A
Hemeroteca
Esta semana
Lista Arena de Reloj y Carta desde Estrasburgo
Nº 698 - 5 de junio de 2006

La 'casa Europa'


Hace dos semanas tenía el honor de intervenir en Aquisgrán en la cena previa a la entrega del Premio Carlomagno 2006 a Jean-Claude Juncker, primer ministro luxemburgués.

Durante la entrega del Premio Carlomagno, Aquisgrán se convierte por un día en la capital de la Europa carolingia, como lo era hace 1200 años cuando Carlomagno dominaba el continente.

Jean-Claude Juncker se merece sobradamente este premio. Desde hace más de veinte años trabaja al servicio de su país y de Europa. Hoy es el decano en las reuniones del Consejo Europeo. Le conocí en 1986 cuando, como secretario de Estado de Hacienda, le encontré presidiendo el Consejo de Presupuestos.

La Fundación Carlomagno me pidió que analizara el proceso de construcción de la casa Europa, en la que el primer ministro Juncker lleva trabajando desde principios de los 80.

Precisamente el economista Lester Thurow publicó, en 1992, un libro así titulado con estas palabras (la casa europea) en el que pronosticaba que Europa sería una de la potencias dominantes del s. XXI. No dijo si sería al principio o al final del siglo, de manera que todavía nos quedan 95 años para hacer realidad su profecía.

Posteriormente otra serie de autores como Mark Leonard (¿Por qué Europa liderará el s. XXI?), J. Rifkin (El sueño europeo), o Zaiki Laidi (La Norme sans la force), han seguido su estela, subrayando a la UE como el modelo emergente del s. XXI.

Pero como señaló en su discurso de aceptación el señor Juncker "los únicos que dudan de los logros de la UE son los europeos". Ciertamente, y no debemos sentir temor de afirmarlo, la casa Europa vive una crisistriple: de eficacia, de legitimidad y de dimensión.

La crisis aparece tras cosechar en los últimos años sus mayores éxitos: el Euro y la reunificación del continente.

Aunque algunos países, como Luxemburgo y Estonia, han proseguido el proceso de ratificación, todos nos preguntamos cómo volver a dar vida a la casa Europa y cómo devolver la confianza a los ciudadanos que la habitan.

Como señaló el primer ministro luxemburgués durante su discurso "sin Constitución, sin una UE con una dimensión social, seríamos una mera zona de libre comercio, desprovista de contenido político".

Es cierto que la casa Europa no fue concebida en un principio como una obra maestra perfecta, ni siquiera completa. No había un plano definitivo. Se trataba más bien de un boceto que debía consolidarse poco a poco con nuevas políticas y nuevos miembros.

Para algunos, esta evolución se fundaba en el objetivo superior de una unión política. Otros, por el contrario, se contentaban con un enfoque simplemente funcional.

Ha habido una serie de añadidos más o menos logrados. También se han hecho "bricolages" laboriosos, pilares desequilibrados, conectados por improbables pasarelas.

Finalmente, de todo ello ha resultado un edificio más o menos extraño, de acuerdo con la finalidad a la que estaba destinado, pero que sin duda es un edificio que necesita una reforma.

Esta complejidad no ha impedido grandes avances, como el mercado único, o el Euro, o la cohesión y la solidaridad con las regiones menos ricas.

Pero en la situación actual habráque volver a andar el camino iniciado en Niza: volver a los cimientos mismos de la casa Europa y responder a las cuestiones planteadas en Laeken.

Europa, ¿con qué fines? ¿por qué estamos juntos? ¿cuánta diversidad es compatible con una Unión eficaz?
Pero no bastará con hacerse preguntas cruzándose de brazos. También hay que avanzar, y demostrarlo con la acción, sin olvidar que las propuestas de mínimos no son suficientes. La parálisis no es una respuesta a la altura de los retos planteados.

Podemos justificar Europa por sus ventajas cotidianas, pero hay que hacer de nuevo de ella un proyecto político capaz de influir en el destino del mundo.

Con las sucesivas ampliaciones, contamos cada vez con más ciudadanos. Pero cada vez tenemos más europeos y menos Europa.

Todo esto se ha puesto de manifiesto en la negociación de las últimas Perspectivas Financieras. No es posible realizar un proyecto ambicioso con cada vez más países y cada vez más diferentes, si el único criterio es el saldo neto de cada cual y si el procedimiento de adopción de decisiones sigue siendo la unanimidad.

Como comenté en Aquisgrán, a veces creo que encontraríamos más solidaridad entre unos estudiantes ingleses, alemanes o polacos que comparten piso que entre nuestros dirigentes en el Consejo Europeo. Tal vez a éstos les haría falta un programa Erasmus específico.

Pero recordemos que en Europa el éxito lo hemos aprendido del fracaso, para seguir intentándolo, y que después de cada crisis ha salido una nueva oportunidad. No será distinto esta vez, pero para ello debemos ponernos de nuevo manos a la obra.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell