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María del Mar Moreno, presidenta del Parlamento
de Andalucía
"EL FEMINISMO
DE ZAPATERO ES ALGO
MUY NATURAL EN ÉL"
Es de las pocas socialistas que ha desarrollado la mayor parte de su carrera
política dentro del aparato del partido, desde su agrupación de La Carolina hasta la
Vicesecretaría General del PSOE andaluz, adonde la aupó Chaves cuando aún no
había cumplido los cuarenta. Miembro del núcleo de confianza del presidente de la
Junta, ocupa plaza en la Ejecutiva Federal desde 2004, año en el que se convirtió
en la primera presidenta del Parlamento andaluz. Ferviente defensora de los
derechos de la mujer, esta abogada de la misma generación de Zapatero es uno de
los nombres femeninos con más proyección dentro del actual PSOE
Por Inmaculada Sánchez
Conviene ser mujer para triunfar ahora en política?
—Más bien empieza a no ser una
hipoteca ser mujer para triunfar en política. Hasta ahora ha sido casi imposible y comienza a no ser un lastre. Pero de ahí a que sea una ventaja... todavía no.
—¿Cuándo cree que han podido empezar a cambiar las cosas?
—Si he de referirme a la contemporaneidad hay un momento clave: cuando se aprobaron las cuotas por parte de los partidos progresistas y, en concreto, cuando el PSOE aprobó el 25 por ciento. Fue muy polémico en su momento pero actuó como un "efecto llamada" de mujeres para todos los partidos, incluso en los que renegaban de la cuota. Es a partir de entonces cuando se dispara la presencia femenina en los parlamentos. Esto fue un antes y un después. A partir de ahí ya hemos sido más masa crítica, hemos reivindicado más, hemos tenido más fortaleza interna y hemos pasado de la cuota a la democracia paritaria en diez años.
—¿Qué significado le atribuiría a Zapatero en esta historia?
—Las convicciones feministas que tieneZapatero creo que son algo muy natural en él. Está teniendo la habilidad y la inteligencia de promover la igualdad no sólo como una cuestión de justicia sino que, además, está sacando rentabilidad al talento de las mujeres que le rodean. El ha hecho apuestas muy importantes, como el gobierno paritario, como una vicepresidencia primera ocupada por una mujer... Esto son ejemplos clarísimos para el conjunto de la sociedad y, además, de alta rentabilidad para el gobierno porque la solvencia y la capacidad de las mujeres que rodean al presidente es incuestionable.
—Sin embargo, a José Luis Rodríguez Zapatero no se le conocía, durante su etapa como diputado, perfil alguno como defensor de las mujeres. ¿Hasta qué punto ha podido utilizar el presidente al feminismo para crearse una determinada imagen?
—A una persona no se le conoce qué decide hasta que tiene ocasión de decidir. Por eso no creo que haya contradicción alguna en la trayectoria del presidente del gobierno y creo que él tuvo todo meridianamente claro desde que fue secretario general del PSOE. El discurso de igualdad y de género no lo ha abandonado ni un sólo minuto. A estas alturas del siglo XXI hacer una utilización interesada de un tema como éste creo que se notaría enseguida.. El concepto de la igualdad está ya muy asentado en la vanguardia social y Zapatero está siendo un presidente plenamente contemporáneo.
— Usted conoce tanto a Zapatero como a Chaves, que también tiene gobierno paritario ¿Quién cree que es más feminista?
— Ni siquiera sé si ellos estarían dispuestos a denominarse feministas porque sabe que esta palabra todavía arrastra algunos prejuicios. Pero, desde luego, Manuel Chaves ha predicado con el ejemplo siempre en Andalucía. El primer gobierno paritario de España fue el suyo. Y el trabajo que se ha hecho en Andalucía en clave de igualdad ha sido notorio. Me atrevería a decir que, en el caso del presidente del Gobierno, sus convicciones son algo absolutamente natural, mientras que en el del presidente de la Junta considero muy meritorio que se haya anticipado, porque pertenece a otra generación que no ha sido tan educada en la igualdad.
— Usted acudió a la reciente y polémica cena convocada por la vicepresidenta del Gobierno para saludar a la presidenta de Chile cuyas invitadas eran exclusivamente mujeres. ¿Qué opinión le merece?
— Si estuviéramos ya en una sociedad idílica en la que las mujeres todavía no fuéramos noticia cuando nos colocamos al frente de una responsabilidad, podría entender las críticas, porque sería una cena sectaria o sexista. Pero estamos en un momento en el que todavía hay que mandar señales, donde todavía hay que hacer visible el talento y el poder que tienen las mujeres. Todavía hoy tiene sentido una reunión que visibilice el poder de las mujeres porque creo que tiene un efecto sobre la sociedad, que toma nota. La cena sólo se podría censurar en una sociedad idílica, con la igualdad como regla.
— Después de vista la polémica, sin embargo, ¿Cree que sigue mereciendo la pena realizar estas reuniones con mensaje a la sociedad? ¿No se pueden generar efectos contrarios a los perseguidos?
