Nº 695 - 15 de mayo de 2006
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Menos Estatut

por Miguel Ángel Aguilar

El Senado da el pase al Estatuto de Cataluña. Queda aprobado de manera definitiva el que llaman Estatuto de la Moncloa, después de quedar "limpio como una patena" merced a los buenos oficios del presidente José Luis Rodríguez Zapatero en sintonía con Artur Mas y de Alfonso Guerra en la Comisión Constitucional. Hay fecha para el referéndum fijada el 18 de junio. Es decir, pasado mañana. Cunden las encuestas y se estima una participación apenas superior al 30%.

Además se insiste en que serán más en proporción a su base las abstenciones de los potenciales votantes del sí, mientras que los decididos partidarios del no se retraerán menos de acudir a las urnas el día de autos. Una jornada cuyas horas hábiles, con los colegios electorales abiertos, deberían ser las de costumbre, de 9 de la mañana a 8 de la tarde, sin esas prórrogas que algunos hubieran querido en busca de papeletas adicionales. Se descuenta el triunfo del sí pero la cuestión espinosa resultaría de un escrutinio en el que respecto del número de votos emitibles, es decir del censo, los síes queden, como es muy previsible, por debajo del 50%.

El Estatuto todavía vigente, que llamamos de Sau, tuvo una participación electoral por encima del 60% y un porcentaje afirmativo superior al 80, de donde una sencilla operación aritmética permite confirmar que más del 51% del censo le prestaba su conformidad. Si estas hipótesis se confirmaran tendríamos, en definitiva, un Estatuto menos validado que el actual. Una situación de todo punto indeseable para el presidente Zapatero, para el presidente Maragall y para el sursuncorda. Que además dejaría en posiciones indeseables a Convergencia i Unió y a IC-Els Verts.

Como algún preclaro observador empresarial subrayaba hace unos días, sería la demostración adicional de que en Cataluña coexisten dos países superpuestos, el real y el de los políticos profesionales. Con un Partido de los Socialistas de Cataluña maragallista en clara deriva nacionalista y el consiguiente desplazamiento hacia zonas de mayor beligerancia de CiU y de ERC en ese mismo campo. Todo esto, sin contar el espectáculo de una campaña del referéndum bajo el control de un conseller de Gobernación, Vendrell, que, como sus conmilitantes de ERC, pugna por el no al proyecto estrella del tripartito instalado en la Generalitat.

Cuando el referéndum a propósito del Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa, el presidente Zapatero sostenía que para nada era crucial y aceptaba de antemano una participación en el 30%. Con ese listón tan bajo se curaba de lamentaciones ulteriores pero también renunciaba a dar la réplica a quienes le discutían el triunfo del 14 de marzo de 2004. Ahora la baja participación tendría otras lecturas. Porque, cualquiera que sea la presencia de Zapatero en la campaña, está fuera de duda que el Estatuto ha sido impulsado por él y sobre él caerán también los resultados.

Acordémonos de que los referenda los carga el diablo y repasemos los efectos que el no acaba teniendo sobre quien los convoca. Advirtamos que si se dieran resultados adversos o mínimos sería insuficiente invocar el optimismo antropológico.

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