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Lista Punto de vista
Nº 695 - 15 de mayo de 2006
Pasqual Maragall

por Santiago Carrillo

No puedo disimular la simpatía que me inspira Pasqual Maragall, que está originada seguramente en la solidaridad que familiares suyos prestaron a mi amigo y camarada López Raimundo en los tiempos difíciles en que éste dirigía, desde la clandestinidad, el PSUC. Ese sentimiento ha resultado fortalecido, sin duda, por la razón de que Maragall ha sido capaz de llevar al Gobierno de Cataluña a un equipo de unidad de la izquierda, tras más de veinte años de Gobierno de CIU. Contemplo, pues, con la máxima comprensión su gestión y me preocupan los ataques que pueden poner en dificultad su prestigio y la estabilidad del tripartito.

Pero es lo cierto que la política errática de Esquerra Republicana de Catalunya está creando muchos problemas. Estos empezaron con la visita imprudente de Carod-Rovira a los dirigentes de ETA en territorio francés. Y se ha agravado con el viraje de Esquerra, que siendo uno de los partidos que están en el origen del nuevo Estatuto y que con más razón podía apuntarse el éxito de su aprobación, se ha descolgado a última hora dividiendo a su propio electorado. Con todos los respetos para un partido con las grandes tradiciones republicanas de Esquerra, yo no creo que el que la Generalitat administre o no el aeropuerto de Barcelona sea razón suficiente para ese viraje. Yo he visto en el banco azul del Gobierno de la República española a cuatro ministros de Esquerra, LluhíVallescá, Companys, Carner y Santaló, participando activa y responsablemente en la dirección del Estado; he visto a Esquerra defender el federalismo, no el separatismo. Y la verdad es que no encuentro correspondencia entre aquel partido y algunas de sus posiciones actuales. En esas condiciones creo que es aún más notable el mérito de Maragall, esforzándose hasta el fin de mantener el tripartito y en asegurar la celebración de un referéndum que garantice el triunfo del nuevo Estatuto.

Quien tenga realmente posiciones de izquierda no puede ignorar cuanto se juega no solo en Cataluña, sino en toda España, en torno a esta cuestión. Ahí está el PP, con su dirección ultraderechista y su nacionalismo centralista, buscando la oportunidad de dar un vuelco a la política de izquierda actual y de hacernos volver al pasado. Debilitar al tripartito poniendo en las urnas el mismo NO al Estatuto que el PP, explíquese como se quiera, sólo puede ser considerado como un acto que conduce a fortalecer la estrategia de la derecha nacionalista española, como perjuicio en primer lugar para Cataluña. Y eso es lo que trata de impedir Maragall.

Lamentablemente, dentro del PSOE puede haber personas que no comprenden la posición de Maragall, sobre todo por su dimensión catalanista. Estas personas quizá no entiendan que Cataluña es una nacionalidad –o una nación– con sus diferencias y sus particularidades que han llevado a los socialistas catalanes –con el acuerdo del PSOE– a construirse en partido autónomo, dejando de ser una simple filial del PSOE. Desconocen, o han olvidado, que mientras en la República –y antes–fue sólo una filial, el Partido Socialista careció de peso político y de influencia. Y que lo que ha dado la fuerza que hoy posee el PSC y la posibilidad de encabezar el Gobierno ha sido precisamente la alianza hecha en sus filas con el sector catalanista del socialismo. Y este lo representa, como quizá nadie, Maragall por su labor política y, si me apuran, diría que hasta por su genealogía.

Maragall, por su papel en Cataluña, es hoy uno de los principales líderes de la izquierda española. Una personalidad irrenunciable. En realidad, uno de los reproches que se le hacen es que no tiene la marrullería de los viejos políticos al uso, que peca de ingenuidad y no es experto en el pase corto. Pero yo no estoy seguro de que eso sea un vicio y no una virtud. Ese reproche se lo hacen también a Rodríguez Zapatero. Pero son preferibles políticos así a políticos de colmillo retorcido, que tanto abundan y de los que es difícil fiarse.

En definitiva, lo que hay que ganar con un amplio pronunciamiento democrático es la batalla del Estatuto y el paso a una estructura más próxima al federalismo del Estado español.


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