Nº 694 - 8 de mayo de 2006
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Berlusconi: ¿el final de la escapada?

por Juan Antonio Barrio

C on la primera sesión de las cámaras se inicia el proceso que conducirá, esperemos, a la formación de Gobierno por Romano Prodi. No ha sido fácil el camino hasta aquí, ni lo será a partir de ahora. Prodi será, seguramente, mejor presidente que candidato. Su falta de reflejos en el último debate mientras Berlusconi realizaba todo tipo de tramposas ofertas de última hora provocó, posiblemente, un resultado más ajustado aún de lo que ya pronosticaban las encuestas.

Se ha hablado mucho del "cazador cazado" debido al fracaso de las modificaciones electorales realizadas por Berlusconi (conceder el voto a los italianos residentes en el extranjero, así como el denominado "premio de mayoría" que aseguraba una cómoda mayoría en escaños a la Coalición que obtuviera un voto más en las elecciones para el Congreso).

Está claro que la apuesta de Berlusconi de una "victoria por la mínima" fue errónea por muy poco, y el diseño asociado a esa apuesta se volvió contra él. Pero precisamente esta actitud es un síntoma del tipo de "política ventajista" que supone Forza Italia y su líder. Sus compañeros de coalición, Fini y los Democristianos se han apresurado a modelar el diapasón de las enrabietadas denuncias de fraude lanzadas por Berlusconi. Ellos saben que si finalmente Prodi se asienta, Berlusconi ya no tendrá otra oportunidad y queda abierto el proceso de sustitución. Descartada la liga Norte por su presencia sólo regional, la lucha quedará entre Fini, que ha tenido el mérito de cambiar a su partido, inicialmente de extrema derecha –Alianza Nacional– hacia un partido conservador más templado y los democristianos, que ya han movido baza con la constitución de una nueva formación auspiciada por el hasta ahora presidente del Senado Mar-cello Pera y bendecido por el sumo pontífice, Benedicto XVI.

En la coalición de izquierdas, se abre un proceso de continuos retos a ritmo vertiginoso. En primer lugar, asentar el Gobierno parlamentariamente. En segundo lugar, deshacer los ventajismos mediáticos de Berlusconi con una nueva ley de incompatibilidades. Tercero –y aún más importante– legitimarse por una política no crispada y de recuperación económica sin gran conflictividad social. Y, finalmente, tomar nota de los resultados electorales. Las dos principales formaciones demócratas de izquierda, y Margarita, ob-
tuvieron un 31,3 % para la Cámara juntos en el Olivo y solo un 27,7 (3,4% menos) en el Senado por separado. El debate sobre la necesidad de una formación política conjunta que dé solidez a toda la Unión, encabezada por Prodi, ha sido relanzando de nuevo a sus líderes (Fassino y D'alema por los demócratas de izquierda y Rutelli por la Margarita) lo han recogido ya con mayor o menor sinceridad (la historia de este debate es ya larga).

Para terminar, Berlusconi dimite una vez fracasada su última maniobra: su candidato a la presidencia del Senado, el incombustible Julio Andreoti, perdía la elección frente al candidato de la Unión, Franco Moroni.

Por más que se haya especulado sobre posibles "avisos" a Prodi por parte de los Democristianos de la Unión (algunos confundieron, al parecer intencionadamente, el nombre de Franco escribiendo el nombre de Francesco) el resultado final es, el que la ventaja teórica –de dos escaños– tan sólo presagiaba. Ciertamente hay muchos mas obstáculos en el camino, el primero y más impactante, la elección del presidente de la República. Esta elección, tradicionalmente consensuada entre derecha e izquierda, abre un nuevo conflicto tras la decisión (*revocable?) de Carlo Azeglio Ciampi, de 85 años, de dimitir, persona que sí concitaría en el consenso. En ese caso D'alema también aspira al cargo. Continuará...

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