Nº 696 - 22 de mayo de 2006
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La coeducación ¿en peligro?

por Juan Antonio Barrio

Hace pocos días escuché un debate en la Cadena SER donde una señora, cuyo nombre lamento no recordar, hizo un auténtico panegírico de las virtudes de la educación separada de niños y niñas. La verdad es que no me pareció que la persona que defendía la posición favorable a la coeducación respondiera con suficiente firmeza. El tema me parece muy importante, como muestra de la osadía de las posiciones neoconservadoras.

En mi opinión, muchas de estas posiciones y las importantes instituciones que hay detrás, por ejemplo y muy especialmente la iglesia católica, han pensado que la mejor defensa es un buen ataque. Pues bien, no hay que rehuir ningún terreno de juego ideológico por donde se cuele de rondón poner en cuestión algunas ideas, como la coeducación, que ya considerábamos adquiridas. Veamos. Los argumentos de la señora antes aludida pueden resumirse como sigue: según los últimos descubrimientos de la "neurociencia" (sic), a edades tempranas las niñas son más listas que los niños... Luego ponerlos en la misma clase sólo consigue retardar a las niñas y frustrar y enfurecer a los niños. Éstos, por lo tanto, suelen reaccionar violentamente... con lo que ya tenemos el caldo de cultivo para la violencia de género.

Como se ve, todo muy científico. Pero no es cosa de tomarlo a broma, porque al final ciertos argumentos calan más si van disfrazados que si van vestidos de lo que son. Manifestaciones de prejuicios propios de convicciones morales absolutamente rancias. Para empezar no hay ningún especialista, o casi, que deduzca de la variabilidad natural conclusiones sexistas y desde luego no se puede decir que eso sea otra cosa que pseudociencia o quizás la misma ciencia que dice que el preservativo no es seguro frente al sida (lo es mucho más la castidad, ¡claro!) o que el creacionismo y la teoría evolutiva son dos teorías que pueden enseñarse al mismo nivel.

Y es que, en el fondo, no se trata sino de la vuelta de una vieja idea (colegios de curas y de monjas); educaciones distintas para papeles distintos en la vida de hombres y mujeres: estas últimas destinadas a ser fieles esposas y madres. Pero, eso sí, todo disfrazado de modernidad: la fiel fémina en cuestión también puede ser arquitecto o piloto, ¡como es tan lista!

Pero el asunto va más allá. Ellos, los segregacionistas –vamos a llamarlos por su nombre, más propio que educación diferenciada o separada– no se oponen a la coeducación, sólo quieren "libertad", es decir, "que los padres elijan" una u otra cosa y, eso sí, igualmente financiada por fondos públicos. Pues mire usted, no. Para empezar, cuando pudieron, claro que se opusieron a la coeducación, incluso como opinión. Pero en fin, aquellos eran otros tiempos. Así que, ahora, libertad. De acuerdo, pero no con fondos públicos. ¿Que eso no es constitucional? Pues no deja de ser una idea para la próxima reforma. ¿Que ya hay colegios concertados segregacionistas? Pues, muy mal hecho, pero desde luego, donde se pueda, ni uno más. ¿Que irán a los tribunales? Pues allí nos veremos.

En la vida, en el trabajo, en las relaciones humanas hay hombres y mujeres compartiendo. En la educación, también.

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