Hemeroteca Esta semana
Nº 693 - 1 de mayo de 2006
El Parlamento regional aprueba esta semana la reforma del Estatuto de Autonomía

Andalucía, tras los pasos de Cataluña

Este martes, 2 de mayo, el pleno del Parlamento Andaluz dará luz verde a su nuevo Estatuto. El nuevo texto, además de las anunciadas ampliaciones competenciales contiene algunos elementos comunes con lo redactado en el nuevo Estatuto catalán, especialmente en materia de financiación, justicia, fiscalidad, reclamación de competencias sobre puertos, aeropuertos y otras infraestructuras de transporte, y una referencia en el preámbulo a la “realidad nacional” andaluza, que ha ocasionado que el PP anuncie su rechazo, al igual que el Partido Andalucista, aunque por razones opuestas, ya que el deseo de este último es que aparezca con nitidez la palabra nación. El 5 de mayo el documento será remitido a las Cortes Generales, y el referéndum para su aprobación definitiva está previsto para febrero del próximo 2007.

Por Pedro Antonio Navarro

Aunque el texto final del Estatuto de Autonomía de Andalucía contiene notables diferencias con el catalán, destaca la existencia de llamativos elementos comunes que indican que en la transformación del mapa autonómico a la que estamos asistiendo, ninguna comunidad desea quedar por debajo en sus transferencias competenciales y todas, o casi todas aspiran a conseguir el máximo que la Constitución permite. Y el techo está muy alto.

La introducción del término “realidad nacional” en el preámbulo de la nueva norma ha supuesto el distanciamiento del Partido Popular de unos acuerdos que parecían garantizar un altísimo consenso para el nuevo Estatuto andaluz. Solamente los ponentes socialistas amparan abiertamente esta referencia, ya que el Partido Andalucista e Izquierda Unida abogaban por la inclusión, directamente, del término “nación” –aunque IU ha apoyado el texto actual en la comisión, ya ha advertido que piensa introducir una enmienda en este sentido en el Pleno-, mientras que el Partido Popular reclama que se regrese al acuerdo que, en su momento habían suscrito con el PSOE para que en el preámbulo sólo se mencionase el término “nacionalidad histórica”, además de una referencia explícita a la “unidad indisoluble de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Aunque, tal vez desde una concepción más light, la sintomática inclusión de esta referencia parece el producto de una influencia directa de la redacción del nuevo Estatuto catalán, no es éste el único paralelismo que podemos encontrar. A lo largo de 244 artículos, 11 títulos y cinco disposiciones adicionales, el Estatuto establece las nuevas condiciones de autogobierno de la Comunidad Andaluza. Al igual que sucediera en el texto catalán, la nueva Carta política introduce un blindaje de las competencias autonómicas, al tiempo que establece la creación de una comisión mixta de Asuntos Económicos y Fiscales entre la Administración central y la autonómica para abordar la financiación que recibe Andalucía, además de otra Comisión Bilateral Junta-Estado de carácter permanente para asuntos comunitarios, aunque aparece como “determinante” el criterio de Andalucía en la posición del Estado español ante la Unión Europea en lo relativo a competencias autonómicas.

Más paralelismos; la Disposición Adicional Quinta reclama las competencias sobre puertos, aeropuertos, el servicio meteorológico, el tráfico y la seguridad vial, los museos, archivos y bibliotecas y también sobre la cuenca del Guadalquivir, mientras que la Disposición Adicional Segunda reclama el pago de la denominada “deuda histórica”, como fuente excepcional de financiación para garantizar los niveles mínimos, al tiempo que exige que la inversión del Estado en el territorio se haga de modo proporcional a la población de la comunidad autónoma.

No terminan aquí las similitudes. El nuevo Estatuto andaluz garantiza la existencia de un espacio fiscal propio y la participación en la Administración tributaria estatal, bajo los principios de multilateralidad y lealtad institucional. Continuando en el terreno económico, la nueva norma otorga a Andalucía la gestión y la ejecución de los Fondos Europeos que le corresponden.

