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Lista Al trasluz

Nº 698
5/6/2006

¿Por qué tanta inquina?

A Mariano Rajoy lo derrotó con relativa facilidad José Luis Rodríguez Zapatero en el Debate sobre el estado de la Nación. Al líder del PP le quedan dos o tres cortes de pelo. O cuatro como máximo. Es probable que no llegue ni a las próximas alecciones generales, aunque antes están previstos los comicios locales y autonómicos, donde la derecha almacena mucho poder todavía. El principal problema de Rajoy, en todo caso, reside en su propio partido. En Génova la temperatura interna empieza a ser excesiva y la caldera bulle con cierto peligro.

El trío Rajoy, Acebes, Zaplana –con la sombra de Aznar al fondo– ha agotado su ciclo. Con el agravante para Rajoy de que sus colaboradores, más impuestos que elegidos por él, le han segado a menudo la hierba. Cuando Rajoy, tras el anuncio de ETA de alto el fuego permanente, se comprometió a conceder apoyo al Gobierno, Acebes y compañía se dedicaron a pregonar la malanueva de la tregua etarra.

Como el líder de la derecha no apretó lo suficiente en el mencionado debate, desde la COPE Jiménez Losantos lo puso al día siguiente a caldo. Le dio hasta en el carné de identidad. Veinticuatro horas después, Rajoy acudió a rendirle pleitesía y se dejó entrevistar –como si nada hubiera ocurrido– por su fustigador. El masoquismo no debe de ser probablemente la única explicación plausible a tan peculiar comportamiento.

Por su parte, señala en El Mundo Cayetano González, periodista de confianza de Jaime Mayor Oreja, que se encuentra "Rajoy en la encrucijada". Últimamente González también le atiza a Rajoy y algunos observadores piensan que tal actitud no es inocente o gratuita. Le acusa de haber coprotagonizado, con Zapatero, "uno de los mayores tongos parlamentarios de nuestra democracia", al haber eludido ambos debatir sobre Euskadi.

Que sobrevolara Rajoy en el hemiciclo por encima del proceso de paz irritó mucho a los sectores más radicales de la derecha. Parten de la premisa de que Zapatero habría adelantado ya a ETA cantidades a cuenta en moneda política con el fin de alcanzar el acuerdo. Creen que le importa un rábano la independencia del País Vasco. González avisa al aún presidente del PP: "De ahí la responsabilidad de Rajoy de estar muy vigilante, con hechos y no sólo con palabras, para evitar que el presidente cometa la enorme inmundicia de pagar un precio político para que ETA deje de matar".

Es significativo. Cada movimiento o ademán de movimiento del Gobierno en relación al proceso de paz suscita –en la grada ocupada por la derechona y sus diversas terminales– reacciones de sumo enojo. Nunca abandonan la sospecha de que España ha caído en manos que no son de fiar. Viven con el ¡ay! metido en el cuerpo. La Asociación de Víctimas del Terrorismo, que preside el camarada Alcaraz, ya ha montado otra manifestación. Será la cuarta en menos de dos años. Se trata de otro arrebato de demencia a la que ya ha accedido el errático Rajoy.

Avanza el PP hacia el abismo de la nada, repitiendo las mismas consignas y atisbando los mismos fantasmas., Se precipitará un día Rajoy en el vacío y a lo mejor pensará, en ese justo momento, que se encuentra en fase de despegue. ¿Qué tendrá el proceso de paz emprendido en Euskadi hace más de un año, e impulsado por Zapatero, que tantas suspicacias y alarmas genera en el universo del PP? Su balance no es definitivo y no han de descartarse los riegos de ruptura. Pero, como mínimo, hace tres años que ETA no mata. ¿Por qué, pues, tanta inquina?

Enric Sopena

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