F abián
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Nº 694
8/5/2006

Los grandes avizores

Por Fabián Estapé

No pasan más de dos días cuando las alas –la famosa gaviota– aletean en busca de nuevos refugios. Nos dijeron que la cosecha de los crédulos dispuestos a engrosar las filas del PP estaba al borde de lo que estimamos límites aceptables. Pero nada parece ser lo que se piensa. Los distintos elementos de la oratoria del señor Angel Acebes Paniagua siguen abrumando al personal. Más de una persona quiere hacer de Acebes un monumento a la oratoria, con aditamentos dignos de una estatua de las que adornan el Coliseo.

Hay que ver la constancia del señor Acebes, alcalde marmóreo de Ávila, cuando se dispone a investigar el 11-M; nadie ha olvidado aquellas apariciones –qué apariciones fueron– desde la triste mañana del 11 de marzo de 2004: no dejó el señor Ace-bes de adelantar la escueta nota de los autores de la catástrofe, tampoco dejó el señor Acebes de señalar con el dedo acusador de Robespierre que todos los que no creyeran su versión eran unos miserables. ¡Cuántos nos vimos tildados de miserables! (Esa calificación despectiva la mantuvo hasta el final porque Acebes, en esto al menos, es inasequible al desaliento, como su jefe).

He dicho en alguna ocasión que cuando sucedieron los atentados de Londres, fueron muchos, aquí y fuera de aquí, los que compararon las reacciones registradas en la catástrofe de Madrid con la serenidad británica. De ahí se dedujo que los ingleses son más fríos, algunos recordaron el famoso libro de don Salvador de Madariaga. Pero, finalmente, Paul Preston es testigo, se nos dijo: ¿qué habrían hecho los ingleses si durante cinco días el Ministro del Interior hubiera repetido que todas las informaciones de Scotland Yard señalaban que los autores eran el IRA?

Y si se trata de Acebes, no se pierda de vista el otro par, que por razones ignorantes amparan a su jefe, Mariano Rajoy Brey. Claro está que nos referimos al portavoz del PP, Eduardo Zaplana Hernández-Soro. No pierde nada en la comparación. Aquí tenemos como se le llama, al pollo de Benidorm. Tenemos al señor que en grabaciones históricas proclamó que entraría en política para forrarse. Es el señor que conquistó la Alcaldía de Benidorm gracias a un tránsfuga. El que en Valencia, donde fue presidente de la Comunidad, forzó a las dos cajas de ahorros, una de ellas al borde de la quiebra, para construir ese monstruo llamado Terra Mítica que se mantiene en suspensión de pagos. El tal Zaplana ha declarado hace pocas semanas que si volviera a darse el caso volvería a construir Terra Mítica.

Hace unos días, y esperemos que sólo sea un rosario, el Tribunal de Cuentas del Estado le ha encausado por unos gastos excesivos como ministro de Trabajo.

Parece que a Mariano Rajoy Brey le crecen los enanos.

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