Igualmente se introducen nuevos derechos sociales, de modo que los ciudadanos podrán recurrir a la justicia los incumplimientos del Estatuto que se produzcan. Además se reconoce la modalidad lingüística andaluza, la regulación de una Carta de los Derechos de los Ciudadanos, se establece la paridad de sexo en la composición de los órganos dependientes de la Junta, así como el derecho a una muerte digna y a la plena libertad sexual.

En cuanto a la organización territorial, la nueva redacción incluye un listado de las competencias de los municipios, como su participación en los tributos de la Comunidad, y que el fondo de nivelación municipal contará con dotaciones no condicionadas. El nuevo Estatuto plantea asimismo una reforma del Parlamento Andaluz para que, a partir de la próxima legislatura cuente con un mínimo de 109 diputados, mediante la modificación de la Ley Electoral andaluza.

Aparte de la mención a la “realidad nacional” del preámbulo, la principal oposición del Partido Popular a suscribir el nuevo texto estatutario radica en el Título referido a Economía, Empleo y Hacienda. De los 45 artículos de que consta, el PP ha pretendido suprimir nada menos que 22, alegando que son de dudosa constitucionalidad. Los populares están muy disgustados porque argumentan que sólo 14 de las 223 enmiendas que han presentado al Estatuto durante el trámite de Comisión, han sido aceptadas.

Así las cosas, hasta el momento y, so pena que el PP y los andalucistas lleguen a acuerdos de última hora con el Gobierno de la Junta, el nuevo texto tiene garantizada su aprobación en el Pleno del Parlamento Andaluz, el 2 de mayo, aunque sólo con los votos del PSOE y el apoyo crítico que se ha comprometido a brindar Izquierda Unida. El Partido Andalucista aseguraba que la inclusión del término “nación” en el Estatuto es “innegociable” y que por tanto, votará en contra en el trámite del próximo martes. IU sí lo apoyará en su conjunto, aunque ha anunciado la introducción de enmiendas para que sí conste la palabra “nación” en referencia a Andalucía, y otras menciones a la “construcción nacional”. El Partido Popular, al menos al momento de redactar esta información, se mantenía en su posición contraria, pese a haber partido de un acuerdo inicial con los socialistas, como el que les llevó a suscribir conjuntamente el Estatuto de la Comunidad Valenciana. Aunque los partidarios del sí cuentan con mayoría suficiente para conseguir la aprobación de la nueva redacción, si populares y andalucistas no se suman al apoyo, el Estatuto Andaluz nacerá con el más bajo nivel de consenso de los aprobados hasta este instante. Por ello la batalla dialéctica de estos días entre los dirigentes de los dos principales partidos está resultando especialmente dura. El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, instaba al PP a que se sumase al apoyo al nuevo texto, advirtiendo de que sería muy difícil explicar a los ciudadanos esa posición negativa, aunque Blanco consideraba que la oposición actual del PP andaluz no llegará al momento de la verdad del día 2 de mayo y que es una posición mantenida “con la boca pequeña”.

También ha tenido que salir a la palestra el propio presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, para asegurar que no se va a romper la unidad nacional “desde Andalucía, cuando, precisamente Andalucía es una de las comunidades autónomas donde se sustenta de una manera fuerte la unidad plural de este país”.

Es probable que los populares puedan sumarse a última hora, aunque parece menos probable que lo hagan los andalucistas, que han calificado varias de las propuestas contenidas en el texto estatutario como “traición”.

Raíces históricas del nacionalismo andaluz
Hay teorías que proclaman que existe desde siempre una esencia de lo andaluz, que ha permanecido a través de los siglos, y cuyos orígenes se remontan a tiempos remotos, desde Tartesos hasta nuestros días, atravesando las sucesivas civilizaciones que han dominado históricamente en las actuales ocho provincias andaluzas, como la romana, la musulmana y la castellana, perviviendo una especie de comunidad natural andalusí.

