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Hemeroteca Esta semana
 
Nº 693 - 1/5/2006

Sí, no, abstención, voto nulo...


LOS MÚLTIPLES VOTOS DE ERC

Desde que el nuevo Estatuto de Cataluña comenzara su andadura en el Parlament hasta que sea sometido a Referéndum el próximo 18 de junio, Esquerra Republicana de Catalunya habrá recorrido todas las opciones posibles de voto -a
salvo del voto en blanco-. Desde el entusiasta sí en la Cámara catalana hasta el rotundo no en el Congreso cuando llegó la Comisión Constitucional con las rebajas, la formación ha ido cambiando de parecer haciendo equilibrios entre su propia
identidad y su supervivencia en el tripartito. Ahora acaba de saberse que ERC le ha dado una nueva vuelta de tuerca al asunto pidiendo a sus electores que emitan un voto nulo en el referéndum. La intención, nuevamente, es no poner en peligro su permanencia en el Govern regalándole al PP el voto en blanco, porque en la práctica es como emitir un no. Por si todo esto fuera poco, están pensando hacer un mix entre el no y la abstención en el Senado.


Por Virginia Miranda

L a relación de amor-odio que mantiene ERC con el Estatuto de Cataluña parece la de una pareja de enamorados. Un día les une la pasión, otro están desencantados, otro aparecen los celos... Ahora están atravesando uno de esos periodos de reflexión en los que cada uno se toma su tiempo sin darse el definitivo adiós; son demasiados los intereses comunes que han surgido a lo largo de todo este tiempo como para echarlos por la borda.

Sólo de esta forma se explica el sucesivo cambio de parecer de Esquerra sobre el Estatut. Le dieron el voto afirmativo en el Parlamento catalán porque su presencia en el tripartito les permitió incluir sus reivindicaciones políticas. En el Congreso, después de que la Comisión Constitucional recortara buena parte de sus demandas catalanistas, votaron en contra. Y por si fuera poco, el Gobierno de Zapatero había pactado con CiU un nuevo texto, dejándoles al margen de un proceso donde se consideraban indispensables por derecho propio.

Lo último y tal vez más enrevesado es su decisión sobre el voto que pedirán a sus electores en el Referéndum sobre el Estatuto, previsto para el 18 de junio. El asunto ha generado un intenso debate en la Ejecutiva, donde sus miembros se han dividido entre el no, el voto en blanco y el voto nulo. Porque el sí, a pesar de algunas manifestaciones favorables del líder de ERC, Josep Lluís Carod Rovira, y del presidente del Parlament, Ernest Benach, se considera, como dice Josep Huguet, conseller de Comercio, que es dar "un cheque en blanco a los políticos españoles" diciéndoles que "con Cataluña se puede hacer cualquier cosa".

El no significaría que, además de alinearse con el Partido Popular –Carod Rovira dice que esta opción es "patrimonio exclusivo" del PPC–, los republicanos pondrían en peligro su permanencia en el tripartito –Huguet reconoce además que, "ni que sea por unos cuántos artículos", el nuevo Estatut es preferible al actual–. El presidente catalán, Pasqual Maragall, ya no tendría más argumentos ante el PSC para garantizar la permanencia de Esquerra, que ya le ha colado en su remodelado Govern como conseller de Gobernación al discutido Xavier Vendrell, emisario de las cartas en las que reclamaba al personal de la Generalitat una cuota para sufragar los gastos de la formación.

El voto en blanco –defendido por el secretario general de ERC, Joan Puigcercóstampoco ha contado con el respaldo mayoritario de la Ejecutiva porque, en la práctica, puntúa como un voto negativo; se contabiliza como válido y por tanto plantea los mismos impedimentos que el no para que el sí alcance la mayoría absoluta. Las consecuencias políticas para los republicanos son por tanto las mismas.

Así las cosas, el voto nulo ha resultado ser un mal menor para Esquerra. Demuestra el rechazo de la formación al texto salido de las Cortes –de hecho, han pedido a sus simpatizantes que invaliden la papeleta escribiendo los motivos por los que no aceptan el Estatut– pero ni les alinea con los populares y su recogida de más de cuatro millones de firmas que Mariano Rajoy ya ha presentado al Congreso, ni les pone con un pieen la calle fuera del Govern –al menos de forma inmediata–.

Lo que todavía no está claro al cierre de esta edición es qué harán los senadores de Esquerra la próxima semana cuando el texto sea llevado al pleno de la Cámara Alta. Parece ser, lo cual entraría dentro de la lógica que vienen imprimiendo a sus últimas decisiones en torno al Estatut, es que tratarán de desmarcarse de forma simbólica de la aprobación sin que eso represente un obstáculo ni una coincidencia de criterios con el Partido Popular.

Joan Puigcercós y Joan Tarda, portavoz de ERC en el Congreso, han llegado a decir que Esquerra votará en contra, pero se habla también de que su no vaya acompañado de la abstención. Si los cuatro senadores republicanos emitieran un voto negativo, éstos se sumarían a los 125 del PP y al de Eusko Alkartasuna, provocando que el texto fuera devuelto al Congreso de los Diputados y no se pudiera cumplir el plazo de tres meses para convocar el Referéndum de ratificación el próximo 18 de junio, buscándole las cosquillas a sus socios de Gobierno en Cataluña y poniendo a CiU en bandeja la oportunidad de reclamar elecciones anticipadas. Por eso es que en ERC se han puesto a hacer cuentas para continuar con la fórmula del ni sí, ni no, sino todo lo contrario: sólo votarán en contra los parlamentarios que, sumados a los del PP y EA, no incline la balanza a favor de estas dos formaciones. El resto se abstendrán, permitiendo que el Senado de vía libre al Estatuto sin necesidad de darle su respaldo.

