3
Hemeroteca Esta semana
 
Nº 694 - 8/5/2006

Alonso versus Bono


EL ESTILO ZP ENTRA EN DEFENSA

José Antonio Alonso ha marcado su impronta personal en Defensa nada más llegar al Ministerio. Dos de los altos cargos que han protagonizado sendas polémicas en la primera mitad de la legislatura, el director general de la Guardia Civil, Carlos Gómez Arruche, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, José Antonio García González, han sido cesados en menos de 15 días. El primero no actuó con la suficiente diligencia en el caso Roquetas. El segundo se vio salpicado por el caso Mena. Sin embargo, el entonces titular de Defensa, José Bono, prefirió no intervenir. Alonso, hombre de la máxima confianza de un presidente que no deja nunca nada al azar, ha querido iniciar su andadura sin dejar cabos sueltos.


Por Virginia Miranda

J osé Bono es un político que no le debe nada a nadie. Ni siquiera al presidente. Aunque fue éste quien le
llamó a Madrid para que abandonara la presidencia de Castilla-La Mancha y se sumara a su gabinete de Ministros, puede presumir de haber entrado a formar parte del primer Gobierno de Zapatero por méritos políticos sobradamente demostrados durante seis legislaturas consecutivas al frente de la Junta castellano-manchega.

Precisamente por eso se le ha considerado el más autónomo de los ministros socialistas, con un discurso que en de terminadas cuestiones, como son las reformas de los Estatutos de Autonomía o las relaciones Iglesia-Estado, se han alejado de la línea oficial de Moncloa.

Por todo ello, su presencia en el Ministerio de Defensa resultaba idónea: su designación contrarrestaba la posible preocupación que podría surgir entre un grupo tradicional como el de los militares ante la batería de medidas progresistas que traía Rodríguez Zapatero bajo el brazo. El tiempo ha demostrado que Bono, a pesar de formar parte de un Gobierno socialista capaz de sacar adelante su programa electoral sin que lo hayan impedido las manifestaciones contrarias a la modificación del código civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, a la reforma de la ley de educación o la posibilidad de que el Ejecutivo inicie una negociación con ETA, ha mantenido cierta independencia, llegando a ser el ministro más valorado. Incluso por los votantes del PP.

Pero lo que podría parecer una relación de conveniencia entre Zapatero y Bono, no siempre ha satisfecho a
alguno de los dos interesados. En su despedida, el ex ministro dijo que se iba por motivos personales y que a él el Estatut no le echaba de la política. Pero la reforma catalana y el anuncio del alto el fuego de ETA y la consiguiente posibilidad de iniciar una negociación con la banda terrorista son las explicaciones no oficiales que justifican su dimisión al frente de Defensa. En el Ministerio acababa de sacar adelante la Ley de Tropa y Marinería, uno de sus logros más destacables. Pero en el Gobierno cada vez encontraba menos espacio político. Mientras, Zapatero no acababa de quedar conforme con dos asuntos que quedaron sin resolver durante la gestión del ex ministro.

En el divorcio político entre Bono y Zapatero podría alegarse incompatibilidad de caracteres. El estilo del manchego es más relajado, más conciliador, sin decantarse por los extremos pero manteniendo buenas relaciones con los contrarios y evitando el desgaste del cuerpo a cuerpo político. El del leonés en cambio es más directo; evita los circunloquios y lo que promete lo cumple. Está dispuesto a pagar el precio político a corto plazo y su proyecto, más allá de los cambios legislativos, pretende un cambio en la forma de hacer las cosas.

A este último respecto, Rodríguez Zapatero había encontrado ciertas resistencias en Defensa, donde dos polémicas actuaciones no habían sido abordadas como cabría haber esperado. De hecho, el Ejecutivo fue criticado por no adoptar decisiones más drásticas, dejando que la actualidad informativa fuera haciendo su trabajo y dejara el tema aparcado en las hemerotecas.

El primer caso, el de Roquetas. En el verano de 2005, un hombre es detenido y golpeado por miembros de la Guardia Civil en la casa cuartel de la localidad almeriense provocándole la muerte. El hasta hace unos días director general de la Benemérita, Carlos Gómez Arruche, no condenó con la suficiente rotundidad los hechos y resaltó la limpieza del expediente del teniente que encabezaba el grupo de agentes imputados.

El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, calificó sus posteriores excusas de "insuficientes" y dijo que Gómez Arruche no había estado "a la altura de las circunstancias". El entonces ministro de Interior, José Antonio Alonso, también dijo que el director general de la Guardia Civil "se equivocó" en sus declaraciones "desafortunadas". Y aunque trató de apaciguar el ambiente –el PP pedía el cese de Arruche– asegurando que "hizo en todo momento lo que tenía que hacer", en su comparecencia en el Congreso de los Diputados para explicar la muerte del agricultor Juan Martínez Galdeano en el cuartel de Roquetas aseveró que su "divisa" en política de seguridad pública "es la de tolerancia cero frente a cualquier situación irregular que ponga en cuestión los derechos humanos".

