Hemeroteca
Esta semana
Lista Temas de portada
Nº 692 - 24 de abril de 2006

El príncipe Felipe no quiere ser Carlos de Inglaterra

¿Abdicaría?

  Mientras Isabel II de Inglaterra celebra estos días sus 80 años y su legítimo heredero espera en vano una posible abdicación, en el Palacio de la Zarzuela llevan un mes espantando semejante palabra. Fue en el reciente viaje oficial de los Reyes a Francia cuando Don Juan Carlos se llevó la sorpresa. Sabía que su encuentro en Toulouse con los hijos de los republicanos que tuvieron que exiliarse iba a ser muy comentado. Lo que no esperaba era encontrar en la prensa local informaciones que aseguraban que ésta iba a ser su última visita al país ya que la abdicación del Rey está ya en agenda. La Casa Real ha desmentido esa supuesta cesión de derechos. Sin embargo, la abdicación es una posibilidad que hace tan sólo unos años era casi imposible pero que hoy, con Don Felipe ya casado y con descendencia, no se puede descartar. El Rey, en principio, rechaza de plano esta posibilidad pero también se percibe que el creciente entorno de Don Felipe puede estar abonando el camino.

Por Vera Castelló  

España, mañana, será republicana”. Los reyes aguantaron estoicos estos gritos surgidos de un grupo de jóvenes que se encontraban a las puertas del Ayuntamiento de Toulouse, la ciudad que fue sede del Gobierno republicano en el exilio y domicilio de la mayor concentración de refugiados españoles tras la Guerra Civil en su reciente viaje oficial a Francia. Otro grupo, mucho más numeroso, en cambio, aplaudía y se disputaban la posibilidad de estrechar la mano de don Juan Carlos y doña Sofía. Ambas escenas se esperaban.

Lo que sí que no estaba entre los planes es que el día anterior al inicio de su visita oficial al país los franceses se encontraran en Le Figaro con un artículo en el que se daba por hecho que el monarca tiene en mente cederle en vida el cetro a don Felipe. El texto publicado hace referencia a los 68 años de edad de Juan Carlos I como unas de las razones por la que, de aquí a algunos años, deje las rienda de la monarquía, al tiempo que serviría para “asegurar la sucesión de su hijo, con ya 38 años”. El Monarca español "está preparando su partida del trono con la misma inteligencia con la que ha reinado", declara un especialista en asuntos monárquicos al periódico francés, y es que el propio Le Figaro considera que a don Felipe le será "difícil" gozar del mismo carisma que su padre después de que muchos españoles se definan más "juancarlistas que realistas".

Es la segunda vez en poco tiempo que la Casa del Rey ve necesario salir a desmentir una información acerca de la posible abdicación de don Juan Carlos. Hace ahora dos años tuvo que calificar de "barbaridad" el rumor publicado por un diario digital español, según el cual el Rey tenía previsto abdicar en favor de su hijo, el Príncipe de Asturias, tras celebrarse su boda con doña Letizia. Según recogió la Agencia Efe en aquel momento, un portavoz autorizado de la Casa del Rey afirmó que lo publicado era "un bulo sin el mas mínimo fundamento". Ahora, tras lo publicado por la prensa francesa, Zarzuela se ha limitado a afirmar que la noticia "no merece el más mínimo crédito".

Pero lo cierto es que en los dos años que separan ambos desmentidos las circunstancias han cambiado mucho. Ahora don Felipe no sólo está casado, sino que es padre de una criatura, la infanta doña Leonor que, una vez afrontados los cambios legislativos pertinentes en nuestra Constitución, podrá asumir algún día el trono, dando continuidad a la Institución, la principal misión de un heredero.

Ahora Don Felipe se sabe con el deber cumplido -aunque posiblemente la pareja esté barajando darle un hermanito o hermanita a doña Leonor para terminar de asegurar la sucesión-, una sensación que no ha tenido hasta hace bien poco tiempo. Han sido muchos los años durante los cuáles don Felipe ha sufrido la presión de no encontrar, pese a que era ya treintañero, la mujer que pudiera desempeñar un papel tan especial, y ahora posiblemente comience a encontrarse con la confianza suficiente en sí mismo como para creerse ya preparado para asumir el trono que todavía ocupa su padre don Juan Carlos. Otra cosa es que el propio monarca lo vea de la misma manera.

