno Joseba Segura traer a España a Alec Reid e introducirle en los medios políticos vascos para tender puentes y sentar a negociar al Gobierno y a ETA.

A los prelados más conservadores tampoco les gustan las escasas intervenciones públicas de Blázquez. Les disgustó particularmente que en el encuentro que organiza Nueva Economía Forum dijera que en la Plenaria Extraordinaria de junio no se iba a hablar de la unidad de España ni se iba a valorar el alto el fuego de la banda terrorista; particularmente el primer asunto es el tema central del texto que presentarán previsiblemente en la próxima reunión. El diario ABC publicó hace unos días que ya han elaborado un documento que gira en torno a la tesis "La unidad de España es un bien moral" y que será una continuación del punto quinto de la Instrucción Pastoral sobre el terrorismo yel nacionalismo aprobada por la Iglesia en noviembre de 2002 y que entonces no se pudo desarrollar porque provocó una agria polémica con los obispos catalanes y vascos. En cualquier caso, es el Comité Ejecutivo el que debe aprobar el orden del día de la asamblea, que previsiblemente será ratificada por la Comisión Permanente antes de ser enviado a los obispos. Y al cierre de esta edición, los prelados aún seguían sin alcanzar un acuerdo, aunque después de la intensa actividad "divulgativa" de los purpurados Rouco Varela y Cañizares sobre las amenazas que se ciernen sobre España y siendo ésta una Plenaria de carácter extraordinario, parece lógico que los Estatutos y el alto el fuego de ETA sean objeto de discusión.

El asunto que también parece que compartirá protagonismo con las grandes cuestiones de Estado es el de la COPE. Después del relevo de Bernardo Herráez al frente de la emisora de los obispos, se preveen nuevos cambios antes del verano y de cara a la presentación de la nueva temporada. El Episcopado eligió al laico Alfonso Coronel de Palma para ocupar la presidencia de la COPE para que ejerza de pantalla ante los constantes ataques que recibe la Iglesia a cuenta de la línea editorial de periodistas como Federico Jiménez Losantos y por la consabida obediencia a la jerarquía eclesiástica del líder de la Asociación Católica de Propagandistas, aglutinadora de los movimientos ultraconservadores de la Iglesia. Ahora, tras la llegada de Coronel de Palma, existen serias dudas sobre qué decidirán los obispos a cerca de la continuidad o no de sus estrellas radiofónicas. De momento sólo se puede hacer quinielas. Se habla de que Losantos podría marcharse a un grupo de su propiedad o fichar por Intereconomía, César Vidal o Cristina López Schlichting, sus compañeros de la noche y la tarde respectivamente, podrían sustituirle, y se dice incluso que Carlos Herrera podría abandonar Onda Cero para aterrizar en la COPE. O podría ser que dejen las cosas tal y como están.

La unidad de España, el terrorismo y en menor medida la emisora de los obispos. Los tres son asuntos de gran calado. Y cómo se resuelvan inclinará la balanza definitivamente a favor del binomio Rouco-Cañizares o darán a Blázquez una oportunidad de ejercer su liderazgo.



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