Las palabras de Arruche, el primer militar al frente de la Benemérita después de tres civiles en el cargo, perjudicaron seriamente la imagen del Gobierno –"dio la sensación de que no se atrevía a me ter en cintura al director de la Guardia Civil", dicen fuentes del ámbito militar–. Y a pesar de andar en la cuerda floja desde entonces, el director general de la Guardia Civil ha permanecido en su puesto hasta hace tan sólo unos días.

Se da la circunstancia de que el cargo depende del Ministerio de Interior de acuerdo con el de Defensa, y es ahora, cuando Bono abandona esta cartera, le sustituye Alonso y Rubalcaba llega a Interior –los dos, Alon-
so y Rubalcaba, son dos de los hombres de la máxima confianza de Zapatero–, cuando se produce su cese y el nombramiento de Joan Mesquida, hasta ahora director de Infraestructuras en Defensa con experiencia política en el anterior Gobierno socialista balear. Este desenlace hace pensar a fuentes conocedoras del tema que no fue Alonso sino Bono quien prefirió dejar correr el asunto antes que tomar decisiones políticas en un cuerpo militar y jerarquizado como el de la Benemérita.

El segundo es el caso Mena. El teniente general José Mena Aguado declaraba en la pasada Pascua Militar que la aprobación del Estatuto de Cataluña "en los términos en que está planteado" –la propuesta de reforma aprobada por el Parlament– "sería de aplicación el articulo 8° de la Constitución", donde se dice que Las Fuerzas Armadas "tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad y el ordenamiento constitucional".

El entonces número dos del Estado Mayor del Ejército era cesado inmediatamente por José Bono. Pero ahí quedó la cosa. Su superior, el jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), José Antonio García González, continuó en el cargo, a pesar de que Mena dijo en privado que el JEME conocía el contenido de su discurso –extremo negado por García González– y de que éste guardara silencio sobre el tema. De hecho, sólo lo mencionó de forma indirecta meses después durante el desayuno que tradicionalmente ofrece el Estado Mayor del Ejército a los periodistas con motivo de la festividad de su patrón, San Francisco de Sales. Al final de su discurso, dijo que "las opiniones individuales no son la opinión de todo el Ejército", al que hay que valorar por lo que hace en las misiones en el exterior.

Fuentes militares aseguran que, antes de que dimitiera Bono, ya se rumoreaba que el JEME sería cesado en la primera ocasión que se le presentara al Gobierno. Y esa ocasión ha sido precisamente la salida del ex ministro de Defensa: José Antonio Alonso se reunía el 27 de abril con el Consejo Superior del Ejército para poder proponer en el Consejo de Ministros del día siguiente a su sustituto el general Carlos Villar Turrau, un hombre con fama de inteligente, trabajador y tranquilo.

Y es que el también ex presidente de Castilla-La Mancha ha evitado intervenir másallá de lo estrictamente necesario en una organización jerárquica y con una normas propias de organización como las Fuerzas Armadas. De hecho, debido a su respeto escrupuloso de lo que se denomina en la jerga militar "corrimiento del escalafón" y a pesar de las fuertes divisiones que provocó en el seno del PSOE, ascendió en el verano de 2004 de general de División a teniente general a Joaquín Tamarit, quien según el comandante de Infantería Ricardo Pardo Zancada en su libro 23-F. La pieza que falta. Testimonio de un protagonista (Plaza & Janés), fue "miembro activo de la operación" que antecedió al golpe militar.

José Antonio Alonso, haciendo gala de su discreción, ha procurado no dar pábulo a las habladurías, poniendo en valor la gestión de Bono durante estos dos años, negando cualquier diferencia personal entre ambos y desligando los cambios en la Guardia Civil y el Estado Mayor del Ejército de las polémicas –en Defensa no hacen valoraciones y remiten a las declaraciones del ministro–. Pero lo que no puede negar es que ya ha dejado su impronta personal, que no es otra que la de José Luis Rodríguez Zapatero.

El presidente ha sabido aprovechar la dimisión de Bono para abordar, de acuerdo con su criterios y de la mano de personas de su máxima confianza, algunos de sus próximos retos. El papel de Rubalcaba en la lucha antiterrorista es de sobra conocido. EL SIGLO contó la semana pasada el motivo del cese de María Jesús San Segundo en Educación [ver el número 693 "Los rectores que cesaron a una ministra"] y por qué la primera decisión de su sustituta, Mercedes Cabrera, fue la de reunirse con los rectores de las universidades. Y José Antonio Alonso, de acuerdo con el criterio de "tolerancia cero", llega dispuesto a apagar cualquier foco de insubordinación al Gobierno extendiendo un modo de hacer política al mundo castrense, donde la inmensa mayoría de sus efectivos han demostrado una rápida y real asunción de los principios democráticos pero donde aún perviven, como pudo comprobarse con el caso Mena, un pequeño grupo que no acaba de acostumbrarse a un Gobierno como el de Rodríguez Zapatero.

Pero no todo van a ser ceses. En su primer discurso como titular de Defensa, Alonso aludió a la necesidad de impulsar una "auténtica política europea de seguridad y defensa" o de fortalecer la presencia de España en la OTAN. Un flanco que, dicen personas que trabajaron con Bono, ha quedado descuidado en esta primera mitad de la legislatura.

Hemeroteca Esta semana