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Paulino Rivero, portavoz parlamentario
de Coalición Canaria presidenta del Parlamento
de Andalucía
"UN PAÍS QUE SE PRECIE
DEBE TENER EL CONTROL
DE SUS FRONTERAS"
La llegada masiva de inmigrantes durante los últimos días a las costas de Canarias
ha agravado una situación que ya era difícil. Los centros de acogida de las islas se
encuentran desbordados y los representantes del Gobierno regional han alzado la
voz exigiendo a la Administración central soluciones inmediatas. Esta semana José
Luis Rodríguez Zapatero recibe en Madrid al presidente del Gobierno canario, Adán
Martín. El portavoz de Coalición Canaria, Paulino Rivero, explica la preocupación de
su partido por la actual situación, e insta a un más efectivo control fronterizo y a
aplicar un ambicioso plan de cooperación al desarrollo de África en el que se
implique la Unión Europea.
Por P. A. N.
L
a visita del presidente canario, Adán Martín a Moncloa, aunque programada, también parece necesaria.
Es necesaria. En estos momentos, Canarias está viviendo una situación muy complicada, muy difícil. Nuestros centros de acogida están a rebosar. Por una cuestión de respeto a la dignidad de las personas deben funcionar con mucha fluidez las repatriaciones y las derivaciones; tenemos un problema muy grave con el tema de los menores, que desbordan la capacidad de acogida de Canarias. Empieza a haber una cierta alarma social. Y cuando un cuadro de esta naturaleza, es necesario que el presidente del Gobierno español atienda con urgencia al representante de todos los canarios. En mi opinión, le han faltado reflejos al Gobierno para plantarse ante el problema y visitar Canarias en una situación difícil.
— Ustedes plantearon, incluso, la participación de la Armada para bloquear las entradas
— Eso ha sido una cuestión malinterpretada. No somos nosotros; ha sido una propuesta del Parlamento de Canarias, pero que no difiere, en absoluto, del acuerdo alcanzado la pasada semana en la Unión Europea, para enviar unas patrulleras, aviones y helicópteros de nueve países miembros de la Unión para patrullar en aguas cercanas a Cabo Verde, Senegal o Mauritania. Es el mismo objetivo; debemos llevara a cabo maniobras disuasorias para las mafias que operan en esa zona y, fundamentalmente, detectar, si los hubiera, barcos nodriza. Estamos seguros de su existencia, sin ellos, tras ocho o nueves días de navegación no se podría llegar en las condiciones físicas –en general, buenas- que presentan los inmigrantes. El despliegue de las patrulleras, con el apoyo de la aviación, tiene como finalidad detectar la existencia de esos posibles buques nodriza. Ésa es la tarea complementaria. Nosotros seguimos pensando que la mejor forma de atenuar este problema es llevar a cabo convenios urgentes, no sólo de repatriación, con los países origen, sino acuerdos de cooperación. El presidente de Senegal afirmaba hace poco que ellos podrían controlar la salida de irregulares, pero que, a cambio, necesitan recursos para generar un desarrollo en su país. Ahí es donde España está fallando. Hay que destinar urgentemente todos los recursos que sean nece sarios para el convenio. Y hablo de España y la UE. La cooperación no puede ser como la aborda la Unión, con la cifra ridícula de diez millones de euros a partir de 2008. Es una auténtica vergüenza, cuando están llegando 800 personas diarias a Canarias. Este problema requiere de decisiones en el cor to plazo. Ha de llegarse a acuerdos del con trol de fronteras en origen. Aquí es donde realmente está la labor humanitaria, no en las costas prestándoles acogida. El verdadero trabajo humanitario se presta si se controla en origen y se les ayuda, evitando que mue ran miles de personas, como lo están ha ciendo en el mar.
En realidad no vienen buscando Canarias, sino la Europa continental. Cuando se los deriva y llegan a territorio continental, ya han conseguido su objetivo. A los 40 días, según la ley española, tienen que estar en la calle. A partir de ese momento es cuando se produce el verdadero efecto atracción para los que se han quedado allá. Controlar en origen no es sencillo, pero la mejor medici na es la cooperación. Hay que plantearla a corto, y también a medio y largo plazo. Es un fenómeno con el que vamos a tener que convivir décadas; el siglo XXI será el siglo de los movimientos migratorios. Lo que es un problema, tenemos que transformarlo en una oportunidad para desarrollar África, con políticas a medio y largo plazo. Ahí tiene que implicarse la comunidad internacional, la UE y España. Pero el desarrollo de África nos va a llevar décadas; ahora hay que ir a acuerdos que permitan un compromiso de las autoridades de los países de origen para controlar el fenómeno.
—¿Cuál es la situación en las islas?
—De desbordamiento absoluto. La capacidad de acogida de Canarias está fijada, por un acuerdo del Congreso, en 1.200 plazas, y estamos hablando ahora mismo de más de 4.000. Las derivaciones no marchan con la fluidez que se necesita. Yo diría que la situación es dramática, por las condiciones en que se encuentran los irregulares que han llegado, hacinados en acuartelamientos militares o en los garajes de la Policía Nacional.
—¿Qué le pedirá Adán Martín al presidente del Gobierno?
