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Las OPAs, en primera línea de fuego
El triunvirato popular –Rajoy, Acebes, Zaplana– concentró su artillería el pasado miércoles sobre el ministro Montilla y, naturalmente, sobre Zapatero aprovechando las últimas banderillas colocadas sobre el lomo gubernamental. El ministro Montilla, un caprichoso según Rajoy, tiene el honor de ser el más solicitado para que se vaya a casa, aunque con suma educación y nulas esperanzas. El Partido Popular ha seleccionado este asunto de las OPAs sobre Endesa, aparentemente mercantil, como centro de su discurso opositor junto con el "España se rompe" y "a este país le salen todos los días naciones". Últimamente la oposición se apoya en buenas municiones: la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid suspendiendo cautelarmente la OPA de Gas Natural en razón de supuestos pactos colusorios de la competencia; la suspensión por el Tribunal Supremo de la decisión del Consejo de Ministros autorizando la oferta de Gas Natural con 20 condiciones, y la autorización por la Comisión Europea, sin condición alguna, de la OPA de la alemana E.ON y su propósito de abrir a España un expediente sancionador. El presidente Zapatero no se ha limitado a escuchar las opiniones enfrentadas del vicepresidente Solbes y del ministro José Montilla, sino que se ha reservado el asunto añadiéndolo a las otras dos cuestiones de las que se ocupa personalmente: ETA y Estatut. Resulta chocante cómo el socialista, internacionalista de ideología, aboga por la españolidad de Gas Natural mientras el nacionalista Rajoy saca la lanza por la alemana aunque todos sabemos lo que cada cual quiere apoyar tras la retórica de los discursos, quealgo tiene que ver con la comunión política del presidente de Endesa. Zapatero y Rajoy se han defendido resaltando que el Supremo no ha entrado en el fondo del asunto, que la suspensión es una precaución para evitar perjuicios irreversibles. Sin embargo, el Supremo tardará en decidirse sobre el fondo del asunto unos dos años, lo que puede invalidar la decisión del Gobierno que, como tal, es política –quiero decir discrecional– y no jurídica. Es fácil, pues, que la forma se convierta en el fondo pues el tiempo de espera es un factor determinante en las operaciones financieras.
El supremo auto pudiera enmarcarse en un duro enfrentamiento entre el poder legislativo, que nombra al ejecutivo, y el judicial, que ha llegado a extremos insoportables con
el desafío de Francisco José Hernando, presidente del alto tribunal, al Parlamento, órgano de la soberanía popular.
Un asunto en el que están implicadas importantes empresas, cientos de miles de trabajadores y millones de accionistas no debería estar sometido a las tensiones políticas ni generar precedentes indeseables. La situación es tan mala que presenta esperanzas de solución; se abre la posibilidad de negociación entre Manuel Pizarro, presidente de Endesa, y Ricardo Fornesa, presidente de La Caixa y responsable máximo de la operación de su filial. Ambos se juegan mucho en el empeño. El primero, inasequible al desaliento, ha ido de derrota en derrota –ha perdido todas las batallas jurídicas, en Madrid y en Bruselas– hasta una doble victoria importante. El infatigable aragonés salió a hombros de su Junta de Accionistas al conseguir que la alemana E.ON elevara el precio de las acciones al tiempo que dejaba a Gas Natural en entredicho por la parquedad de su oferta. Sin embargo, su victoria puede resultarle pírrica si impide a los accionistas tomar decisiones sobre su patrimonio durante un largo periodo, un plazo que en Bolsa se acerca al infinito. Por su parte, Ricardo Fornesa, que además de eficiente suministrador de los servicios más diversos, desde el agua y el gas a las autopistas y la salud, en los que ha irrumpido La Caixa, es ante todo el presidente de ésta y sabe muy bien que una entidad financiera no debe entrar, si puede evitarlo, en contiendas políticas. Así lo vio Fornesa, quien envió a su hombre más templado, Isidre Fainé, a la la sede del PP para pedir árnica a Mariano Rajoy. Cuando todos pueden perder suele imponerse la paz o el compromiso sobre el abismo. Fornesa quiere la paz y Pizarro el territorio; El presidente de Endesa está dispuesto al pacto siempre que Gas Natural retire previamente la OPA. En la gasista se responde que todo acuerdo es posible pero que antes hay que pactar en qué condiciones se retira.
El Gobierno está especialmente interesado en "una solución pacifica" que no le humille en exceso ni frustre el sueño de Zapatero de que las decisiones energéticas se tomen en Madrid o en Barcelona con preferencia a Berlín. Un pacto que garantice la españolidad de Endesa, que hoy Zapatero considera innegociable y que sea aceptable por las partes en conflicto. Algunas armas tiene el Gobierno, editor del BOE, del que dependen, entre otras dependencias, las tarifas eléctricas que condicionan los resultados. •
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