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Nº 695 - 15 de mayo de 2006 |
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Falleció Galbraith, uno de los maestros de la economía actual por Carlos Berzosa E n Cambridge, Estados Unidos, murió el pasado 29 de abril John Kenneth Galbraith cuando contaba 97 años de edad. Precisamente me encontraba ese día allí, de visita en el Real Colegio Complutense de Harvard, donde celebrábamos una reunión del consejo académico, constituido por cinco miembros de la Universidad de Harvard y cinco de la Universidad Complutense. El New York Times le dedicó dos páginas enteras el domingo y el lunes siguientes, en su formato y en su tamaño de letra habituales, que equivalen a mucho más que dos páginas de la prensa española. Este despliegue nos puede dar una idea de la importancia concedida a su vida y su obra por uno de los periódicos más influyentes de mundo. Porque, efectivamente, ha sido uno de los economistas más conocidos del siglo XX, y también uno de los más leídos entre economistas y no economistas, motivo por el que su gran saber ha sobrepasado las fronteras de la economía y del estrecho marco de las aulas universitarias. Galbraith era en gran parte heredero del institucionalismo, sobre todo deVeblen, y gozaba de una gran difusión por su capacidad de expresión escrita, tan pedagógica como se puede apreciar en sus innumerables textos, publicados tanto en forma de artículo como de libro. Era un hombre culto, erudito y sugerente, lo que le convirtió en un maestro en las aulas, y no en vano fue durante tantos años –más de 70– profesor de Harvard, algo que no resulta nada fácil, al tiempo que fue un economista conmucho predicamento. Escribió unos cincuenta libros, de los que se han vendido siete millones de ejemplares. Su ideario, progresista, se puede encontrar en uno de sus últimos títulos, Una sociedad mejor, editorial Crítica. Es autor de libros tan importantes como El capitalismo americano (1952), La sociedad opulenta (1958) y El Nuevo Estado industrial (1967), en los que analiza la fisonomía y características de la economía norteamericana de esos años y da cuenta, con acierto, de los rasgos que la definen y que explican muchos de sus comportamientos de entonces y de ahora. Galbraith estudió la relación entre el poder y la gran empresa, y considera a esta última el pilar del capitalismo contemporáneo. Para él, la creación de situaciones de oligopolio o de monopolio es producto de un proceso orgánico, inherente al funcionamiento del capitalismo, y su gran tamaño se justifica por las necesidades de la tecnología moderna y de la planificación. El análisis que realiza de la tecnoestructura, de los poderes compensatorios y del complejo militar-industrial nos da una idea de su capacidad creativa y del acercamiento que hace, con acierto, al funcionamiento real del sistema. Se adentró también en el campo de la historia del pensamiento económico en Historia de la economía,así como en los acontecimientos recientes en Un viaje por la economía de nuestro tiempo. Explica magníficamente las crisis financieras en Breve historia de euforia financiera, y critica el saber económico establecido en La cultura de la satisfacción. Hizo sus pinitos en el mundo de la novela con la publicación de su libro El profesor de Harvard. Para entender la realidad, su funcionamiento y su estructura, hay que acudir en mayor medida a Galbraith que a otros economistas que, con mayor refina- miento formal y matemático, no son capaces sin embargo de ofrecer una explicación adecuada de lo que es el capitalismo de nuestros días. Como dice el autor de su
biografía, Richard Parker,"es uno de los mayores sabios económicos –no el
más inteligente ni el más
técnico–, pero sí el más sabio del siglo último". No
cabe duda de que con sus
reflexiones y pensamientos nos ayudó a concebir las cosas de manera diferente a la que nos tiene acostumbrados la sabiduría convencional, y sobre todo proporcionó medios para poder enfrentarnos a los problemas del mundo actual y al entendimiento del funcionamiento de las estructuras del presente. Con Galbraith ha muerto una forma de hacer economía que, por desgracia, hoy ya cada vez se lleva menos. |
