| Hemeroteca | Lista Temas de portada |
Con la Ley de Igualdad ZP consolida el feminismo Bendito tú eres... |
|
Algunos creían que era una estrategia de marketing. Sin embargo, el presidente del Gobierno, pasito a pasito, se ha convertido en un entusiasta defensor del papel que puede y debe jugar la mujer en la sociedad española. Comenzó formando un Gobierno paritario que incluía una vicepresidenta primera, se ha preocupado por el maltrato doméstico, intenta que las mujeres puedan elegir entre salir a trabajar o quedarse al cuidado de su familia, y pronto aprobará la Ley de Igualdad, una normativa que pretende pasar, de una vez por todas, de la teoría a los hechos. Pero no sólo eso. Zapatero, acostumbrado a estar rodeado de chicas en su esfera privada, ha conseguido que la impronta feminista se esté convirtiendo en una seña de identidad de sus políticas de Gobierno. Por Vera Castelló José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno se han creído, pero de verdad, que la mujer debe ocupar en todos los ámbitos de la sociedad el mismo lugar que el hombre. José Bono tuvo ocasión de comprobarlo cuando llegó un viernes a la reunión del Consejo de Ministros con uno de sus grandes proyectos legislativos bajo el brazo, la Ley de Soldados y Marineros, bajo el brazo y se encontró a las ministras levantadas en armas. Un Gobierno paritario no podía bautizar una ley refiriéndose “sólo” a los hombres a los que fecta. Así, el ex responsable de Defensa, una vez descartado renombrar la legislación como de “Soldados y soldadas y marineros y marineras”, tuvo que estrujarse las meninges en busca de denominaciones neutras. Al parecer, fue a otro histórico socialista, Joaquín Leguina, al que el ex ministro confió su problema quien le ayudó a resolverlo sugiriendole el nombre definitivo: Ley de Tropa y Marinería. Este es sólo un ejemplo de la seriedad con la que se está tomando Zapatero la no discriminación de la mujer en sus actividades de Gobierno, una filosofía que se ha propuesto extender a todos los ámbitos de la sociedad española. Y para eso nada mejor que dar ejemplo. Los que pensaron que aquello formaba parte de una estrategia de marketing durante la campaña electoral se llevaron una sorpresa cuando Zapatero presentó un Gobierno con 16 carteras: ocho para hombres y ocho para mujeres, la misma proporción que se han mantenido tras los recientes cambios afrontados después de que José Bono anunciara su salida del Ejecutivo. Sin embargo, el mensaje que quería dar el presidente fue más allá y decidió que una mujer ocupara la vicepresidencia primera del Gobierno. Desde que Adolfo Suárez apostó por Soledad Becerril como la primera ministra de la democracia, han sido pocas las mujeres que han llevado cartera ministerial y nunca había existido una presencia de féminas tan acusada en un Gobierno ni tampoco en ministerios de perfil tradicionalmente tan masculino como Fomento, y, desde luego, ningún otro presidente ofreció una vicepresidencia a una mujer. Ese fue realmente el gran golpe de efecto de Zapatero, máxime cuando pasados dos años se ha demostrado que Mª Teresa Fernández de la Vega no es, ni mucho menos, el "elemento decorativo" que los críticos del socialista quisieron ver en ese nombramiento. Tampoco el resto de ministras, sin renunciar, por supuesto, a su feminidad, han dejado duda de que ser mujer-cuota no está reñido con tener tanta o tan poca valía como cualquier otro ministro varón. Pero la cosa no se quedó ahí. A las pocas semanas de desembarcar en Moncloa, se comprobaba que la presencia de mujeres en altos cargos de la Administración u organismos públicos, aún siendo todavía pequeña, es mucho mayor que hace poco tiempo. Toda una declaración de intenciones que poco a poco va calando en otros ámbitos de la sociedad. Prueba de ese auge femenino es la cena que la vicepresidenta del Gobierno organizó en homenaje de Michelle Bachelet, presidenta de Chile, uno de los tres únicos países, junto a España y Suecia, que cuentan con un Gobierno paritario. Dejando a un lado las críticas que recibió por invitar sólo a damas, lo cierto es que a Fernández de la Vega no le costó excesivo esfuerzo encontrar a 200 mujeres que actualmente sobresalgan bien por ocupar un alto cargo en la esfera pública, jugar un papel importante en el ámbito político o sobresalir en el mundo de la cultura. En la empresa, la cosa está más difícil. Por el Palacio de El Pardo –donde se alojaba Bachelet– desfilaron ministras, secretarias de Estados, secretarias generales, la presidenta del Tribunal Constitucional, la de la comunidad de Madrid, magistradas del Supremo, diputadas, senadoras, presidentas de parlamentos autonómicos, sindicalistas, ejecutivas, empresarias, representantes de asociaciones de mujeres, vicerrectoras, catedráticas, científicas, escritoras, artistas, actrices, periodistas... Es decir, de todos los ámbitos, porque el objetivo último es que las mujeres se paseen con igual naturalidad que los hombres en cualquier escenario de la vida. Zapatero defendió el tono femenino de la cena, sin embargo hubo invitadas, sobre todo desde las filas del PP, que no estuvieron de acuerdo. Este partido ha