Hemeroteca Esta semana
Nº 694 - 8 de mayo de 2006

Sobre ‘La tragédie du président’, de Franz-Olivier Giesbert

El trágico fin de reinado de Jacques Chirac

En abril del año que viene se celebrarán elecciones presidenciales en Francia. Por esa razón, ahora es el mejor momento para hacer el balance de los once años en los que Jacques Chirac ha sido el presidente de la República francesa. Franz-Olivier Giesbert ha hecho lo propio ofreciendo una biografía nada común del jefe de Estado galo.


Por Salvador Martínez (París)

El balance presidencial que ha realizado el periodista y director del semanario Le Point se compone de un conjunto de anécdotas recogidas durante casi dos décadas en las que Giesbert ha permaneciendo atento a todo cuanto ha rodeado –y aún rodea– a Jacques Chirac. Una labor que ya había desempeñado Giesbert anteriormente y fruto de la cual es una primera biografía sobre el político francés aparecida a finales de los años ochenta, Jacques Chirac (Ed. Seuil 1987).

“Después de ese primer libro siempre me dije que Jaques Chirac sería con total seguridad presidente de la República”, aseguraba Giesbert los días de marzo en los que presentó La tragédie du président, su último trabajo. Esa premonición empujó a este avezado periodista a continuar su estudio sobre un político que, tras llevarse la victoria en las elecciones presidenciales de 1995, acabó sucediendo a François Mitterrand en la jefatura del Estado francés.

Nada se ha podido saber acerca de las entrevistas que Giesbert ha realizado al presidente durante todos estos años ni tampoco acerca de los contactos que Giesbert ha mantenido con las personas que más frecuentan a Jacques Chirac. Hubo que esperar hasta finales de marzo para leer el resultado su trabajo. El libro “no es una biografía propiamente dicha, sino, más bien, una tragedia personal que se ha convertido en una tragedia nacional”, según escribe Giesbert en las primeras páginas de La tragédie du président.

La obra es una “tragedia personal”, porque el libro de Giesbert da cuenta de cómo en su último año de presidencia Jacques Chirac se ha convertido en un jefe de Estado que apenas puede disimular “la mezcla de languidez y tristeza que ha invadido su mente”, escribe el autor. El origen de ese estado personal se remite a la tarde del 2 de Septiembre de 2005. Al final de esa jornada, el presidente francés sufrió un accidente vascular en el cerebro. Debido a este síntoma precursor de un infarto cerebral, “Chirac dejó de ser Chirac”, escribe Giesbert.  En Chirac “lo que ha cambiado tras ese accidente es que se ha dado cuenta, con cerca de 73 años, de que no es inmortal”, explica el autor. Por ello “no participará en la próximas elecciones presidenciales” de 2007, asegura Giesbert, y de ahí, la languidez y tristeza que acusa el presidente francés.

Según Giesbert, las circunstancias personales de Chirac encarnan la “tragedia” que, bajo su punto de vista, también vive el Estado francés. A su modo de ver, el Ejecutivo francés cuenta con un equipo de Gobierno que apenas parece inquietarse por las dificultades de despegue que atraviesa la economía francesa. “Qué importa si los franceses están perdiendo la carrera de la productividad y la competitividad (…) Qué importa si el endeudamiento del país no cesa de crecer y alcanza ya el billón cien mil millones de euros (…) Qué importa si el Gobierno no llega a controlar su gasto público con el fin de dar al Estado un cierto margen de maniobra”, se queja con retórica el autor.

Giesbert cuenta en La tragédie du président que desde hace un año aproximadamente, la última etapa de Chirac en la Presidencia de la República transcurre en medio de las tensiones que protagonizan dos grupos formados en el seno del partido de la derecha francesa y al que también pertenece Jacques Chirac, la Unión por un Movimiento Popular (UMP). Al frente de estos dos “bandos” se encuentran, por un lado, los villepenistas, que cierran filas en torno al primer ministro francés, Dominique de Villepin, y los sarkozystas, que hacen lo propio en torno al ministro del Interior, Nicolas Sarkozy.

