| Hemeroteca |
![]() |
|
Nº 693 - 1 de mayo de 2006 |
|
Este mundo loco... por Santiago Carrillo La situación en el Próximo Oriente sigue estando en el centro de las tensiones mundiales más agudas. La guerra de Iraq se ha convertido en una tremenda trampa a la que los EE UU ha sido llevados por Bush y su banda de petroleros y armamentistas –el célebre complejo militar-industrial que ya denunció Eisenhower–. Más de tres meses después de unas elecciones que pretenden hacer pasar como un acto democrático normal –en un país bajo la ocupación militar con una auténtica guerra civil añadida–, aún no ha sido posible formar Gobierno. Crear un Gobierno con autoridad real en ese país resulta prácticamente la cuadratura del círculo. Las cosas se complican todavía más, cuando en vez de limitar el conflicto se amplía éste con la amenaza de un ataque a Irán. Y todavía más con el anuncio de que el Pentágono, por iniciativa del peligroso Rumsfeld, proyecta extender la "guerra contra el terrorismo" al mundo entero. Hasta ahora Irán ha manifestado que desea desarrollar tecnología nuclear para la producción de energía con fines pacíficos, lo que desde el punto de vista del Tratado de No Proliferación no sería ilegal. Existe la duda, no infundada, de que el Gobierno iraní piense en dotarse del arma atómica. Es cierto que la proliferación de este arma no contribuye a crear tranquilidad. Pero un ataque a Irán para impedirlo no mejoraría en nada la situación; al contrario, tendría repercusiones en la economía y la política mundial, difíciles de evaluar, pero desde luego mucho peores. Si Iraq solo es ya un desastre, la extensión del ataque a Irán provocaría consecuencias inadmisibles. Siendo como es la existencia de armas atómicas uno de los grandes peligros de esta época para la supervivencia de la especie humana, la solución efectiva a tal amenaza en un mundo donde impere el Derecho no es el monopolio de su posesión por EE UU y al gunas potencias privilegiadas que puedan utilizarla con fines de dominación sobre los países desposeídos de ella. Aunque los EE UU la utilizaron ya en la Segunda Guerra Mundial, innecesariamente, la única solución real consistiría en la prohibición y la destrucción generalizada de tal arma. Precisamente, la demostración de lo gravemente enfermo que está nuestro mundo hoy es que cuando enuncias este postulado la mayoría de los que te escuchan lo consideran irrealizable y utópico, mientras que, en cambio, parecen resignarse a la posibilidad de una guerra nuclear que sería letal para la conservación de la vida en nuestro planeta. Al profundizar en los orígenes del actual conflicto, localizado precisamente en el Próximo Oriente, hay que recordar que el epicentro del seísmo se sitúa en el conflicto israelo-palestino. De ahí ha partido todo. En 1947, la ONU, contra la oposición de los países árabe, decidió la creación de dos Estados en el territorio de Palestina, uno hebreo y otro árabe. Es tarde para hacer un juicio sobre el acierto o el error de esta decisión. Algunos países árabes llevaron su oposición hasta el intento de destruir militarmente el Estado israelí y fracasaron. El resultado fue que Palestina se convirtió en el Estado de Israel y que gran parte de la población árabe fue expulsada de sus casas y tierras y dispersada en muchos casos en auténticos campos de concentración en los países árabes vecinos. Nunca llegaron a crearse de verdad dos Estados. Los árabes no han conseguido otra cosa que una ilusoria autonomía en parte de los territorios, que no pasaron nunca de ser más que un protectorado israelí. La ONU no ha sido capaz de aplicar sus propias resoluciones. Y Occidente, bajo la presión de los EE UU, ha mantenido esta situación de desigualdad hasta el día de hoy. El enfrentamiento actual del mundo islámico y occidental se ha convertido en una gran amenaza para la paz del mundo a partir del conflicto palestino. De ahí se desprende que una política realista y pacífica tendría que empezar con medidas que hagan posible de verdad la existencia de un Estado árabe que hoy no es más que un sueño. Pero, por desgracia, la voluntad de imponer esto no aparece por ningún lado. Contemplado lo que está sucediendo hoy en el Próximo Oriente, viendo a Rumsfeld intentar generalizar la llamada "guerra contra el terrorismo"en el mundo entero, mientras Bin Laden propone un alto el fuego, uno llega a pensar que la locura está yendo demasiado lejos. |
| Hemeroteca |