expresado en más de una ocasión sus reticencias a potenciar la presencia femenina a base de cuotas o discriminación positiva. Más que cuestión de imagen. Sin dudar de la utilidad de muchas de las medidas tomadas, algunos se preguntan si parte de su entusiasmo por la causa feminista se debe a lo rentable que está siendo para su imagen. El presidente no pierde ocasión para demostrar que tiene en mente a las mujeres, la necesidad de igualarse con los hombres en muchos ámbitos pero también el derecho a respetar sus diferencias en otros. Recientemente concedió una entrevista a El diario El Mundo en el que quedó absolutamente clara esta filosofía. El periodista le preguntó la opinión de sus hijas por tener que vivir en La Moncloa, a lo que el socialista contestó: “Me ha sorprendido lo maduras que son (...) Al ser niñas han interiorizado las circunstancias mejor que si fueran niños”. “¡Hasta en eso es usted feminista!”, exclamó el entrevistador. “Por supuesto”, respondió Zapatero. Su interés por la equiparación social de la mujer viene de lejos. Ya en sus primeros años como líder de los socialistas aceptaba con gusto las invitaciones que le dirigía Micaela Navarro para asistir a los actos de la Secretaría de Igualdad. Allí tomó contacto con el verbo feminista hasta lograr dominarlo y poder utilizarlo en vísperas de la última campaña electoral. Dio prueba de ello en su intervención ante el Consejo de la Internacional Socialista de Mujeres. Ante un auditorio repleto de féminas de muchos países, el hoy presidente aseguró que, no siendo amigo de las guerras -en referencia a la de Iraq, todavía reciente-, sí había dos batallas en las que estaba dispuesto a comprometerse: la guerra contra el hambre y la guerra contra el machismo criminal. La primera promesa está todavía por desarrollar, sin embargo, la ley integral contra la violencia de género fue la primera gran normativa en salir adelante. De hecho, ya en la reunión del Consejo de Ministros que trataba esta ley se evidenció que el talante del nuevo presidente socialista pasaba por estar convencido y ser capaz de convencer a otros de lo irrenunciable de luchar para acabar con la discriminación de la mujer. Cuenta Inmaculada Sánchez en su libro Las zapatistas. El asalto al poder de las mujeres del PSOE que aquel día había cierta tensión en la sala de reuniones de los ministros en Moncloa. Tras días de debates en la sociedad, con el PP advirtiendo de la posible inconstitucionalidad de la ley Integral, no todos los ministros tenían claro que el nivel de discriminación positiva contenido en el proyecto fuera el correcto. Tras escuchar las distintas intervenciones de unos y otros, Zapatero tomó la palabra para lanzar una pregunta muy directa a los varones de su equipo: "Alguno de vosotros, cuando era pequeño, ¿ha sentido miedo real porque le pegara una chica?". Ninguno asintió. "Esa es la diferencia que esta ley va a intentar paliar". Ese día las ministras comprobaron que tenían un jefe que las comprendía y que estaba decidido a defender a las mujeres. La igualdad, sello de la casa. Desde que Joaquín Almunia tomó el relevo de Felipe González al frente del PSOE, la paridad es una norma a la hora de componer los principales órganos de decisión del partido. Sin embargo, la llegada de Zapatero al despacho principal de Ferraz supuso dar un paso más allá, ya que obligó a que las listas electorales socialistas siguieran el esquema de la cremallera: nada de que las mujeres a la cola y los hombres en la cabecera, todos alternados desde el primer puesto al último. El partido asumió con naturalidad la nueva norma al confeccionar las listas autonómicas y locales de 2003, sin embargo también se ha permitido alguna excepción bien justificada. Ocurrió a la hora de confeccionar la candidatura de Madrid para las generales de 2004, una lista tan disputada que hubo que transigir y permitir que la alternancia de sexos no fuera perfecta. Aún así, la decisión de imponer las listas cremallera ha tenido una repercusión clara en la política nacional. En la actual legislatura el Congreso de los Diputados bate récord de escaños ocupados por mujeres. Sus 125 diputadas electas representan un hasta entonces desconocido 35,7% de representación, básicamente impulsado por el grupo socialista, que incorporaba 74, lo que suponía un 45,1 de sus parlamentarios. Ahora, el objetivo de Zapatero es propiciar que también se oigan las voces de las mujeres que integran otras formaciones políticas imponiendo la paridad -no menos del 40% ni más del 60% de mujeres u hombres- en las listas electorales de cualquier partido. La medida está incluida en la Ley de Igualdad que el Consejo de Ministros aprobará en breve, una vez escuchados distintos órganos consultivos que han propiciado que finalmente el Gobierno rebaje algunas de sus pretensiones. Concretamente los puntos que abogaban por una discriminación positiva dentro de los órganos de decisión en las empresas -la representación de mujeres en los consejos de administración de las empresas del IBEX es mínima-, muy contestada desde la CEOE y cuestionada su viabilidad desde las Cámaras de Comercio. Aún así la normativa promete ser