| Hemeroteca | Lista Mundanal ruido |
![]() |
||
|
|
Las fronteras de Israel Con la retirada de Gaza en agosto de 2005, y la reciente toma de posesión del Gobierno que preside Ehud Olmert, al fin en Israel parece haber adquirido consistencia política la necesidad de fijar las fronteras del país y de proceder al abandono de los asentamientos en territorios ocupados tras la victoria de junio de 1967. Ni la extensión territorial de Israel, ni sus fronteras, realmente preocuparon demasiado a los padres fundadores de la nación. Rememorando de alguna manera la guerra de destrucción y conquista contra los cananeos y otros pueblos, y recibiendo la Tierra Prometida como fruto del pacto irrompible entre Dios y el pueblo que había elegido la tierra recibía una consideración sagrada de espacio físico pero también histórico, con un contorno impreciso y por llevar a cabo, desde el Eúfrates hasta el Nilo, incluso. Su ocupación y disfrute haría aproximarse el día de la redención y del retorno del Mesías, porque la nueva derrota del enemigo, de los nuevos cananeos, los nuevos filisteos, con la ocupación de Cisjordania, Gaza, el Golán y el Sinaí se relacionaba en el; imaginario colectivo con la renovada bendición de Dios y el fortalecimiento de la relación privilegiada al recuperar la tierra otorgada. Una irresistible euforia se apoderó de los israelíes, que con frenesí se dedicaron a viajar donde hasta entonces no podían, ciudades nabateas de la Cisjordania, el Monasterio de Santa Catalina y las playas del Sinaí, pudiendo al fin orar en el Muro de las Lamentaciones y visitar las basílicas del Santo Sepulcro y de la Natividad en Belén. No ha habido nación que no abuse de su victoria mi litar, menos aún si ésta es tan rotunda como la conseguida por Israel en 1967; cargada además de un profundo significado religioso y redentor, como si respondiera al deber cumplido de recuperar la Tierra Prometida y fuera una retribución especial de Dios para su pueblo. Quizás entonces era el momento adecuado para dar paz a cambio de territorios y de haber llegado a un compromiso sobre la base del armisticio de 1949. Pero la victoria total del 67 revivió el irredentismo y los impulsos colonizadores que siempre se encuentran en el corazón de la experiencia sionista. Como resultado de permanentes tensiones emocionales y presiones políticas por para poseer la tierra, unos 250.000 israelíes viven hoy en 125 asentamientos en Cisjordania, 180.000 en zonas de Jerusalén Oriental y otros 16.000 en el Golán. Ocupar la tierra conquistada podría responder a la voluntad divina y al sueño sionista, pero ha acabado por ir en contra del interés nacional de Israel. Los resultados del nacionalismo mesiánico y la avidez territorial se verificaron con un entusiasmo colonizador sostenido por la ocupación militar más larga de la historia, lo que para Israel supone una situación cada vez más difícil de mantener. Apoderarse de más territorio ha supuesto, aparte otros peligros, asumir mayores riesgos demográficos. Haciéndolo no sólo se ignoraban conocidas indicaciones de la inteligencia militar, también las consagradas inclinaciones del movimiento sionista, favorables a lograr el máximo de tierra pero con el mínimo de árabes, a una sólida mayoría judía en una tierra controlada por judíos, rechazando una administración judía en zonas mayoritariamente habitadas por árabes. Quizá Ehud Olmert se ha referido a estas cuestiones, como a su manera lo hizo Ariel Sharon ordenando la retirada unilateral de Gaza, con la necesidad de fronteras defendibles y una sólida mayoría judía en Israel, una especie de plan Allon revisado. Si es que comienza una saludable época de sionismo realista, las fronteras que Israel necesita son ciertamente de carácter estratégico, pero también espiritual, las que contribuyan a que el país esté en paz con el vecino y consigo mismo, a la mayor seguridad del país que sólo puede proceder de la paz a cambio de territorios, orillando de paso una experiencia de ocupación militar y de colonización ilegal que ha drenado inmensos recursos públicos, ha provocado innumerables violaciones de los derechos humanos que han embrutecido a Israel y perjudicado su imagen internacional, creando un abismo entre árabes israelíes y judíos israelíes, así como un interminable plaga de atentados y represalias con miles de víctimas israelíes y palestinas. Es posible todo avance y todo retroceso en la política israelí, dada la enorme fragmentación parlamentaria y la persistencia de una mentalidad colectiva que verdaderamente ha fomentado desde siempre la colonización y la ocupación que hoy dejan a Israel en una difícil encrucijada. Se trataba de una especie de tabú religioso y político que a partir de la retirada unilateral de Gaza puede haber empezado a desvanecerse, continuando al menos en Cisjordania, para bien de palestinos e israelíes, como esperanza de paz en Oriente Medio y recuperación del espíritu del sionismo realista. Ignacio Rupérez |