Pero también existen otras interpretaciones menos esencialistas. El antropólogo José Acosta sostiene que ha habido continuidades y rupturas en la evolución sociocultural de Andalucía. Define grandes periodos de continuidad y progreso. Éstos serían el de Tartesos, la más antigua civilización de Europa occidental, la Bética Romana y Al-Andalus. A su criterio, durante estos tres periodos, no se produciría ninguna ruptura estructural profunda, sino una evolución armónica cultural. Después establece dos épocas de ruptura y retroceso, ubicando la primera en el siglo XIII, con la implantación del feudalismo, y la segunda, en el siglo XIX, de la mano de la consolidación del capitalismo en toda el área.

Para el historiador Antonio Domínguez Ortiz, en su obra Historia de Andalucía, existe “la evidencia de una cultura andaluza y de una autoconciencia de la peculiaridad del hombre andaluz. (...) Aunque en el poblamiento de nuestra tierra haya habido rupturas de continuidad, algunas muy hondas, han permanecido ciertas constantes a lo largo de los siglos y milenios, y esas constantes son las que justifican que podamos hablar de una historia andaluza”.

Otras son las opiniones del antropólogo sevillano Isidoro Moreno. Según este autor, el primer descubrimiento consciente de la identidad andaluza se produce en el periodo entre 1868 y 1890, coincidiendo con el auge de nuevas corrientes de “pensamiento libre”. Es durante estos años que surgen los primeros antropólogos y folcloristas andaluces, que se dedican al estudio de la cultura popular, y que realizan las primeras definiciones de la etnicidad andaluza. Según Moreno, estos investigadores tratan de emplear una metodología científica en su investigación, pero no consiguen conectar con los movimientos sociales y políticos de la época. Moreno sitúa una segunda etapa de la búsqueda de una identidad andaluza entre 1910 y 1936, impulsada por un movimiento regionalista de carácter político-cultural, aunque no llegan a formular con coherencia teórica la identidad de Andalucía. Un tercer periodo lo ubica este antropólogo entre 1936 y 1981, en el que se culmina la generalización de la conciencia de identidad: “La cultura andaluza actual es una realidad que expresa la experiencia, básicamente común en sus aspectos fundamentales, de unas colectividades que se han ido convirtiendo en un pueblo específico, como fruto de un proceso histórico de varios siglos, que ha terminado de cristalizar, precisamente como una de las más importantes consecuencias del proceso de consolidación en España del modo de producción capitalista y la asignación a Andalucía de un papel dependiente y periférico dentro del sistema”. Moreno considera que la ruptura violenta de Andalucía en el siglo XIII y su reunificación violenta a finales del siglo XV constituyen el inicio de un “proceso histórico específico” distinto del que siguen otras regiones de la Península.

Pero las definiciones modernas de nación conllevan la adecuación a determinadas características. Una de ellas establece la nación como un grupo humano dotado de una personalidad singular debido a una larga existencia en común, una lengua característica, un territorio definido, una cultura y unas tradiciones comunes; por tanto, un grupo humano homogéneo. Aún precisa algo más la definición marxista que considera que nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad cultural.

La Andalucía que hoy conocemos surge en el siglo XIII, con el inicio de la conquista castellana del Al-Andalus bético del Guadalquivir, y desde entonces se han producido diversos cambios que algunos historiadores inscriben en cuatro fases. La primera fase arranca con el inicio de la conquista castellana del Al-Andalus bético, en 1212, hasta la caída del Reino Nazarí granadino, en 1492. Este momento coincide con un declive político y, sobre todo, militar. El territorio se encuentra sometido a la presión ejercida desde el norte por los reinos cristianos y, muy especialmente, por Castilla, y también a las incursiones desde el sur de almohades y almorávides.

La segunda fase abarca desde el siglo XVI hasta finales del XVIII. En este periodo se producen luchas de resistencia de los moriscos andaluces, especialmente en Andalucía Oriental, y también una cadena de luchas antifeudales a cargo de los repobladores, con especial incidencia en la Baja Andalucía. En estos años arranca el proceso de asimilación cultural de los moriscos andaluces, aunque no consiguió su propósito en buena medida, al igual que también constituyó un relativo fracaso la política de expulsiones de moriscos. Durante el reinado de Felipe V, el duque de Medina-Sidonia, junto al morisco Tair Al-Horr protagoniza un intento de independizar a Andalucía que resultaría abortado por el conde-duque de Olivares. También es durante esta época en la que se va desarrollando el hecho lingüístico andaluz y el flamenco en todas sus variantes.