Según cuenta Giesbert, Chirac no ve con buenos ojos a Sarkozy. El presidente francés ha llegado a decir a su confidente y amigo Jerôme Monod, que no tiene confianza en Sarkozy porque “está loco” [sic]. Pero no por ello se puede afirmar que el apoyo político del jefe de Estado a De Villepin sea incondicional. Es más, según Giesbert, tras haber tomado la iniciativa de cambiar de Gobierno tras el no francés a la Constitución Europea hace poco más de un año, Chirac no eligió a Villepin, sino que fue éste último el que consiguió “nombrarse a sí mismo” primer ministro y nombrar al resto de su equipo de gobierno, imponiendo así su voluntad a la del presidente de la República. “Fue algo carnal. Yo he violado a Chirac” [sic], dijo Villepin sobre su maniobra a sus colaboradores, según recoge el libro de Giesbert. “Algo así sólo ocurre en épocas de fin de reinado”, dice Giesbert sobre cómo De Villepin llegó a ser jefe de Gobierno.

Sin embargo, para François Bastien, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París II, esta actitud de Jacques Chirac parece ser una prueba más de la “irresponsabilidad” política que ha caracterizado los dos mandatos del presidente. Según este politólogo, el ejemplo más evidente de este tipo de imprudencias presidenciales tuvo lugar hace diez años, “cuando en 1997 Jacques Chirac decidió disolver la Asamblea Nacional y mantenerse en el poder incluso cuando su partido político perdió las elecciones legislativas. Son gestos como éste los que destruyen la Quinta República”, dice Bastien.

Aquellas elecciones dieron lugar a la cohabitación de Chirac, presidente conservador, con de un gobierno liderado por el socialista Lionel Jospin, como consecuencia de la mayoría parlamentaria de la que gozó la izquierda en la Asamblea Nacional entre 1997 y 2002. Esta situación de cohabitación suele dar lugar a lo que el académico de las Ciencias Políticas y Morales Jean Claude Casanova llama la “diarquía indecisiva”. Un fenómeno que no es para nada insólito en la historia de la Quinta República francesa. Entre 1986 y 1988, el presidente progresista François Mitterrand tuvo como jefe del Ejecutivo al conservador Jacques Chirac. La misma repartición de papeles tuvo lugar entre Mitterrand y Eduard Balladur entre 1993 y 1995. Por el contrario, en caso de que no haya cohabitación, cuando Gobierno y Presidencia tienen el mismo punto de vista político, en Francia toma el poder lo que Casanova llama la “monarquía sin control”.

Estos desajustes que detecta el académico francés de las Ciencias Políticas y Morales encuentran su origen en el régimen político que establece la Constitución francesa de 1958, a saber, “un sistema ambiguo en su origen: donde el poder ejecutivo se confiaba al Gobierno, pero en el que el presidente detentaba una parte del mismo”, según analizaba el conservador Eduard Balludur hace un mes en Le Monde. A causa de esa ambigüedad intrínseca a la Constitución francesa de 1958, dice François Bastien, “la Quinta República es la que produce dirigentes irresponsables como Jacques Chirac”. Al afirmar esto Bastien pone de manifiesto la necesaria consecución, bajo su punto de vista, de una reforma institucional que permita el paso de la actual Quinta República a la Sexta.

Para lograrlo, en 2001 se creó la Convención por la Sexta República, “una organización pensada para promover el debate sobre la reforma institucional en Francia”, según explica Bastien como miembro de la Convención. Él no milita sólo en el desierto con un conjunto teóricos del Derecho Constitucional francés. La asociación interesa a políticos sensibles a este respecto. Los hay, incluso, como el socialista Arnaud Montebourg, muy implicados en la denuncia de los aspectos negativos de la Quinta República y en la promoción de un nuevo proyecto constitucional francés.

Prueba de ello es que Montebourg y Bastien firman el libro aparecido en septiembre del año pasado La Constitution de la VIe République, un texto donde los autores aclaran el tipo de régimen institucional a desarrollar en Francia si se adoptara la Sexta República. La propuesta Montebourg-Bastien plantea sustituir las figuras del jefe de Gobierno y del jefe de Estado, ambos con competencias a nivel ejecutivo actualmente en Francia, por un jefe de Gobierno surgido de un sistema similar al sistema parlamentario español o al italiano.

La Constitution de la VIe République sólo ha sido editada en Francia por razones obvias de interés comercial. Aun así, en Francia “se ha vendido muy bien”, dicen en la editorial, Edile Jacob. En cualquier caso, La Constitución de la Sexta República no se tendrá tanto éxito como La tragédie du président, un libro que se sitúa como líder en las listas de ventas en Francia y que, por lo pronto, no aparecerá en España.

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