toda una revolución de cara a propiciar la igualdad en todos los ámbitos de nuestra sociedad. El feminismo de este presidente ha sorprendido incluso en las propias filas socialistas. Felipe González no despuntó especialmente por su apoyo a las mujeres. No hay que olvidar la distancia generacional que existe ente Zapatero y González. El sevillano no incluyó mujeres ministras hasta su cuarto Gobierno y nunca en número muy destacado. Y eso pese a tener a su lado a Carmen Romero, mucho más activa en este tipo de causas que Sonsoles Espinosa, a la que no se le conoce compromiso alguno equiparable al que desde hace años han desplegado otras primeras damas del PSOE como la mencionada Romero, Milagros Candela -esposa de Joaquín Almunia- o Cristina Narbona -pareja del efímero candidato Josep Borrell-. A Zapatero su feminismo le ha nacido de manera más sutil. Explicaba en un reportaje publicado por un dominical que esta posición se la debía a su madre, quien nunca pudo cumplir su sueño de convertirse en médico porque en aquella época las mujeres no podían estudiar, debían entregarse a las labores familiares y del hogar, "creo que esa frustración de mi madre ha sido la de todas las mujeres en cualquier época histórica que estudiemos", afirmaba el presidente. El socialista no está dispuesto a que sus hijas sientan ese tipo de frustración cuando crezcan. El presidente tampoco está dispuesto a renunciar a su sensibilidad. Cuenta Inmaculada Sánchez en Las Zapatistas, cómo en 1993, un joven José Luis Rodríguez Zapatero comentaba con una compañera de escaño su reciente paternidad. El hoy presidente del Gobierno le expresaba sin ningún tipo de pudor lo encantado que estaba con la llegada de su primer retoño. "Es que me paso las horas con ella, me gusta cambiarla los pañales, bañarla…", reconocía. Seguramente, este tipo de comentarios no habrían sido posibles con ningún otro de los dirigentes de la generación anterior. Parece que si el talante fue la característica que le acompañó en sus dos primeros años de gobierno ahora, sin abandonarlo, su feminismo igualmente le describe, unos atributos que han cruzado nuestras fronteras y llegado a oídos de otros dirigentes políticos. Todos los diarios resaltaron el buen entendimiento que reinó entre Zapatero y Angela Merkel cuando ambos mandatarios se reunieron en Berlín, el pasado mes de abril, para tratar los temas de actualidad. Al parecer, la líder democristiana se interesó por la política de igualdad y de derechos civiles desplegada por Zapatero. Fue ahí cuando el presidente español, envalentonado, quizás, le preguntó a la canciller alemana: “Y usted, ¿cuantos hombres tiene en su Gabinete?”. Merkel sólo pudo contestar con una carcajada. La vicepresidenta, un icono No se ha quedado en un simple golpe de efecto. Cuando Zapatero eligió a Mª Teresa Fernández de la Vega para ocupar la vicepresidencia primera del Gobierno lo hizo a sabiendas de que se trataba de un persona muy competente, con muchas tablas políticas -fue secretaria de Estado de Justicia con Juan Alberto Belloch-, una envidiable carrera profesional en la judicatura y un demostrado compromiso tanto con la ideología socialista -pese a no tener carnet del PSOE- como con la lucha feminista. Y no le ha fallado. Fernández de la Vega está jugando su papel a la perfección. Aúna seriedad y rigurosidad en su labor de mano derecha del presidente, echándose sobre sus hombros buena parte de las cuestiones políticas más delicadas que le ha tocado vivir a este Ejecutivo, sin que eso signifique que haya renunciado a poner un toque femenino a muchas de sus decisiones. Pese a las críticas recibidas, no echó marcha atrás en la organización de un homenaje de mujeres a una de las féminas más interesantes de la política internacional, la presidenta de Chile. Otras críticas le han dolido mucho más, sobre todo, las que surgen desde las bancadas populares precisamente por ser mujer. Hace un par de meses, sus compañeras del Grupo Socialista abandonaron el hemiciclo cuando Eduardo Zaplana espetó a Fernández de la Vega “cuánto ganaría la Cámara si usted, que es tan aficionada a disfrazarse de vez en cuando, un día, aunque sólo fuera un día, se vistiera de vicepresidenta de Gobierno y cumpliera con su obligación". El portavoz parlamentario de los populares se refería al viaje que un grupo de españolas, encabezadas por ella, había realizado a Kenia y a Mozambique con el objetivo de reforzar las relaciones de cooperación y respaldar los avances protagonizados por las mujeres en el continente africano. Durante esta visita al continente africano, que tenía carácter oficial, Fernández de la Vega y otras compañeras de viaje, no dudaron en ataviarse con las ropas típicas. No era la primera vez que las socialistas se quejaban de una actitud claramente machista de un miembro del PP. Sin embargo, no se puede afirmar que esa actitud sea exclusiva de los populares. También Esperanza Aguirre protestó hace un año después de que el entonces ministro de Defensa, José Bono, dijera que la presidenta autonómica es “de las que besa a mediodía y muerde por la noche”. |
| ZP, ¿la 'primera presidenta' española? por Enric Sopena |