La tercera fase se desarrolla entre 1835, en que se constituye la Junta Soberana de Andujar, y 1883, con la promulgación de la Constitución Andaluza de Antequera. Esta fase también es conocida como la del movimiento republicano federalista andaluz. El movimiento de 1835 aglutinó a las actuales ocho provincias en torno a una serie de reivindicaciones de carácter antifeudal, de la mano de la burguesía local. Era el punto de partida de lo que años más tarde se conoció como el movimiento republicano federal andaluz, que alcanzó su momento álgido con la promulgación de la Constitución de Antequera, en 1883, en realidad, el primer proyecto de estatuto de autonomía, redactado por destacados personajes en la lucha contra el absolutismo, que trataban de hacer coincidir la caída del Antiguo Régimen con la implantación de un Estado federal puro, constituido mediante pactos entre iguales; lo que la teoría política moderna considera una confederación. El movimiento federal andaluz coincide con el ascenso de la gran burguesía terrateniente, los fracasos de la burguesía industrial y no terrateniente y la acción “expoliadora” del capitalismo británico. Sus influencias ideológicas provenían en parte de las teorías federalistas de Pi i Margall, de Proudhon y del anarquismo en general. Sus máximos impulsores fueron francisco María Tubino y Pérez del Álamo. También, en un primer momento, Fermín Salvochea, que terminaría entregado abiertamente a la causa anarquista, junto a Pedro Vallina y Sánchez Rosas. El objetivo que se había marcado el movimiento era la consecución de una República federal en la que Andalucía pactaría de igual a igual su soberanía con el Estado español.

La cuarta fase se sitúa a comienzos del siglo XX hasta 1936, con el estallido de la Guerra Civil. Aquí surge la figura de Blas Infante como máximo impulsor de la identificación de las señas de identidad andaluzas. Muy radicalizado a la izquierda, sin embargo su origen es burgués. En su teorización vincula directamente la cuestión nacional con el contenido social y, especialmente acerca del grave problema de la posesión de la tierra. También  introduce una aproximación investigadora de la civilización andalusí, mientras que además, su concepción del nacionalismo se aleja de los grandes movimientos burgueses clásicos europeos. Existe una búsqueda de la esencia oriental y africana, lejos de una Europa que Blas Infante identificaba con feudalismo y barbarie. El nacionalismo propugnado por Infante incorporaba numerosos elementos de solidaridad interterritorial e, incluso, de cierto internacionalismo. Pronunció la frase: “Andalucía por sí; pero no para sí, sino para la Humanidad”, mientras que hablaba de “identidad de los valores democráticos, que no equivale a uniformidad cultural, sino que debe implicar la desaparición de todo presupuesto etnocentrista y el respeto de las diferencias culturales que fomente la tolerancia y posibilite la convivencia y colaboración entre individuos y pueblos de culturas distintas, como auténticos ciudadanos del mundo”.

Blas Infante, “padre de la patria andaluza”

El título oficial de “Padre de la Patria Andaluza” le fue concedido a título póstumo a Blas Infante por el Parlamento Andaluz en 1981. Este nombramiento fue efectuado por unanimidad de todos los parlamentarios.

El impulsor del moderno nacionalismo andaluz nacía en Casares (Málaga), en julio de 1885. Se crió en una villa de jornalero, hasta que en 1896 fue internado en el colegio de los Escolapios en la localidad de Archidona, donde permaneció hasta 1900. Por razones económicas, en ese momento se vio obligado a interrumpir sus estudios para trabajar como auxiliar en el juzgado de Casares. En 1904 retoma el estudio. En sólo dos años termina la carrera de Derecho y también estudia Filosofía y Letras. En 1909 es notario en Cantillana y comienza a hacerse asiduo del Ateneo de Sevilla. En 1913 participa en el Congreso Internacional Georgista, celebrado en Ronda. En su intervención ante el plenario, Infante lamenta que “los toros se engordan en las tierras que se niegan a los hombres forzados a emigrar. (...) La tierra más fértil de España está cerrada al trabajo”. Desde ese momento, su discurso, además del contenido nacionalista, también comienza a centrarse en el problema de la tierra.

