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Estafadores y estafados, juntos contra el Estado Asombra contemplar el frente común formado por estafadores y estafados, todos en marcha marcial contra el enemigo común, la Administración Pública. Es una coalición antinatura pero que tiene su lógica: Afinsa y Fórum Filatélico son insolventes y el Estado tiene la máxima solvencia. No es un fenómeno nuevo; ha sido utilizado en demasía por empresarios en dificultades que echaban por delante a sus trabajadores para generar el follón necesario para que su problema alcanzara la condición de político. El temido alboroto callejero propiciaba subvenciones, tarifas o nacionalización de pérdidas en la industria y ayudas agrarias y pesqueras. Hay que distinguir, a efectos de valoración ética, a los directivos cómplices de los empleados de buena fe y ponerse en el lugar de los inversores tranquilizados por apariencias ostentosas: impresionantes oficinas en la manzana de oro, patrocinios filantrópicos e incluso regatas con barco propio en las que participaba hasta el Rey. La generación de confianza es la base de todo captador de ahorro y condición obligatoria para todo montaje estafador o bien para empresas respetables en dificultades: desde la macroampliación de capital que hiciera el Banesto de Conde a la recaudación del CNL de Javier de la Rosa antes de que ambos ingresaran en prisión. Es tan lógico como abominable que los macroestafadores dedicaran dinero y escasa caridad a explotar la fe y la esperanza de 350.000 ciudadanos, la mayoría de escasa renta y sobradas necesidades. Los dineros de aparentar no procedían del excedente sino que eran la inversión propiamente dicha. La lógica del negocio exigía un despliegue de encantos para lograr que importantes personalidades y, a ser posible, el mismísimo monarca apareciera en público asociado a la imagen del chiringuito. De hecho el Rey ha participado en regatas desde el "Bribón" de su amigo José Cusi junto al barco de Fórum Filatélico. ¡Ojo, Majestad!, que esta triste historia se añada a la experiencia de sus relaciones con Conde, de la Rosa y los Albertos. Algo tiene que ver el Estado en la generación de confianza; ha fallado el Gobierno en la debida regulación y en la vigilancia del fraude, pero no está obligado a financiar a los estafados que tienen derecho a asumir sus propios riesgos. Sus responsabilidades son políticas y compartidas con los gobiernos que le precedieron, especialmente por Rodrigo Rato que excluyó en los últimos meses de Aznar a estas empresas de la supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y del Banco de España. Resulta, sin embargo, fuera de lugar que Solbes alegue que Rato no le había avisado de una hipotética futura revisión de una norma recién aprobada. Como si la norma no se hubiera debatido y publicada en el Boletín Oficial del Estado. Ahora estamos en tiempos de Zapatero y es su Gobierno el que tiene que tomar decisiones sin difuminar culpas que son como excusas de mal pagador. Habría que esperar de las autoridades económicas algo más de rigor conceptual y del otro y la aceptación de que se les ha escapado por el coladero filatélico el control de más de 7.000 millones de euros, equivalente a casi el 10% del patrimonio de los planes de pensiones individuales. Semejante sistema para captar dinero no puede etiquetarse de inofensivo negocio para coleccionistas pues son muy pocos los que se acercaron a Afinsa o al Fórum por afición filatélica o por nostalgia de la niñez; eran gente que acudían en busca de una alta rentabilidad financiera y, la mayoría ni siquiera habían visto los sellos que sostenían su ahorro. Los Briones y compañía eran muy dueños de presentar su chiringuito como si de una tienda de postales se tratara, como los bancos que vendían primas únicas pretextaban despachar seguros y no productos financieros, pero la Administración tenía la obligación de al menos ver lo que veían todos los ciudadanos, que estos chiringuitos recogían ahorro a cambio de una rentabilidad imposible. No es irrelevante el dato de que el 50% de los clientes destinaran su dinero a complementar la jubilación. No puede tildarse de filatelia ni de coleccionismo lo que funcionaba como fondo de inversión o de pensiones. ¿Qué va a hacer el Gobierno ante esta catástrofe financiera? Hasta ahora se ha limitado a expresar sus buenos sentimientos sin concreción alguna. Algo habría que hacer a favor de los casos más extremos y, desde luego, cambiar la ley. José García Abad |