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 Nº 693 - 1 de mayo de 2006


El precio del petróleo

por Carlos Berzosa

La escalada de la subida de los precios del petróleo que se está dando en los últimos tiempos, está generando grandes incertidumbres en la economía mundial para el futuro más inmediato, y todo hace pensar que de seguir así tendrá fuertes repercusiones en el crecimiento económico, que puede resentirse hasta quedar claramente debilitado. No obstante, llama la atención que a pesar de los incrementos habidos, los efectos tan perjudiciales que tuvieron lugar en los años 1973 y 1979, no se están dando de una forma tan inmediata como se produjeron entonces. En ello está influyendo el hecho de que la dependencia del petróleo sea algo menor que en aquellos años y que las economías del Norte sean más robustas que en la década de los noventa, aunque existan puntos débiles.

La subida de los precios del petróleo responde básicamente a motivaciones de índole política más que a la escasez de las reservas de crudo en la actualidad. La dependencia del suministro de los países árabes y de países como Venezuela, que suscita desconfianza en Estados Unidos y en las grandes corporaciones, está trayendo a colación la discusión sobre la necesidad de ir buscando alternativas energéticas para el creciente consumo en la economía mundial, al encontrarse las fuentes de suministro en países considerados poco fiables. También, aunque en menor medida, se está planteando la necesidad de alternativas ante el agotamiento posible en un futuro sin determinar, pero ciertamente próximo, del fin del petróleo. En este sentido resulta interesante el debate que acerca del ¿fin del petróleo? tiene lugar en el último número de la revista en la edición en castellano de World-Watch.

De algún modo vuelve el debate que tuvo lugar en los años setenta de ir elaborando planes energéticos en los que se sustituyera el petróleo por otras fuentes. En estos años, al igual que entonces, vuelve con fuerza la necesidad de impulsar la energía nuclear. Los defensores de esta fuente energética no cejan en su empeño y vuelven con renovada energía a defender sus tesis, basadas en parte en el miedo que se induce a la población, en el sentido de que si queremos mantener nuestro nivel de vida, no queda más remedio que impulsar esta fuente energética. No obstante, las dudas que se suscitaron en aquellas controversias siguen estando presentes y no se han resuelto treinta años después. Además, en estos días en los que se celebra el triste aniversario del accidente de Chernóbil resulta improcedente e imprudente defender las centrales nucleares cuando tantas dudas suscitan entre la población y entre muchos científicos. Por ello, creo que no sería un buen camino éste, sino el de otras posibilidades que se han explorado y se siguen explorando, pero que no se han impulsado suficientemente, sin duda por no tener detrás intereses económicos tan poderosos como los que existen en el caso del petróleo y la energía nuclear.

Esto es lo malo de los debates que se dan sobre las posibles fuentes energéticas, que siempre resulta difícil discernir lo que de cierto hay en los argumentos, o si lo que verdaderamente hay detrás de determinados razonamientos son esos grandes intereses económicos. En este aspecto resulta iluminador el libro del economista francés Jean-Marie Chevalier Les grandes batailles de l'énergie.

Lo que queda claro hoy es que las previsiones pesimistas que se hicieron acerca de las reservas de petróleo en los años setenta no se han cumplido, así como en la posible evolución que iba a tener el precio del crudo. En estos momentos hay reservas suficientes para atender la demanda mundial y el precio del petróleo ha venido evolucionando de un modo aceptable para la marcha de la economía. La situación presente está respondiendo más a problemas políticos, causados muchos de ellos por Estados Unidos, que a la inmediata escasez de las reservas. No obstante, resulta evidente que no se puede crecer al ritmo actual sin que el petróleo no tienda a agotarse, por lo que es más necesario que nunca investigar y fomentar alternativas energéticas, pues de lo contrario sí que se plantearán problemas en un futuro. Resulta necesario un debate honesto y científicamente solvente, sobre todo esto, y sin contaminar por los grandes intereses económicos que se mueven en torno a la energía.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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