Poco a poco, sus posiciones se van radicalizando. De una postura regionalista expresada en la Asamblea de Ronda, en 1918, pasa a un abierto nacionalismo en la asamblea de Córdoba, del año siguiente. En una de sus intervenciones afirma: “Rechacemos la representación de un Estado que nos deshonra. Declarémonos separatistas de este Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros. Avergoncémonos de haberlo sufrido y condenémoslo al desprecio”.
Paralelamente comienza una aproximación al anarquismo y al comunismo. En su obra “La dictadura pedagógica”, comenta la reciente revolución bochevique: “Rusia, aislada y combatida por la Liga de las naciones burguesas, afirmará dentro de sí la revolución, y se lanzará sobre el mundo entero. Y aunque, accidentalmente, pudiera ser vencido ese sistema revolucionario en Rusia, los gérmenes que lanzó al mundo oriental y occidental, volverán a florecer en un triunfo universal y relativamente definitivo de su revolución”.

A su traslado a Sevilla funda la editorial Avante, en la que se publican algunas de sus obras, aunque esta actividad quedó interrumpida por la dictadura del general Primo de Rivera. En este periodo, Infante permuta su notaría en Cantillana por otra en la localidad de Isla Cristina (Huelva), a finales de 1923. Entonces realiza un preparado viaje a Marruecos y visita la tumba de Al-Motamid, último rey de Sevilla, en el desierto de Agmat.
Al término de la dictadura se traslada como notario a Coria del Río y, con la proclamación de la II República, constituye las Juntas Liberalistas de Andalucía. En 1933 forma una candidatura con Eduardo Ortega y Gasset, por la circunscripción de Málaga, presentándose como andalucistas independientes.

A instancias de la Federación de Municipios Andaluces, en 1934 se constituye una Junta de Acción Andalucista, de la que saldría posteriormente una comisión para la redacción del Estatuto, basado en el borrador aprobado en la Asamblea de Córdoba. En 1936, tras las elecciones que dieron el triunfo al Frente Popular, se intensifica la campaña andalucista por el autogobierno. Blas Infante es propuesto para presidir la nueva Asamblea. Una primera sesión tiene lugar el 6 de junio; una semana más tarde, se celebra la Asamblea en la Diputación de Cádiz, tras la que se iza la bandera de Andalucía en el ayuntamiento de la ciudad. El 14 de julio se repiten los actos en Sevilla, donde, igualmente, se coloca la bandera andaluza en el exterior del consistorio.

Unos días antes, el 10 de julio, se había estrenado oficialmente el Himno de Andalucía, también en Sevilla, interpretado por la banda municipal.

Al estallar la rebelión militar que derivó en la Guerra Civil, Blas Infante permaneció en su domicilio de Coria del Río. El 2 de agosto, una cuadrilla de la Falange lo detiene y lo lleva a su sede, en el edificio de la Cámara Agraria. Desde allí, dos días más tarde fue conducido a una checa improvisada en el cine Jáuregui, donde comparte detención con otros muchos. La noche del 10 de agosto es conducido por los falangistas hasta el kilómetro 4 de la carretera de Carmona. Allí fue fusilado. Se le había aplicado un bando de guerra, porque “formó parte de una candidatura de tendencias revolucionarias en las elecciones de 1931 y sucesivos hasta 1936, y se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz”. La condena a muerte no fue comunicada a sus allegados hasta cuatro años después de muerto.


Distinciones andaluzas:

de Alberti a la duquesa de Alba

La Junta de Andalucía concede anualmente a una serie de personajes públicos de origen en esta comunidad autónoma, las más altas distinciones de la Administración regional, el título de Hijo/a Predilecto/a y la Medalla de Andalucía. El primero se instituyó en agosto de 1983, con la finalidad de otorgar reconocimiento público “de los méritos excepcionales o la distinción a quienes en relación con Andalucía, por su trabajo o actuaciones científicas, sociales o políticas, se considere que se hayan hecho acreedores de recompensa”.