ERC ya ha enseñado sus cartas. Ha dicho lo que tenía que decir y ahora sólo queda esperar a ver qué queda de todo este galimatías tras el cómputo de las papeletas del Referéndum. De momento se pueden hacer pronósticos y, por lo que se ve, no son demasiado halagüeños para los republicanos. Ya hay quien les ha recordado que no se pueden atribuir la totalidad los votos nulos que siempre aparecen en las consultas populares y en las elecciones. Buena parte de las bases de ERC, con gran peso en el partido, se han alineado con la campaña "¡Ningún recorte al Estatuto!" impulsada por la propia formación. Y según una encuesta realizada por el Centro de Estudios de Opinión (CEO), dependiente de la Generalitat catalana, el 44,9% de los simpatizantes de Esquerra votarán sien el Referéndum.

Es decir, que ni los votos nulos serán tantos como desearían ni podrán convencer al resto de partidos de que todos ellos responden a su campaña en contra del texto estatutario. De hecho, si su fracaso fuera muy evidente, de poco les habrá servido hacer encaje de bolillos con las papeletas afirmativas, negativas, nulas o inexistentes. Desde el PSC y desde Convergencia i Unió ya están preconizando que, si Esquerra fracasa, Maragall ya no podrá seguir conteniendo a sus compañeros socialistas y al principal partido de la oposición en Cataluña que desde hace tiempo quieren ver a ERC fuera del Govern.

Pase lo que pase hay una cosa cierta en las críticas vertidas contra Carod y su equipo, y es que no hayan sabido hacer lo mismo –qué partido no cambia de opinión dependiendode si las circunstancias le son o no propicias– con más mano izquierda. ERC ha cometido el pecado de la inexperiencia, impetuosa y torpe como un novato tratando de echarle un pulso un veterano contrincante.

La formación se ha posicionado contra todo y contra todos. Incluso contra Maragall, su único aliado en el Govern catalán, a quien le ha impuesto un incómodo conseller. Sin embargo CiU, que vigila de cerca las torpezas de los socios del president, ha sabido sacar provecho de los acontecimientos y mientras el tripartito andaba dando muestras evidentes de su incompatibilidad de caracteres, Artur Mas se colaba en el despacho de Rodríguez Zapatero para acordar con él un Estatut que pasaba el filtro del Gobierno y, por lo tanto, era el único posible para Cataluña.

A falta de que la Cámara Alta le de el visto bueno definitivo, la campaña por el Esta-tut ya ha echado a andar. Josep Lluís Carod Rovira está claro lo que hará. Josep Piqué por supuesto pedirá el no con el aval de más de cuatro millones de firmas recién llegadas al Congreso. Artur Mas abogará por el sí recordando que si no es por CiU el Estatut habría quedado en papel mojado, mientras espera que el tripartito siga su escalada de des-encuentros allanándole el camino hacia la Generalitat. Y Pasqual Maragall irá a por todas sin olvidar a los inmigrantes procedentes de otras Comunidades Autónomas, la mayoría votantes de los socialistas catalanes –"Toda España se juega mucho" en el Referéndum, ha dicho el president convencido de la importancia del voto españolista–, y tratando de evitar el peligro que representa para el texto de reforma y para su propio Govern la petición del voto nulo de sus socios de Esquerra, a quienes acusa de hacerlo "con la boca pequeña".


Siguiendo los pasos de Barrera


Mala herencia es la que el histórico diputado Heribert Barrera le ha dejado a sus vástagos políticos. Para que luego se diga que de los errores se aprende.

Si a alguien le parece contradictorio que ERC rechace un Estatut decidido por los "españoles" y sin embargo pida a sus simpatizantes el voto nulo para no impedir su aprobación, si le parece fuera de toda lógica que critique con virulencia un texto y sin embargo reconozca que es mejor que el vigente, es que no recuerda lo que ocurrió en la votación de su actual Estatuto en 1979.

Los socialistas que siguen con detalle los pasos de ERC explican que en el camino de los republicanos ya se veía venir que entre sus opciones de voto caben todas las posibilidades: sí, no, voto nulo, en blanco o abstención. Lo mismo le ocurría a su único diputado de aquel entonces, Heribert Barrera, quien pronunció en la tribuna deoradores del Congreso de los Diputados un incendiario discurso en contra del Estatuto catalán para anunciar sin embargo, ante el asombro de los que acababan de escuchar sus palabras, su voto afirmativo.

Algunas de las frases de entonces son las siguientes: "Mi partido, Esquerra Republicana [...], ha sido muy crítico con el texto de Moncloa. No sólo no retiramos ninguna de nuestras críticas sino que consideramos que todavía nos quedamos cortos. Afirmo que Cataluña ha sido menospreciada [...]. No nos consideramos satisfechos, ni quedamos en nada agradecidos. No podemos estar satisfechos porque no recuperamos lo que teníamos ya bajo la República".

A pesar de este alegato, añadía más tarde: "Nuestro voto afirmativo no significa ninguna renuncia [...]. Este Estatuto es para nosotros sólo una etapa en una muy larga marcha"


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