Nº 696 - 22 de mayo de 2006
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La Copa de Europa

por Miguel Ángel Aguilar

Enhorabuena al Barca por la Copa de Europa que ha ganado contra el Arsenal en el estadio de Saint Denis en París. Es un triunfo deportivo ganado en buena lid para alegría de sus muchos seguidores en Cataluña y en toda España, donde los culés han proliferado al mismo ritmo que sus éxitos futbolísticos. Desde mi despacho en el centro de Madrid oí cantar los goles de la victoria con mayor entusiasmo si cabe que cuando los triunfos eran del Real Madrid cuando cada año traía a casa ese trofeo con la naturalidad del deber cumplido.

Vino luego la época de Florentino y el Real se convirtió en un proyecto empresarial de gran éxito mientras el proyecto futbolístico se iba hundiendo. El marketing y el merchandising multiplicaron los ingresos, se superaron los números rojos con alguna ayuda adicional a base de re-calificaciones de los terrenos de uso dotacional de la Ciudad Deportiva, convertida en asiento de cuatro torres destinadas a crear un perverso cuello de botella circulatorio en la salida norte de Madrid. La venta de camisetas se multiplicó exponencialmente. Cundieron los contratos publicitarios de las estrellas del equipo pero los goles dejaron de subir al marcador. Todo se anteponía a los trabajos futbolísticos. Los entrenamientos eran postergados en aras de otros compromisos colaterales, los entrenadores perdían autoridad y eran relevados semestralmente y así se ha llegado a una situación agónica que se ha tragado al propio inventor del modelo, empeñado en mover los hilos desde la sombra para las elecciones en puertas.

Alegría, pues, por el triunfo del Barca al que en pleno momento de exaltación de la memoria histórica se le debe una reparación por el expolio de algunos de sus trofeos. En efecto, cuenta Francisco Cerecedo en su magnífico libro Sociología insolente del fútbol español la penalización padecida por los blaugranas. Porque "la politización del fútbol español, en su versión actual [se refiere a los años del franquismol), comenzó una fría mañana de 1939, cuando los rectores del Comité Olímpico Español entregaron a las agencias periodísticas una nota por la que resultaban anulados todos los partidos y torneos jugados en zona republicana durante la guerra civil".

"Esta insólita medida –prosigue Cuco Cerecedo– afectó a numerosos equipos, entre ellos al Barcelona que, de 1936 a 1938, había disputado 86 encuentros, incluyendo el campeonato de Cataluña, la Liga Mediterránea y los amistosos, en los que se marcaron en total 263 goles. Por decisión del Consejo Nacional de Deportes, presidido entonces por el general Moscardó, los decretos corregían la realidad. En tal euforia solipsista, nada había existido: los tantos, los silbidos, los aplausos, las lluvias, los calores, el júbilo, el desánimo, las roturas de ligamentos, las fracturas de menisco correspondiententes al citado período quedaban anulados".

De manera que aquí queda constancia de una restitución pendiente ahora que el Parlamento entra a considerar el proyecto de Ley de la Memoria Histórica, que no debería excluir el ámbito deportivo. Y ahora volvamos a la Copa de Europa ganada en Saint Denis. A mí me hubiera gustado que tras la expulsión del portero del Arsenal el entrenador del Barça hubiera tenido reflejos para retirar un jugador de modo que el partido se hubiera seguido disputando sin ventaja numérica. Y no quiero entrar en las celebraciones convertidas en noticia porque, en mi opinión, deberían limitarse a una vuelta de honor de los campeones en su propio campo antes de empezar el siguiente encuentro.

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