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Salvar Dafur Más vale tarde que nunca, al fin parecen movilizarse los esfuerzos para la actuación en Darfur, y no sólo en Darfur, en la crisis de Sudán y de Chad. Una crisis internacional muy delicada se ha unido en Darfur a una crisis humanitaria que no es menos dolorosa, a la que se ha tardado en responder; como a la de los judíos, los armenios, los camboyanos, los ruandeses y los bosnios, aliviada la mala conciencia a río pasado porque, se argumenta, los cosas ocurrieron con mucha rapidez, o porque no se sabía lo que estaba ocurriendo. En Darfur tenemos al menos una documentación precisa, sobrecogedora y abundante: los libros de Samantha Power, Gerard Prunier, Julie Flint y Alex de Wall, así como una larga discusión escolástica y llena de casuismo para dilucidar el sexo de los ángeles. Es decir, para reconocer si estamos o no ante un caso de genocidio, si se ha llegado o no al listón que lo califica como tal, etc., trabajo de tanto jurista pedante e insensible que influye en las decisiones, sin tener mucho en cuenta que la factura humanitaria de Darfur suma ya más de 200.000 muertos y dos millones de desplazados. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acaba de adoptar una resolución, de forma unánime, por la que se reclama la observancia estricta de un nuevo acuerdo de paz y la intensificación de las gestiones para que una fuerza de las Naciones Unidas sustituya o refuerce el contingente de 7.000 soldados de la Misión de la Unión Africana en Sudán (AMIS). Se trata en definitiva de Ilevar más soldados, con más movilidad y medios, dotados también de un mandato claro para la protección de la población. Muy probablemente se unan a la expedición tropas de la Alianza Atlántica, porque, repito, la crisis de Darfur se conecta íntimamente con la que padece Chad, en guerra civil y el presidente Deby tambaleándose pese al apoyo de Francia. A ambos lados de la frontera se combate de manera muy intensa y los riesgos de una catástrofe humanitaria y desestabilización regional aumentan cada día. Especialmente en el oeste de Darfur, a lo largo de la frontera con Chad, donde puede ser inminente una invasión de rebeldes de Chad, y al sur de Darfur, en el corredor Tawila-Gralda. Quizás la intervención internacional con soldados armados sirva esta vez para no inutilizarlos a base de limitar y pormenorizar al máximo su protocolo de actuación. Incluso en misiones humanitarias a un soldado no se le puede desarmar; de hecho, no se le puede negar el derecho a utilizar sus armas si es atacado, su deber de defender si es preciso con las armas a la población civil en peligro. Confundir a un soldado con una ONG, cohibirle y someterle a estrecha vigilancia, por desgracia abundan los casos, anula su capacidad profesional y, lo que es más grave, provoca la indefensión de civiles amenazados. Por otra parte, los relatos que venimos conociendo sobre las operaciones de las milicias árabes, las llamadas Janjaweed, contra las tribus no árabes aunque sí musulmanas de Fur, Masalit, Zaghawa y otras, ilustran los sufrimientos infligidos con la cobertura gubern; mental para aterrorizar a la pobla ción de la manera más efectiva, sea, asegurando el silencio median la violencia sexual desatada conti las mujeres. En Darfur al hombre se le mata, la mujer se la viola. Las violaciones masivas y sistemáticas en Darfur ha constituido el medio más contundente para atemorizar y victimizar a las mujeres, por supuesto, pero también a sus familias y tribus, para quebrarles la voluntad y obligarlas a huir. Hasta ahora han suscitado poca atención internacional porque las mujeres violadas tenían de masiada vergüenza para denunciarlas. En más de un caso, a la que se ha denunciado por haber quedado embarazada, se le ha acusado de esconder un adulterio. Más vale no dar detalles sobre lo que le ocurre a la mujer violada cuyos padres le habian cosido la vagina para preservar su virginidad –eso se llama infibulación, todavía peor y más bárbara, costumbre ancestral que la de la ablación del clítoris–, o sobre la negativa gubernamental a repartir dosis de PEP (Post Exposure Prophylaxis) para evitar que la mujer violada cargue además con el sida que eventualmente acompaña el semen recibido. Perdón, porque he acabado dando detalles de esa identificación que tanto conmovía a Schiller entre el horror y la mujer, al superponerse lo atroz a lo sublime. Si la situación de Darfur-Chad se agrava, lo que no es excluible, sobre todo por el lado de Chad, en ciertas predicciones se apunta a la posibilidad de que 100.000 personas mueran al día. Imposible calcular las cifras de violaciones correspondientes. Ignacio Rupérez |
