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El caos italiano Uno no gana para sorpresas. En los tiempos en que se quiere y se reclama ahondar en los porcedimientos democráticos, acercando a electores y elegidos, buscando fórmulas de conexión entre representantes y representados, nos encontramos con que en ltalia, país de acendrada tradición democrática han dado, espero que de forma efímera muchos pasos para atrás en sus formas electorales. Yo me he enterado del sistema nuevo de elecciones en ltalia por las elecciones de hace quince días, y es realmente disparatado. Cuando aquí se buscan soluciones de listas abiertas, resulta que allí los electores no votan ni a los candidatos, sólo se elige partido político y coalición electoral, vamos, como puede pasar en las primeras elecciones democráticas de un país del Tercer Mundo. Mayor desconexión entre gobernantes y gobernados es imposible. Mayor desprecio por el electorado es difícil de encontrar. Y no solamente es eso, es que además es la vuelta a situaciones que parecían definitivamente enterradas en la historia de las corruptelas electorales, como aquello conocido como guerrimandering que consistía en modificar los distritos en el sistema mayoritario para favorecer al gobernante de turno. Como el demente que hizo la Ley electoral preveía que la abstención perjudicaba a los arribistas políticos que gobernaban Italia, se le ocurrió prolongar el plazo de duración de las elecciones. Es penoso que hoy en día se quiera jugar y manipular la democracia de forma tal. No llegó al voto obligatorio posiblemente porque lo proscribe la Constitución. Menos mal que han perdido las elecciones. Qué no sería capaz de hacer quién hace semejante engendro. Luego nos hemos enterado que el que hizo materialmente la Ley electoral era una persona avezada en la Ciencia Política cuya profesión es dentista, con todos mis respetos para los odontólogos. Que es lo mismo que si un jurista o reconocido sociólogo se pone a hacer endodoncias. Pero si sorprendente es el sistema electoral, más si cabe es el resultado. Aparte de que el triunfador de las elecciones ha sido el voto nulo, o sea la protesta, ha ocurrido un empate total. O sea que las elecciones las ha ganado la suerte. Como ocurrió en las elecciones de Madrid. O como nuestra legislación electoral prevé en las municipales para el empate: que se eche a suertes. Algo no funciona. Lo siento por Italia. Si le añadimos que el elector no puede tocar al elegido porque no se eligen personas físicas sino jurídicas, llegamos al disloque del sistema. Una cosa es que se quieran buscar gobiernos estables y otra que se pierda todo respeto al ciudadano. Hay que volver a reflexionar sobre los sistemas electorales. El sistema proporcional con listas abiertas no funciona, ni siquiera en circunscripciones pequeñas, véase nuestras elecciones al Senado, que saca más votos el candidato del partido mayoritario cuyo apellido empieza por una letra más cerca de la "a". El único sistema que garantiza la cercanía al elector y la libertad del elegido es el mayoritario con distritos uninominales, hecho con cabeza y seriedad, no queriendo sacar subrepticias tajadas. Y por supuesto que garantiza gobiernos estables, como en Gran Bretaña. Con la ventaja que unos cuantos diputados pueden dejar plantado a su gobierno y a Blair le ha pasado unas cuantas veces. Espero que lo primero que haga el gobierno de Prodi sea cambiar la Ley electoral. Fernando F. Trocóniz |
