Hemeroteca Esta semana
Nº 698 - 5 de junio de 2006

Suso de Toro, escritor

"La derecha española está atrapada por el pasado"

 Xesús Miguel de Toro Santos, Suso de Toro, publica sus libros en gallego y en castellano porque no quiere vivir en una España en la que tenga que pedir permiso por ser lo que es. Se siente gallego, español y europeo. Su España se acerca más a la de Zapatero que a la de Aznar. De hecho, se le considera un cercano asesor del primero. Por eso escribió Otra idea de España y Españoles todos. En ellos, De Toro interpreta la vida política desde su subjetividad. Ahora, con la novela Hombre sin nombre, sintetiza su mundo literario y sus ideas.

Por Luis Marchal

— Usted es uno de los protagonistas de la 65 edición de la Feria de Madrid. ¿Se considera ya uno de los escritores de culto en nuestro país?

—He tenido una vida de autor curiosa. Me siento muy leído. Más que por un público, por personas y por unos lectores sueltos muy incondicionales. Ahora más gente conoce mis libros. Estoy encantado porque no tengo afán de ser leído por unos pocos. El que dice que no escribe para que le lean, miente.

—Hombre sin nombre, su nueva novela, ¿dialoga con El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, y con Don Giovanni, de Mozart, el conquistador incansable de mujeres?

—El mito de Don Juan es el de un hombre que quiere ser más que un hombre, que se atreve a desafiar todo. El protagonista anciano de mi libro no es un conquistador de mujeres, pero desafía las leyes humanas. Es un asesino, un devorador de muertes. Su vida también tiene un sentido trágico, desafía lo humano y lo divino. Sabe muy bien quién es y se ve como amo, no como esclavo.

—Mientras que el otro protagonista, el joven Nano, se va reinventando en cada momento.

—Nano es una persona sin voluntad. Su yo es muy confuso.

—¿Están representados los españoles en ellos?

—El viejo es de los amos. En este país, los amos fueron los que ganaron una guerra y se convirtieron en dueños de nuestras vidas. Nano es un pobre hombre que pertenece a los que pagaron las consecuencias. Este juego de identidades refleja la división que se ha vivido en España.

 —¿Por eso la importancia de la memoria en el libro?

—Es una historia inventada, pero el protagonista anciano ha sido de la vanguardia de los vencedores. Fue un asesino en serie en toda regla. Su modo de vivir violento le llevó a juntarse con los nazis en los años treinta y luego a ingresar en la Falange. Este personaje está dentro de nuestra historia. Me documenté concienzudamente sobre la represión y lo coloqué en la Guerra Civil y en la División Azul, como uno de los 900 voluntarios que lucharon en Berlín junto a los nazis durante la II Guerra Mundial.

—Sus asesinatos se quedaron impunes.

—El personaje no se arrepiente de lo que hizo ni maquilla su biografía. Por ejemplo, habla con desprecio de Torrente Ballester, que fue falangista de primera hora y luego trató de justificarse.

—¿Complejo de la derecha?

—La derecha española está atrapada por el pasado. Como se niegan a condenar las maquinaciones contra la República y el golpe militar que dio lugar a la guerra, necesitan que los demás no conozcamoslo que hicieron. Eso les impide tener cultura democrática.

—¿La izquierda está libre de cargas?

—Un siglo XX tan trágico como el vivido en Europa y en España debe obligar a todos a ser autocríticos. La izquierda española cometió errores políticos graves en varios momentos, de modo significativo en 1934. Los partidos catalanes también. No fueron leales a la República, traicionaron un pacto para reconstruirla. Si hubieran revisado autocríticamente esa actuación, quizá ahora estarían más implicados en la construcción de una España plurinacional y para todos.

—España plurinacional marcada por aquellos días.

—Si el Estado español es autonómico es porque hubo nacionalidades, incluida la gallega, que lucharon por tener autogobierno en el primer tercio del siglo XX. La gente que vive en Castilla-La Mancha, Murcia, Andalucía o Extremadura mismamente tendría que comprender que si hoy hay gobiernos autónomos, que mejoran las condiciones de vida, es gracias a las nacionalidades vasca, catalana y gallega. Es cierto que pidieron para ellos, pero afortunadamente se extendió para todos. Cuando Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de la Junta de Extremadura, vocifera contra los vascos o los catalanes, habría que decirle que su puesto es gracias a lo que éstos lucharon.

—¿José Luis Rodríguez Zapatero quiere recuperar la España plurinacional?

