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Pasear por ese Retiro preñado de
verdes y ráfagas de lilas, leyendo De Senectute de Cicerón,
en versión latín-español, es un lujo de tercera edad, de segunda oportunidad y de primera división. Al tiempo, la gripe aviar, entre tanto pájaro, niños, viejos y mocitas de buen ver, resulta remota, distante, banal e inofensiva. Y también Chernóbil y toda la energía nuclear. Y hasta la COPE (banal).
Conforme me acerco a la edad en que murió, asesinado, Marco Tulio Cicerón (64 años), preámbulo de no se sabe cuan larga jubilación, vejez y dependencia, con la vista cada día más perdida en el espejo retrovisor, rebobinando los pasos
perdidos, jalones de lo que
fue, lo que pasó, sus cómos
y porqués acusadores de lo
que dejé sin hacer o no hice bien, trenzando los recuerdos con penas, alegrías y ausentes, me esfuerzo
en encontrar nuevas perchas donde colgar nuevos
motivos de ilusión. Como
todo quisque, supongo.
Cicerón, en su apología de la vejez, pone en boca de Catón el Viejo sus reflexiones sobre la senectud, deshojando sus consejos geriátricos en el marco del Corpus Hippocraticum en vigor, precursor del magisterio galeno. En De Senectute, Cicerón aparca su arrolladora capacidad dialéctica, que muestra en Filipicas y Catilinarias, para desarrollar sin alarde y con tono íntimo, y cariñoso diría yo, su sabiduría de anciano historiador, político, filósofo, científico, ..., intelectual, en suma.
(Alguien debería hacer una traducción/adaptación/recreación al momento y lenguaje actual. Es magistral, ameno, divertido...).
La juventud se cura con el tiempo, pe-ro esto de la edad es un mal rollo que, o va a peor, o peor, porque se acaba. Yo tengo alguna experiencia, desde joven, en el trato con gente mayor (viejos son los trapos, las personas son viejecitos). Conozco sus encantos y sus miserias. Aunque no me veo aún en esa situación, sí es cierto que ya ni me extraño cuando me llaman de usted las amigas de mis hijas, y sí empiezo a tener añoranzas. ¡Tate!, hete ahí los primeros síntomas. Poco más y a darle a las batallitas de cuando ligabas con aquella chavala de Corte y Confección trajinándola desaforadamente en el portal, bajo un letrero de "Se cogen puntos de medias".
En medio del desmadre
este de la política; OPAs; treguas; Marbellas y nucleares, con la consabida guarnición de temporada: toros, fútbol, primeras comuniones, bodas y separaciones..., resulta que el proyecto político más importante, serio y sustantivo de esta legislatura zapateril, la Ley de Dependencia, no parece interesar más que a los periféricos del tema: compañías de seguros, técnicos y funcionarios de la materia
(claro, que, ¡manda carayo! con lo de "dependencia").
Y, me repito, es, con mucho, la respuesta política más progresista, más social y la mejor iniciativa a las tan manoseadas circunstancias, situación, realidad, coyuntura... actualidad y futuro.
Con el voto a favor de Sirios a Troyanos (desde PP a ERC, con independientes incluidos). ¿Por qué será?.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo y yo (mayor ya) pienso que este ZP Jr., como siga por este camino, va a dejar sin sentido a la III. Traduzco: no nos va a quedar nada que innovar a los Republicanos.
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