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Nº 693
1/5/2006

Los experimentos, con gaseosa

Los experimentos, con gaseosa, joven", le espetó Eugenio D'Ors a un camarero que, desconocedor de cómo se abría una botella de champán, probó de hacerlo de modo tan torpe que acabó derramando en la chaqueta del escritor la mayor parte del preciado líquido.

Zapatero hizo un experimento semejante al nombrar una ministra de Educación como María Jesús San Segundo. Dos años después el presidente ha rectificado, que siempre es un ejercicio de sabios según el refranero. Probablemente ZP sea sabio, pero en la designación de la catedrática San Segundo actuó como el camarero de la anécdota d orsiana.

A veces los consejeros áulicos de los mandamases se equivocan. Incluso se confunden de persona conforme dicen que le ocurrió a Franco al designar como ministro precisamente de Educación a Julio Rodríguez (1972), a quien ni siquiera conocía. Rodríguez fue un ministro pintoresco, eso sí de la extrema derecha, que hasta se inventó un denominado calendario juliano para aplicar en las aulas.

Del error a Zapatero lo ha salvado el lobby de los rectores, aunque fuera otro rector quien recomendara al entonces todavía líder de la oposición el nombre de San Segundo. Conste de inmediato que no se trata de cuestionar en absoluto la valía profesional y académica de la ex ministra. Pero no es lo mismo ser profesor universitario o profesora universitaria que ministro/a. Los hay que han llegado a ser políticos extraordinarios, como Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero ser catedrático no garantiza, en el ámbito político, nada en sí mismo sobresaliente. Ni catedrático ni cualquier otra especialidad académica o no académica.

ZP siente una especial fascinación por el mundo universitario. Eso no supone demérito alguno, aunque tampoco confirma, por supuesto, calidad acreditada pa-ra desenvolverse en un universo tan complejo y contradictorio cual es el de la política. Ahora el presidente ha hecho caso de los rectores progresistas, más o menos próximos al PSOE, que habían seguido con creciente inquietud el escaso liderazgo, y nulo tacto, de San Segundo como ministra.

Logró desencallar San Segundo la LOE gracias a los buenos oficios de Pérez Rubalcaba, quien empezó hace muchos años su carrera ministerial siendo titular de la cartera de Educación. En el horizonte cercano, la Ley de Universidades exigía una ministra distinta a la recientemente destituida. Lo sabían los rectores de confianza en Moncloa y lo sabía también la vicepresidenta Fernández de la Vega. ¿Será capaz Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, otra catedrática, de afrontar el nuevo reto? Genéticamente, sus vinculaciones con los Calvo-Sotelo y los Morán permiten pensar que la política sí forma parte de su estructura personal, a pesar de que tampoco tiene excesivos antecedentes en la lid política.

Este episodio no favorece, ciertamente, a ZP, responsable máximo de los nombramientos de su Gobierno. Pero tampoco hay que concederle ni mucho menos una trascendencia decisiva. Estamos ante un problema menor, encarrilado con discreción y oscurecido además por la salida de José Bono del Ministerio de Defensa. Lo relevante en la actualidad -cada día con más fuerza y con no pocos riesgos se halla en el proceso de paz iniciado en Euskadi. Es en ese terreno donde ZP se la juega de verdad. Se la juega él y nos la jugamos todos. El caso San Segundo terminará ocupando en el futuro una nota a pie de página en los libros de especialistas sobre el mandato de ZP.

Claro que si Mercedes Cabrera CalvoSotelo tampoco triunfa la cosa puede ser más preocupante para el PSOE. Lo dicho, ZP: "Los experimentos con gaseosa."

Enric Sopena

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