—Quiere afrontar la realidad. Aznar quiso imponer un centralismo nacionalista a una España que no era la existente. La mayoría absoluta le llevó a un mundo irreal. Creyó que él y su partido eran toda España. Los ciudadanos españoles somos muy diversos en muchos sentidos. Zapatero reconoce nuestra historia política y social. Sabe que trajimos la democracia entre muchos, que se ganó por la izquierda y por la lucha de las nacionalidades. El presidente no niega la realidad y se encuentra con realidades culturales y partidos políticos cuando viaja a Cataluña, Euskadi o Galicia.

—¿Se considera un ideólogo de Zapatero?

—Sería absurdo creer que Zapatero tiene un ideólogo. Es el presidente del Gobierno que ha llegado a su cargo con mayor preparación. Ha sido un dirigente político local y diputado en varias legislaturas, tuvo tiempo de formarse con una generación de socialistas que gobernaron con Felipe González y, por otro lado, es un profesor de Derecho Político. Se ha hecho a sí mismo en la teoría y en la práctica. No depende de nadie en su pensamiento. Lo que sí hay entre él y yo es un diálogo de dos personas independientes, libres y que comparten una cultura política de ciudadano y una visión de que España es compleja.

—Zapatero tiene fama de dialogar con todo el mundo.

—Es que es muy humilde. Esto es lo que le permite dialogar con cualquiera, algo que despierta recelos en la gente que se cree una autoridad intelectual. No rinde pleitesía.

—A pesar de este diálogo, se vive una de las etapas de mayor crispación en la democracia.

—Es un problema interno que tiene el PP. Su dirección enloqueció hace tiempo y negaban una marea negra que ellos mismos provocaron. Nos metieron en una guerra de Iraq que aquí nadie entendía. Se separaron completamente de la sociedad. Si les hubiéramos hecho caso, seguiríamos en Iraq y perseguiríamos a ETA por un atentado que no cometió (el 11-M). La crispación es del PP, no es de la sociedad española ni del resto de partidos políticos.

—¿El líder del PP, Mariano Rajoy, se está alineando con el sector menos duro de su partido?

—Creo que el PP no fue capaz de hacerse una autocrítica al perder las elecciones. La actual dirección ya está presa, no puede cambiar. Tendrá que haber una crisis fuerte dentro de este partido que le obligue a una nueva generación de dirigentes. Entonces empezarán de cero y se les podrá escuchar. Esta dirección, incluido Aznar, le ha hecho mucho daño a la sociedad española.

—¿Quiénes formarían parte de esta nueva generación?

—Nacerá probablemente impulsada por los barones territoriales, por la gente que tiene poder local y no lo quiere perder. No por Génova. Probablemente Jaume Matas en Baleares, los de Castilla y León, Navarra,…

—¿Cómo evalúa la gestión que se está realizando del alto el fuego?

—No tenemos distancia. El alto el fuego permanente de ETA tiene una dimensión histórica. El propio Zapatero dijo que será un proceso largo, de unos cuatro años, aunque yo creo que concluirá en menos tiempo. No podemos opinar cómo esta yendo después de sólo dos meses de proceso. La Transición se hizo en tres años, aproximadamente.

—¿Este proceso tiene demasiados detractores, como las propias víctimas?

—No son las propias víctimas, sino la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) que actúa como un instrumento de la extrema derecha, del PP. En vez de representar los intereses de las víctimas, entra en la lucha de partidos. Esto no lo digo yo, lo ha dicho un candidato a presidir la AVT como Pablo Broseta, hijo de Manuel Broseta, asesinado por ETA en 1992.

—Usted mantuvo relaciones con EIA, antiguos miembros de ETA político-militar. ¿Le facilita la visión del alto el fuego?

—Ésta es una generación distinta de etarras. Tenían una cultura política diferente, una ideología de izquierdas. Actualmente su credo es el nacional-patriotismo. Además, han cambiado mucho las cosas para peor. La banda no sólo ha creado muchas víctimas que están doloridas y llenas de rabia, y con razón. También se han dado casos de tortura en sus filas. Asimismo, existe el sufrimiento de familias que no pueden ver a sus detenidos (miembros de ETA) porque están esparcidos por todo el territorio nacional. Hay muchos más destrozos humanos y sociales en ambos lados que entonces.

—¿Cuál será el siguiente paso?

—Los pasos los debe dar el Gobierno con la información que tiene. Debe tener el apoyo y la lealtad de todos los partidos. También debe ser capaz de mantener unidos a todos ellos. Debe darles la información que necesitan.

—¿Se está haciendo?

—Cuando Rajoy, que ha hecho una oposición a este Ejecutivo muy dura, acepta apoyarlo, quiere decir que en lo esencial el Gobierno está cumpliendo

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