Hasta ahora el monarca ha contado con un entorno que no ha dudado en apoyarle y ayudar a consolidar su imagen, sin embargo también es verdad que don Felipe poco a poco se ha ido conformando un entorno de personas que también se pueden estar dedicando a abonarle un camino que debería llevarle a convertirse en rey de los españoles. El príncipe de Asturias comienza a tener su propia corte.

Eso si antes no se produce un cambio de régimen en la jefatura de Estado, una posibilidad hoy prácticamente descartada pese al auge de las formaciones políticas de ideario republicano, pero que nunca se puede desechar. De hecho, estos días se está hablando de ese régimen político más que nunca con motivo del 75 aniversario de la proclamación de la II República.

Sin ir más lejos la intervención del presidente del Gobierno en el Senado hace tres semanas estuvo protagonizada por sus "grandilocuentes elogios" a la II República, según se encargó de destacar “ABC”, el diario monárquico por antonomasia.  José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que "es un buen recordatorio para saber que la España de hoy mira a la España de la Segunda República con reconocimiento y satisfacción", respondiendo en la sesión de control de la Cámara al portavoz de la Entesa Catalana de Progreso, Carles Bonet, que le reprochó no haber cumplido el compromiso de enviar a las Cortes antes de 2004 el proyecto de Memoria Histórica.

Esas afirmaciones han sido duramente contestadas por “ABC” desde su sección editorial. "Las palabras de Rodríguez Zapatero son la prueba de los perjudiciales efectos que produce confundir la realidad histórica con la ensoñación, porque si hay alguna causa indiscutible del éxito constitucional de 1978 es, precisamente, la de no haber repetido los errores del pasado, incluidos los que alumbraron y jalonaron de forma determinante el periodo republicano hasta su fracaso definitivo".

Precisamente al ex director de ABC, Luis María Ánson, se le achaca el diseño de  lo que denomina José García Abad en su libro La soledad del Rey, “operación hijo”. Una extraña intriga con Mario Conde y Manuel Prado y Colón de Carvajal por medio, que buscaba obligar a don Juan Carlos a abdicar en favor de su hijo. “Un amigo suyo de la juventud me confió que el Rey acariciaba la idea de la abdicación en el sentido contrario al planeado por Anson: para salvar al Príncipe y con él a la monarquía; una abdicación controlada y, en cierta medida, limitada, cuando el Rey cumpla los setenta años y el príncipe los cuarenta, manteniéndose el padre en vela como tutor”, desvela García Abad. Esa operación revelaría la preocupación de don Juan Carlos por asegurar la continuidad de la monarquía en España, consciente de que la Institución se ha mantenido en buena parte gracias a su figura y que no puede darse por asegurada si el cetro pasa a manos de don Felipe. De ahí que el monarca sopesara tutelar ese relevo, en un intento de contagiar a su hijo parte de su buena imagen.

A nadie se le escapa que don Felipe no ha conseguido el mismo prestigio que ha logrado su padre tras 30 años de monarquía. La inmensa mayoría de los españoles aprecian el papel jugado por don Juan Carlos en la consolidación de la democracia, su discreción en cuestiones políticas, su decisión en los momentos en que se le necesitaba como jefe de Estado y su carácter cercano, una cuestión que no resulta baladí cuando la popularidad es esencial para el mantenimiento de una institución como la monarquía.

Qué duda cabe que aunque el monarca llegó a la Zarzuela por decisión directa de Francisco Franco, el rey ha sabido compensar su pasado adaptándose sin problemas a las distintas circunstancias políticas de las últimas tres décadas. Sin embargo, el tópico de que los españoles son más juancarlistas que monárquicos, de comprobarse, puede tener unas consecuencias de cuyo calado se es plenamente consciente en la Casa Real.

De ahí que tras el asunto Eva Sannun Zarzuela reaccionara y con don Felipe ya en la treintena comenzaran a diseñar una estrategia para elevar la imagen del príncipe de Asturias, que hasta el momento había concitado más interés en la prensa del corazón que en los medios de comunicación políticos, algo inconcebible si hablamos del heredero de la Corona.

Esta operación de imagen sin duda ha tenido buenos resultados, y el crédito de don Felipe ha ido subiendo a medida que se han cumplido sus principales misiones: comprometerse, casarse y convertirse en padre. De hecho, desde que se vislumbró que el príncipe dejaría de ser el eterno soltero su agenda de actos se ha intensificado en cantidad y calidad, aunque en ningún caso ha llegado a compararse con la de su padre.

