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Nº 697
29/5/2006

ZP, ¿la 'primera presidenta' española?

Michelle Bachelet, tras derrotar en la segunda vuelta al candidato conservador, Sebastián Piñera, se dirigió a sus simpatizantes y les dijo: "Quién lo hubiera pensado, amigos y amigas? ¿Quién hubiera pensado hace 20, diez o cinco años atrás que Chile elegiría como presidenta a una mujer? Es posible porque los ciudadanos lo quisieron. Gracias, Chile, gracias por el voto de millones de ustedes". Bachelet consiguió 3.712.587 votos, el 53,49 por ciento de los sufragios.

Bachelet encarna el signo de los tiempos. Como Angela Merkel en Alemania. Como puede suceder en las presidenciales francesas si finalmente triunfa Ségoléne Royal, la zapatera, como algunos la denominan. En EE UU no es descartable que compitan dos mujeres por la sucesión de Bush: Condoleezza Rice, por los republicanos, y HiIlary Clinton, por los demócratas.

Hace años, Golda Meier y Margaret Thatcher fueron las primeras mujeres jefas de Gobierno en Israel y en Gran Bretaña, respectivamente. Otras ha habido en el mundo. Sin embargo, todavía las mujeres constituyen la excepción a la regla. Lo normal es que sean los hombres quienes corten el bacalao. Todavía no es frecuente que una mujer acceda a las máximas responsabilidades en la política o en otros ámbitos del poder económico, social, mediático o religioso. Desde luego, en este último apartado convienen recordar que la doctrina católica impide que la mujer pueda ingresar en el sacerdocio.

Pero, como queda apuntado, el signo de los tiempos sopla en dirección femenina. La igualdad está aún lejana y a veces el objetivo hasta se pierde en el horizonte. En términos relativos, no obstante, los avances de la mujer en estos años últimos han sido gigantescos. En España ahora mismo el Gobierno Zapatero cuenta –gracias a la paridad– con el mayor número de ministras de la historia. Y es cierto, por lo demás, que nunca había habido una mujer desempeñando las funciones de vicepresidenta primera (ni segunda) como es el caso de María Teresa Fernández de la Vega.

Fernández de la Vega es feminista. Siempre que puede acentúa la presencia femenina de un modo fácilmente perceptible. La cena en el Palacio del Pardo –residencia oficial de mandatarios extranjeros–, precisamente con la presidenta chilena y con exclusiva asistencia de mujeres, fue otra de sus iniciativas. Generó cierta polémica, suscitada desde el PP y desde tribunas mediáticas conservadoras. En esa ocasión estuvo hábil Esperanza Aguirre, que aceptó la invitación y, aun sin excesivos entusiasmos, afirmó que le parecía bien hablando, dijo, desde su condición de mujer.

La política del PSOE en los dos años largos de Gobierno ha sido, en este capítulo, potenciar al máximo la igualdad de las mujeres en relación con los hombres. La resolución de un contencioso histórico como el referido no se consigue sólo con leyes, aunque convenga reforzar el proceso con una legislación adecuada. Tienen que ir cambiando en tal sentido la mentalidad hegemónica, los usos y costumbres y hasta el paisaje.

Los actos simbólicos –como la citada cena con Bachelet–, la discriminación positiva o la llamada cuota son motores que contribuyen a que la dinámica avance y circule en la buena dirección. Que sean cada vez más mujeres las que lleguen a presidentas es otro instrumento útil. Puede, sin duda, haber aspectos parciales dudosos o negativos en este tipo de políticas. Clinton fue para muchos negros el primer presidente negro, aun siendo blanco, de los EE UU. ZP puede ser la primera primera presidenta española, aun siendo hombre. No es cuestión de atributos genitales, sino de sensibilidad.

Enric Sopena

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