—La adopción de medidas en la misma línea de las que hemos planteado en el debate del Estado de la Nación; un mayor compromiso con el control en fronteras, más fluidez en las derivaciones; un compromiso del Gobierno para la derivación de menores a los centros de acogida de las demás comunidades autónomas. Se plantea un efectivo control en los aeropuertos –por esta vía llegan 20.000 personas al año a Canarias, que se quedan en una situación de irregularidad.
—Sin embargo, la entrada de inmigración irregular no es un problema exclusivo de Canarias.
—Es un problema nacional, es un problema de Estado yes un problema de la UE. Pero este problema, quien más lo sufre es quien es frontera en África. España es frontera con Africa por Andalucía, pero Canarias es frontera en África. Somos los que estamos sufriendo el primer golpe de una política negligente de Europa y de España; de una política de abandono a África. Hoy en día estamos pagando las consecuencias de que, tanto los organismos internacionales, la Unión europea y España le han dado la espalda a África. No se ha tenido en cuenta que viven allí más de 300 millones de personas, que más del 60 por ciento están con menos de un dólar al día, que las condiciones son infrahumanas. Cuando se es frontera entre dos territorios con tanta diferencia en su desarrollo, la atracción –y más en este mundo globalizado-, la tentación de ir a buscar lo mejor para sus familias es lo que prima. Por eso es necesaria la cooperación para el desarrollo.
— Pero, a corto plazo puede que no arroje muchos resultados.
— A corto plazo hay cosas que han funcionado. El acuerdo con Marruecos ha funcionado, los acuerdos con Mauritania han funcionado, pero la política que hemos desarrollado no se ha hecho desde una visión global, sino que se ha ido parcheando; se "tapia" el Estrecho, pero ya sabíamos que las mafias venían a Marruecos. Cuando se alcanzan los acuerdos con este país, vinieron el conformismo y la autocomplacencia; ya estaba todo resuelto, cuando los expertos advertían que las mafias iban hacia el sur, a trabajar a Mauritania. A esta nación fuimoscuando los informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) publicaron que habían fallecido cerca de 2.000 personas en las aguas entre África y Canarias. Cuando se llegó a un acuerdo con Mauritania, otra vez vino el conformismo, y no se tuvo en cuenta la advertencia de que el siguiente punto de salida era Senegal. Ahora hemos ido a Senegal, pero después de producirse otra llegada masiva. Se requiere una política global, más constante en el esfuerzo. Lo que está claro es que sí funcionan los acuerdos de cooperación. Las autoridades de estos países se comprometen en la medida en que vean compensado su compromiso con ayuda económica. A medio y largo plazo hay iniciativas interesantes, como el acuerdo del G-8 de invertir 90.000 millones de euros en los próximos diez años –una especie de Plan Marshall para los países más pobres-; eso deberá tener una continuidad. España empieza a hacer cosas interesantes, el Plan África, la creación de la Casa de África en Canarias. Pero no hacer nada no es la mejor salida.
—Pero la tendencia indica que el flujo migratorio va a aumentar en los próximos años, y no sólo con destino a Canarias o a España, ¿no habría que ir pensando en medidas para adaptarse a una situación difícilmente reversible?
— Un país no puede, de golpe, recibir a más personas de las que puede ir integrando. En España y en Europa hacen falta inmigrantes, y apostamos por el mundo de la inmigración, pero la inmigración que se canalice por el conducto reglamentario. En España aprobamos una Ley de Extranjería, se llevó a cabo un proceso de regularización. Eso es razonable, pero no puede ser que la llegada se produzca por medios irregulares y, además, que desborde la capacidad de absorción que pueda tener una sociedad, porque podría producir un desequilibrio en esa sociedad. Un país que se precie debe tener el control de sus fronteras. Es verdad que es un problema mundial cuando hay una fractura económica entre dos países fronterizos, y ahí está el caso de México y EEUU. Pero creo que la decisión del Congreso y el Senado estadounidenses, apoyando la decisión del Gobierno, es la razonable: legalizar 12 millones de inmigrantes irregulares que tienen en estos momentos –similar a lo que se hizo en España-, pero, paralelamente hay que controlar las fronteras. Si no, el efecto llamada será espectacular.
— Al margen de esta cuestión, las relaciones entre Coalición Canaria y el Gobierno son bastante buenas.
— Han sido razonablemente buenas. En los grandes temas de Estado CC se ha comprometido con el Gobierno. Todo aquello relacionado con la extensión de derechos a las personas parece interesante. Lo que esperamos es que, con la misma claridad con la que nosotros nos comprometemos con los temas de Estado, el Estado se comprometa con aquellas particularidades que tiene Canarias. Este Gobierno funciona bien desde el punto de vista del diálogo, de eso que se llama ahora el "talante, pero, a diferencia del Gobierno anterior, aquí hay más talante, más diálogo, más disposición, pero menos concreción en las cosas. Este Gobierno necesita ser más eficaz y que la buena disposición quede reflejada en la acción de Gobierno. Voluntad existe, pero algo falla. Hay una sola pieza que intenta que todo eso funcione, que es la vicepresidenta, pero está siendo el cajón de sastre de todos los problemas, y eso llega a hacer ineficaz la gestión.
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