Tampoco su discreción política está tan pulida como la de Juan Carlos I. El ya citado “ABC” destacaba con todo interés hace unos días unas palabras de don Felipe durante el acto de conmemoración del 50 aniversario del Parque Nacional de Aigües Tortes sito en Lérida. El Príncipe dijo que para España era un orgullo tener al parque “en nuestro territorio”. Una mención que ha chocado en otros medios por su escasa oportunidad dado que  coincidía con la aprobación en el Congreso del Estatuto catalán.

Tampoco en caracteres hay comparación posible. El heredero está mucho más cercano a la seriedad y profesionalidad demostradas por su madre que a la naturalidad y don de gentes que se le reconoce a su padre. Por cierto, que cuando don Juan Carlos le confesó su “plan” de abdicación a su prima Isabel II, reina de Inglaterra, está se quedó estupefacta y le recomendó que desechara la idea de su mente, según se asegura en La soledad del Rey.

Desde luego ha quedado claro que la inglesa no es de las que abdican. El príncipe Carlos ya ha pasado por todos los estados civiles posibles a la espera de que su madre decida cederle el puesto en vida. En todos estos años de larga espera se ha complicado tanto el escenario -amantes, divorcio, declaraciones inconvenientes, etc- que los ingleses prefieren que sea el príncipe Guillermo quien asuma el trono. Eso es lo que se desprende de un sondeo recientemente publicado que desvela que aunque la popularidad del príncipe de Gales ha subido algo tras casarse con Camilla, su hijo mayor sigue siendo el preferido para suceder a su abuela, la Reina Isabel II.

Efectivamente García Abad asegura que el Borbón llegó a barajar la abdicación, sin embargo en su libro La soledad del rey también recoge opiniones contrarias de otras personas “que conocen muy bien al Monarca” y que aseguran que “jamás abdicará, que morirá con las botas puestas”. Esa es la impresión que intentó transmitir don Juan Carlos coincidiendo con sus 30 años en el trono. Ese día, marcado por la parquedad de las celebraciones -recuerden que Zarzuela tuvo que “improvisar” una merienda-recepción en Palacio unos días después-, el soberano aseguró ante los medios de comunicación que “seguiré dando guerra”.

Juan Carlos I tiene 68 años, es decir, está dentro de la media de edad del resto de soberanos europeos. Excepto los recién llegados -el Gran Duque de Luxemburgo y el Príncipe Alberto de Mónaco- la mayoría de los monarcas del continente tienen hijos ya adultos y cierta sensación de que pueden empujarles, sin embargo en el caso de nuestro rey se añade una preocupación más.

Se trata del daño que puede estar haciendo a su imagen algunas decisiones tomadas por sus hijas y maridos. Desde estas páginas hemos resaltado en más de una ocasión lo delicado que resulta que los yernos reales desempeñen actividades empresariales. Jaime de Marichalar, pese a su poco brillante expediente docente, es miembro de media docena de consejos de administración en empresas que no ignoran el brillo que sí tiene su condición de esposo de la infanta Elena. Asimismo sería muy inocente pensar que en el éxito de los negocios de Iñaki Urdangarin no haya tenido nada que ver el que sea yerno de don Juan Carlos, una circunstancia que hace unas pocas semanas saltó a la actualidad mediática a cuenta de un millonario trabajo realizado por su empresa, el Instituto Noos, con el Gobierno balear de Jaume Matas (ver El Siglo nº 685: “El yernísimo. Los negocios de urdangarín con el gobierno de Matas comprometen a la Casa Real”). También ha contribuido a distanciar a don Juan Carlos del resto de españoles que sus hijas hayan podido recientemente cambiar de domicilio comprando un duplex-ático, en el caso de la infanta Elena, en el madrileño barrio de Serrano, y una mansión en el selecto barrio de Pedralbes, en Barcelona, en el caso de la duquesa de Palma.

Otros monarcas se han encontrado en graves aprietos precisamente a cuenta de las facetas laborales de su familia política. Isabel II de Inglaterra tuvo que amonestar a su nuera, Sophie Rhys-Jones, esposa del príncipe Eduardo, por utilizar el apellido de su marido para hacer negocios con una empresa de relaciones públicas. ¿Si Isabel II le dijo a don Juan Carlos que ni se le ocurriese abdicar, por qué no le recomienda también que tome cartas en el asunto de los negocios de la familia política?

Los que sí abdican

La abdicación no ha sido el instrumento preferido por los monarcas durante las últimas décadas. Éstos normalmente han preferido morir con el mantón de armiño sobre los hombros, sin embargo, ha habido alguna excepción.

