Nº 696 - 22 de mayo de 2006

 

El cuento de la buena pipa

"Todo esto sólo podía conducir a lo que los teóricos de los movimientos sociales llaman privación relativa: hay ahora muchos más catalanes que antes convencidos de que se les ha privado de algo sustancial".
Santos Julia (febrero de 2006)

por Joaquín Leguina

S i en este momento se les pudiera preguntar a los padres del Estatuto catalán si desearían volver a empezar, y respondieran con sinceridad, todos darían marcha atrás. El Nuevo Estatuto de Cataluña (NEC), al revés que Saturno, se ha merendado a todos sus padres y sólo ha dejado vivito y coleando a quien hizo todo lo posible para que el texto no saliera adelante (Artur Mas). El disparate del proceso seguido lo describió (el 12 de febrero de 2006) mejor que nadie alguien poco sospechoso: Durán Lleida: "El Estatuto que se aprobó en el Parlament es fruto del puro tacticismo. Maragall quiso presentarse más nacionalista que CiU y CiU más nacionalista que Esquerra". El resultado fue un texto que no cabía en la Constitución por lado alguno.

Es evidente que el texto salido de las Cortes Españolas y que ahora será sometido a referéndum, probablemente en junio, no es el mismo que fue aprobado en Cataluña (los cambios han afectado a casi centenar y medio de artículos), habiéndose enmendado a la baja núcleos sustanciales del proyecto. Pero la distancia entre el proyecto y la Constitución era tan grande que "aquella distancia iba a dejar muy escorado hacia el confederalismo y el debilitamiento de la cohesión territorial el punto posible del consenso... lo que ha convertido, objetivamente, la gresca estatutaria en una costosísima guerra de desgaste del sistema" (profesor Roberto L. Blanco Valdés, mayo de 2006).

Durante estos agitados meses hetenido, entre otras desagradables sensaciones, la de que los actores políticos estaban tratando a los estatutos de autonomía como si éstos fueran, simplemente, unas leyes orgánicas más y no es así, pues los estatutos tienen un grado de irreversibilidad que debiera preocupar a quienes, tan alegremente, los promueven.

¿Por qué se inicia este proceso? Lo ha dicho Durán Lleida: por tacticismo. Pero lo que ignoran los tácticos es que sus movimientos, sus regates cortos, acaban por conformar una estrategia, a menudo, en contra de sus voluntades. Por otro lado, los argumentos esgrimidos han sido confusos y, con frecuencia, mentirosos. Confusos porque nadie ha parecido interesarse en interpretar con algún rigor el "sésamo, ábrete" de esta caja de Pandora, me refiero a la frase la España plural, que en manos de los nacionalistas y de sus parientes catalanistas se interpreta como que España no existe en tanto que conjunto y lo único relevante son sus partes (naciones, nacionalidades originarias, realidades nacionales, regiones...). En fin, una confusión interesada, manipuladora y peligrosa.

Pero también han abundado los argumentos mentirosos. Por ejemplo éste, tan repetido: "Nuestro Estatuto cumplirá pronto sus 25 años y parece razonable pensar que algunas cosas deberán adaptarse a los nuevos tiempos" (copio esta declaración de un cargo institucional autonómico y socialista). Pues bien, eso es mentira: los cambios introducidos paulatina, pero constantemente, en todoslos estatutos, empezando por las competencias y terminando por el sistema de financiación, han sido tales y de tal envergadura que "al inicio de este segundo proceso descentralizador muchas fueron las voces autorizadas que pusieron de manifiesto que el camino descentralizador que cabía recorrer aún, sin afectar al marco general previsto en la Constitución, era ya muy reducido" (Roberto L. Blanco Valdés).

Los impulsos políticos que animan este proceso provienen de dos élites políticas: a) los nacionalistas (con el hecho diferencial como ariete) y b) los nuevos aparatos políticos regionales, nacidos al socaire de las instituciones autonómicas, siempre dispuestos a servirse otra ronda de "café para todos". Frase que se debe, precisamente, al doctor Cavero, el mismo profesor andaluz que ahora se ha sacado de la manga lo de "realidad nacional" para definir Andalucía. "Realidad nacional –ha escrito el profesor Francisco J. Laportaes una expresión que trata de fundir dos conceptos incompatibles... Lo mismo que lo sería la afirmación de que hay una nacionalidad real, como algo diferenciado de la mera ciudadanía jurídica".

Diferencia y emulación (emulación política, pero también identitaria, las que ejercen las nuevas clases políticas de raíz e implantación regional), son las dos caras de ese Jano en que se ha convertido el nuevo proceso autonómico cuyo final puede acabar como el cuento de la buena pipa, es decir, un relato sin final y sin sentido.


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