La Medalla de Andalucía se institucionaliza tiempo después, en junio de 1985, como distinción honorífica “que se concede en reconocimiento de méritos, acciones y servicios excepcionales o extraordinarios realizados en tiempos de paz por ciudadanos, grupos o entidades andaluces, españoles o extranjeros”
La entrega de estos galardones este año ha estado rodeada de polémica al haber recibido una de las distinciones la duquesa de Alba, una de las mayores terratenientes del país. Una gran manifestación de trabajadores del campo se concentraba ante la desde de la Junta de Andalucía protestando por la concesión de este reconocimiento que, no solamente consideraban injusto, sino toda una provocación. Al final del acto se produjeron duros enfrentamientos entre policías y manifestantes, y las imágenes recorrieron los informativos televisivos nacionales durante todo el día.

No ha sido ésta la única condecoración polémica efectuada por el Gobierno andaluz. También recibía una medalla recientemente el cantante David Bisbal, aunque desde que arrancó el camino de estos galardones, este gremio ha sido uno de los más condecorados.

En su primera edición fueron nombrados Hijos Predilectos el cantaor Antonio Mairena, los poetas Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y Jorge Guillén, además del guitarrista Andrés Segovia y el historiador Ramón Carande. En posteriores entregas se han visto beneficiados numerosos cantantes, especialmente los dedicados al flamenco. Han recibido medallas o nombramientos Rocío Jurado, Joaquín Sabina, Carlos Cano, Dolores Jiménez (“Niña de la Puebla”), José Monge (“Camarón de la Isla”), Chano Lobato, Carmen Linares, Juanito Valderrama, Alejandro Sanz, Miguel Ríos o Isabel Pantoja.

Tampoco salen mal parados los deportistas. Entre otros, han resultado galardonados Teresa Zabell, Juan Gómez (“Juanito”), El Real Club Deportivo de Huelva, el Sevilla Fútbol Club, Rafael Gordillo, Andrés Jiménez, Fernando Hierro o Francisco Narváez (“Kiko”). También numerosos periodistas han recibido alguna de estas distinciones; José Antonio Martínez Soler, Jesús Quintero, Víctor Márquez Reviriego, Jesús Hermida, Paco Lobatón, María Teresa Campos, Carlos Herrera o Iñaki Gabilondo engrosan esta lista y, por supuesto, el mundo de las letras y la cultura, los políticos, agrupaciones empresariales y sindicales. Sin olvidar a instituciones religiosas y al campo de la judicatura. Entre otros muchos, se encuentran el ex presidente Felipe González, Rafael Escuredo, UGT, CC OO y la Confederación de Empresarios de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, Federico Mayor Zaragoza, Manuel Clavero Arévalo, Manuel Jiménez de Parga, Bernat Soria, la Universidad de Sevilla, Sara Baras, Paz Vega, Maribel Quiñónes (“Martirio”),  Antonio Gala, María Zambrano, Carlos Castilla del Pino, Paco de Lucía, Luis Rosales, José Luis Gómez, Antonio Muñoz Molina, Cristina Hoyos, la Academia de la Guardia Civil de Úbeda-Baeza, Curro Romero, Juan Goytisolo, Amin Maalouf, Antonio Banderas, los diseñadores “Victorio & Lucchino”, José Manuel Caballero Bonald, Luis Rojas Marcos, Emilio Aragón (“Miliki”), Ian Gibson, Antonio Canales, el arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, la cofradía de la Virgen de la Cabeza de Andujar, la Asociación Provincial de Empresarios del Mármol de Almería o Juan Diego.

Una lista muy irregular a la que hay que añadir los ya citados David Bisbal y la duquesa de Alba, y como anécdota, mencionar la concesión del Título de Hijo Predilecto, en 1999, al movimiento rociero, personificado en la Hermandad Matriz de Almonte (Huelva).

 

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