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Nº 695 - 15 de mayo de 2006

La convicción y la acción


La semana pasada celebrábamos el Día de Europa, 9 de mayo. Hace algo más de cincuenta años el ministro de asuntos exteriores francés, Robert Schuman hizo un llamamiento para que las naciones europeas se agruparan y superaran "sus odios seculares".

Este día conmemoramos la audacia de una generación de europeos que, hartos de los horrores de las guerras fratricidas que habían asolado nuestro continente durante siglos, decidieron lanzarse a hacer un sueño realidad. El sueño de la Paz. Fue la semilla de nuestra actual Unión.

Pero a nadie se le oculta el impasse en el que se encuentra el proyecto de integración europea. Desde hace casi un año, los europeos nos interrogamos sobre la forma de salir de la situación creada por el rechazo de Francia y Holanda al proyecto de Tratado Constitucional.

Para debatir sobre este incierto futuro de Europa, la semana pasada aparte de celebrar el día de Europa, más de 200 diputados de todos los parlamentos de la Unión y de los países candidatos nos reuníamos en la sede del Parlamento Europeo (PE).

Es cierto que una mayoría de Estados miembros ha ratificado el proyecto de Constitución. Simbólicamente Estonia lo hacía en el Día de Europa. Otros, como Finlandia, lo harán en el segundo semestre de este año, durante su presidencia. Por su parte, el PE respaldó el proyecto de Tratado Constitucional por una gran mayoría. La Constitución no está muerta, como muchos pretenden.

Pero el no francés y holandés ha bloqueado el consenso alcanzado en la Convención. Desde entonces nos preguntamos si esta Constituciónentrará en vigor, si es necesario reformular algunas de sus partes, si debería llamarse de otra forma. Hay quien incluso se pregunta si sería mejor abandonarla, y todos nos interrogamos sobre la manera de reconciliar a los pueblos de Europa con este proyecto.

Nos hemos planteado estas cuestiones mil veces, en todas las variantes posibles, en múltiples foros y debates.... Pero seis años después de Niza, henos aquí, en el llamado "período de reflexión", con las mismas preguntas que se formularon entonces, agravadas por el paso del tiempo. Europa parece un alumno que repite curso...

Ante esta situación, la Unión parece orientarse hacia el desarrollo de políticas sectoriales concretas, tratando de ofrecer resultados tangibles sobre tal o cual cuestión.

Todos estamos de acuerdo en la necesidad de articular respuestas concretas a las necesidades de los ciudadanos europeos, pero parece como si ante la falta de un proyecto para Europa debiéramos conformarnos con la Europa de los proyectos...

Ciertamente, cuando concluimos los trabajos de la Convención no po- díamos imaginar que tropezaría con tantas dificultades, o al menos no imaginamos que podrían venir de donde finalmente vinieron.

Conviene por ello recordar que Paul-Henri Spaak, ministro de Exteriores belga y uno de los padres fundadores de Europa, escribió en sus memorias —Combates inacabados—que durante la elaboración del Tratado de Roma "cada vez que se presentaban dificultades extraíamos de nuestras convicciones la imaginación necesaria para superarlas".

Y tenía razón... para su tiempo.

Pero los tiempos han cambiado. "En su mayor parte —escribió Paul-Henri Spaak—, la opinión pública no era hostil; era sólo indiferente. Europa fue la obra de una minoría que sabía lo que quería". Hoy eso ya no es posible; ni sería tolerable que la construcción de Europa siguiera siendo el resultado de una pequeña minoría ilustrada. Por tanto, el método de la Convención que sustituyó al método de las negociaciones entre gobiernos a puerta cerrada fue el adecuado. Pero, ¿fue suficiente para conseguir la adhesión popular? Es evidente que no.

Lo importante es saber si nuestros pueblos comparten hoy las suficientes convicciones para definir objetivos comunes, y si nuestros gobiernos tienen suficiente imaginación para alcanzarlos. Si podemos pasar de la convicción a la acción como hace 50 años.

A reflexionar sobre ello hemos dedicado casi un año. El próximo junio el Consejo se reunirá para evaluar lo conseguido hasta ahora. Cierto que es necesario reflexionar y, sin duda, escuchar. Pero después de la reflexión y el debate deben venir las propuestas. El "período de reflexión" no se puede eternizar. Por eso la interparlamentaria de la semana pasada pretende marcar una nueva etapa: un período de propuestas.

Es hora de que también nosotros —como Spaak y su generación en otros tiempos— seamos capaces de extraer "de nuestras convicciones la imaginación necesaria" para reactivar el proyecto europeo; y que nuestras reflexiones sirvan de estímulo al próximo Consejo Europeo de junio para desbloquear el debate... para pasar de nuevo a la acción.



José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

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