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| Nº 698 - 5 de junio de 2006 |
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El reto de la inmigración
por Juan Antonio Barrio La nueva oleada de cayucos tratando de llegar a Canarias ha desatado todas las demagogias de la derecha. Acebes expuso con su tradicional brocha gorda en sede parlamentaria su habitual teoría de la vinculación regularización-efecto llamada-delincuencia. Aparte de la no demostración de la teoría, Acebes tendría que explicar a qué efecto llamada respondería la presencia previa de 600.000 trabajadores a los que afecta la regularización (entre 2000 y 2004 entraron un millón de emigrantes sin papeles) y muchos de ellos trabajando en la economía sumergida mientras el Gobierno del PP hacia la vista gorda. Y que 2003 fue el año con más inmigrantes –20.000– llegando en pateras. Si se analiza el problema actual con una mínima objetividad, parece claro que hay un importante desplazamiento de la emigración ilegal. Los puntos de partida están cada vez más al Sur: Mauritania y también Senegal; los países de origen son cada vez mas subsaharianos. ¿Por qué? Pues en buena medida por el mayor control que se ejerce por el gobierno marroquí, por las medidas acordadas con éste y por la ayuda al desarrollo que está en marcha con este país. Pero, al mismo tiempo, esta respuesta nos da pautas de comportamiento para otros países. En este sentido, el Plan África aprobado por el Gobierno parece ir en la buena dirección. Hay que abrir embajadas en países de la zona implicada (como Mali, Sudán y Cabo Verde. Hay que aumentar más la ayuda a esos países del África Subsahariana (en 2006, 400 millones de euros, tres veces más que en 2003), extender aún más el canje de deuda pordesarrollo (más países y con más fondos) y fomentar la educación (desde 2003 España contribuye a la "Iniciativa Vía Rápida de Educación para Todos") y, sí, combatir la inmigración legal in situ, pero para ello quizás sería correcto fijar algunos cupos para estos países que permitan una inmigración legal. El problema con muchos de estos países es que la estructuración estatal es, en muchos casos, más teórica que real, y en esas condiciones resulta difícil negociar cupos, evitar que la gente se juegue la vida o pactar repatriaciones. Por eso es imprescindible la ayuda al desarrollo y la cooperación. Lo es en sí misma, para cualquier convicción simplemente humanitaria. Pero también porla necesidad acuciante de fortalecer al interlocutor: de fortalecer los mecanismos estatales en estos países. Recientemente se acordó la presencia en Canarias de funcionarios senegaleses para facilitar la repatriación de sus conciudadanos, pero probablemente hoy esto no es posible con muchos otros países. Otro importantísimo nivel es concienciar a la Unión Europea. En ese sentido, nos vendría muy bien que la Constitución Europea estuviera en vigor. En especial, el Artículo Ill, 266.3: "Si uno o varios Estados miembros se enfrentan a una situación de emergencia caracterizada por la afluencia repentina de nacionales de terceros países, el Consejo podrá adoptar, a propuesta de la Comisión, Reglamentos o Decisiones europeos que establezcan medidas provisionales en beneficio de los Estados miembros afectados. Se pronunciará previa consulta al Parlamento Europeo". No obstante, la reunión de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega con Duráo Barroso y el comisario Frattini parece haber dado algunos frutos: la puesta en marcha de un equipo de reacción rápida europeo para ofrecer ayuda a los inmigrantes y la mayor implicación de la Unión Europea en su conjunto. También sería muy positivo menos proteccionismo comercial (el caso del azúcar, por ejemplo). No olvidemos la realidad: un africano tiene una esperanza de vida de 46,3 años. De los treinta países más pobres del mundo, 27 están en el África Subsahariana. El 70% de los casos de sida en el mundo están en África. La conclusión es obvia: el auténtico efecto llamada tiene un nombre. Se llama desesperación. |
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