| Hemeroteca |
![]() |
|
| Nº 694 - 8 de mayo de 2006 |
|
Las dos Américas por Santiago Carrillo La realidad de estos días esta mostrándonos que existen, por lo menos, dos Américas. Y digo por lo menos, porque si aceptamos que son dos, también reconocemos en ambas una cierta diversidad. Una de ellas es la América prepotente que bajo la voluntad de ejercer alguna forma de liderazgo mundial encubre un propósito de dominación sin freno. Es la América de Bush, Cheney y Rumsfeld que trata de apoderarse de las reservas de petróleo existentes en el planeta a cualquier precio; que ha aplicado sus mayores esfuerzos al desarrollo de una supremacía militar con la que se lanzó a la aventura de Iraq y amenaza ahora a Irán; la América que desprecia a la "vieja Europa" porque ésta resiste al intento de convertirla en una acompañante incondicional y mantiene valores que la banda de Bush ha suprimido en EE UU con el pretexto de la "guerra contra el terrorismo". La América que ayuda a Israel a poseer el arma nuclear pero le niega esa posibilidad a Irán y, sobre todo, la América que ha convertido a la otra América durante largos años en su "patio trasero" sosteniendo –cuando no organizándolos directamente– golpes de Estado y siniestras dictaduras terroristas. Enzarzada en la absurda guerra de Iraq, obsesionada por la apropiación del petróleo de Medio Oriente, la América de Bush mira como le crecen los enanos en la América Latina. Sin duda ésta es diversa. No son exactamente lo mismo la Cuba de Castro que los movimientos indigenistas de la América Central con Chávez y Evo Morales; tampoco son idénticos estos al Brasil de Lula, al Chile de Bachelet, la Argentina de Kirchner y el Uruguay del Frente Amplio. Pero todos llevan un rasgo común: la afirmación de su personalidad nacional y de intereses comunes a toda Latinoamérica que la diferencian de EE UU. Esa tendencia se refleja también en el interior mismo del país de las barras y las estrellas, donde los cuarenta millones de hispanos han escogido la fecha del 1° de mayo –que evoca una dolorosa represión contra trabajadores de Chicago– paramanifestarse contra la política de Bush, que se ha propuesto criminalizar a once de esos 40 millones, que viven y trabajan sin papeles legales. Una afirmación de presencia en la vida política y social de EE UU como ésa por parte de la numerosa minoría hispana no se había producido jamás. Esta minoría, junto con la afroamericana y la corriente liberal progresista, que siempre ha existido en Norteamérica, pueden modificar seriamente, con el tiempo, la fisonomía política de esa gran federación de Estados. Todos esos cambios conforman la presencia de otra América en la esfera mundial, que ha surgido cuando los EE UU de Bush se hallan en un momento de crisis provocada por la política del grupo gobernante. Europa no puede ser insensible a esos fenómenos que amplían sus posibilidades de influir en el mundo con una línea de paz y respeto a la voluntad de cada pueblo. Y, muy particularmente, España no puede alejarse de las naciones hermanas que hablan nuestra lengua y enriquecen con sus aportaciones una cultura que nos es común. Ya no somos la España de los "conquistadores", el imperio, sino un Estado democrático animado por profundos sentimientos de solidaridad con pueblos que se esfuerzan por emerger a la libertad y a la dignidad nacional. La alianza de civilizaciones comienza para nosotros con el esfuerzo de solidaridad hacia esta otra América. |
| Hemeroteca |