— No. Lo que pienso es que llama la atención la intransigencia con la que se cuestionan estas cosas sin tener en cuenta que somos un género muy castigado, que todavía tenemos una sensibilidad de subordinación muy a flor de piel. Francamente, creo que había que ser mucho más tolerante con este tipo de gestos, porque son gestos que a nosotras nos hacen sentirnos orgullosas del poder que hemos conquistado. Es más ejemplar lanzar mensajes a la sociedad en el sentido de que "estamos", "hemos llegado", "lo estamos consiguiendo"que lo contrario. Si quienes critican esta cena estuvieran todos los días denunciando los encuentros de este tipo en los que predominan los trajes oscuros y las corbatas, tanto en lo económico, como en lo político, en lo académico o en lo institucional, entonces entendería que habríamos alcanzado la velocidad de crucero. Pero como no estamos ahí, hay que empujar y merece la pena incluso la polémica.
— ¿Entonces, le gustó la invitación?
—Naturalmente. Es un orgullo pertenecer a esta generación en la que se puede producir una cena de doscientas mujeres con poder. Esto es casi de las primeras veces que ocurre en este país.
—¿Por qué cree que el PP está en contra de las cuotas femeninas?
— Quiero pensar que el reconocimiento de que las mujeres tenemos el derecho a participar en la toma de decisiones es algo ya tan políticamente correcto que está asumido por el conjunto de los partidos. En cuanto a las herramientas para conseguirlo es donde hay discusiones. El PSOE y este Gobierno está apostando por mecanismos que aceleren el tiempo de los cambios. Sin ellos, seguramente los cambios se producirán igual pero a más largo plazo. Acelerar los plazos es hacer justicia antes. Y para eso sirven las cuotas. La ley se ha utilizado sistemáticamente a lo largo de la historia para discriminar a las mujeres, por lo tanto, la ley es una herramienta perfectamente válida y ética para apostar por su igualdad. Se ha legislado contra las mujeres desde la ley sálica hasta la que nos impedía trabajar o la que nos consideraba menores o incapacitadas y necesitábamos la firma de hombres en el banco...Se ha legislado contra nosotras y ¿en este tránsito no se puede legislar a nuestro favor...?
— La futura Ley de Igualdad obligará, incluso a los partidos que no están de acuerdo con las cuotas, a introducir en sus listas electorales la mitad de mujeres. ¿Vamos a tener mejores representantes públicos después de que se aplique?
— La calidad de los representantes no se va a medir por esta ley. No sé dónde existe un instituto que mida la calidad previa o futura de los candidatos. Hasta ahora no he visto ningún informe al respecto.
— ¿Habrá suficientes mujeres preparadas para cubrir todas las obligaciones contenidas en el ley?
— Somos el 51 por ciento de la población! Hay mujeres bien formadas, espléndidas, con capacidad de liderazgo... a la misma altura que los hombres.
— Los empresarios, sin embargo, están siendo los más reacios a aplicar las normas que, respecto a las empresas, contiene la Ley de Igualdad. ¿Va a suponer esto un nuevo conflicto para el Gobierno?
— La ley ya ha sido suavizada, precisamente por influencia de las organizaciones empresariales y su aplicación va a ser más suave en los órganos de dirección de las empresas. Creo que ha habido un gran respeto a la posición de los empresarios y la ley tendrá que cumplirse.
—El proyecto de reforma del Estatuto de Andalucía ya está en el Congreso de los Diputados. ¿Espera muchas rebajas al texto aprobado en su Parlamento?
Espero la rebaja estrictamente necesaria que, en su soberanía, decida el Congreso de los Diputados. Andalucía acude a Madrid con la máxima ambición autonomista y el máximo talante negociador.
— Será este Estatuto de todos los andaluces sin llevar el voto del Partido Popular?
— Un Estatuto es una norma tremendamente garantista: requiere una mayoría cualificada en el parlamento de origen, la supervisión del Congreso de los Diputados y, además, la supervisión de los andaluces y andaluzas mediante referéndum. Por tanto, como los que tienen la última palabra son los ciudadanos, cuando ellos, en su caso, aprueben el Estatuto, entonces será un Estatuto para todos.
— Usted es mujer, de la misma generación de Zapatero, con larga trayectoria en el PSOE andaluz...¿Es también candidata a suceder a Manuel Chaves?
—En modo alguno. No conozco que ese debate esté abierto. Tenemos un presidente en plena forma, muy valorado y querido por los andaluces.
Qué cambiaría en España, o en Andalucía, si en su presidencia de gobierno se sentara una mujer?
—Yo soy reacia a admitir que las mujeres llegamos a la política con soluciones espectaculares. Dicho esto, en general, las mujeres, que somos diferentes a los hombres, no desiguales, aportamos parte de nuestras características: manejamos mejor la inteligencia emocional, la comunicación con la ciudadanía, tendemos menos a la prepotencia, somos más humildes porque hemos sido educadas más para servir que para mandar... Estas cualidades no son exclusivas de la mujer, pero como género, estamos más ahormadas a ellas que, creo, son bien valoradas por la ciudadanía.
Ser presidenta del Parlamento andaluz era como lo imaginaba?
Es un cargo muy singular. No hay otro que induzca más a la moderación, a escuchar, a salvaguardar las reglas del juego. Es una gran escuela de democracia. Después de ser árbitro tengo la esperanza de pasar a ser una jugadora muy limpia.
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