Sin duda la renuncia más famosa fue la del rey Eduardo VIII de Inglaterra que poco después de asumir la corona, ya sexagenario, comunicó a sus súbditos, vía radio, su decisión de abdicar por no poder compartir el trono con la mujer que amaba,  Wallis Simpson, una norteamericana de 40 años, dos veces divorciada.

En cuanto a Leopoldo III de Bélgica, se vio moralmente obligado a abdicar cuando perdió el favor de sus súbditos tras la II Guerra Mundial. El monarca no tuvo reparos en pasarle los trastos a su hijo Balduino, que no había cumplido todavía los 21 años.

 En Holanda no parece que haya alergia a la abdicación. Lo hizo la reina Guillermina en 1948, madre de la reina Juliana quien renunció también al título de reina madre y al tratamiento de majestad cuando cedió el bastón a la actual soberana de los Paises bajos, la reina Beatriz.

Pero, el primer soberano, mejor dicho, soberana, en abdicar en el siglo XX fue la de Luxemburgo. La Gran Duquesa María Adelaida cedió el trono en favor de su hermana Carlota, casada con el príncipe Félix de Borbón Parma. En 1964 y después de 45 años de reinado abdica en su hijo, el príncipe Juan. En la navidad de 1999, durante su tradicional mensaje televisado de felicitación a sus súbditos, el Gran Duque Juan  anuncia su decisión de ceder sus derechos al príncipe Enrique,  que asume el Gran Ducado en octubre de 2000, convirtiéndose en el soberano más joven de Europa, título que ahora ostenta el príncipe Alberto de Mónaco, quién recientemente asumió el trono  tras el fallecimiento de su padre, el príncipe Raniero.

Precisamente ha sido en Mónaco donde el fantasma de la abdicación más veces había sobrevolado, debido a la delicada salud de Raniero. De hecho, los expertos aseguraban que sólo la soltería del príncipe Alberto disuadía a Raniero de tomar la decisión de cederle los derechos.

La otra abdicación más barajada -no por la afectada, sino por sus súbditos y quizás su hijo- es la de la reina Isabel II de Inglaterra que a sus recién cumplidos 80  se resiste a dejar el trono en manos del príncipe de Gales, de 57 años. De hecho, en los últimos tiempos ha ganado terreno la posibilidad de que la sucesión salte directamente al príncipe Guillermo.

Juan Carlos y Felipe, dos estilos diferentes

Si se sigue las enseñanzas de Freud, hay un momento en que todo hijo debe “matar” a su padre, pero sin duda hay progenitores de los que es más dificil “desprenderse”. Ese puede ser el caso de don Juan Carlos, que es, además, jefe de Estado.

El rey tuvo que hacer juegos malabares para conjugar ambas condiciones cuando se hizo vox populi que el príncipe salía con la noruega Eva Sannum. De hecho, no se descarta que fuera el entorno del propio monarca quien decidiera sacar a debate la conveniencia de que el Heredero llegara a mayores con la modelo. Tampoco faltó quien achacó a círculos cercanos al Príncipe la filtración de algunas informaciones que intentaban mejorar la imagen, demasiado corriente y frívola, que entonces se tenía de Sannum. Finalmente ganó el “equipo” del rey.

Lo que sí parece probado es que durante esas tensas semanas don Felipe de quien recibió más apoyo fue por parte de doña Sofía que, aunque consciente de la trascendencia que tendría que don Felipe se equivocara en elección de esposa, quiso confiar en su tino y responsabilidad. No en balde siempre ha dado la impresión de que madre e hijo están mucho más unidos que don Felipe y su padre. De hecho, al príncipe se le achaca un carácter  muy parecido al de su madre.

También ha podido influir en las relaciones padre-hijo la llegada a Zarzuela de doña Letizia. Las tópicas tensiones entre suegros y nuera no tienen porque descartarse en el ámbito real. De hecho algún confidencial de internet se ha atrevido a desvelar los problemas que ha deparado en palacio el fuerte carácter de la princesa de Asturias. Concretamente elconfidencial.com contaba hace unos meses que la ex periodista no ha conseguido ganarse a su familia política, que la considera "una mujer mandona", tanto que ha conseguido eclipsar a doña Sofía y distanciar a la reina del que es su ojito derecho, el príncipe.

Llamó la atención que durante el bautizo de doña Leonor el bebé estuviera en todo momento en brazos de su madre y ni un solo instante en el regazo de sus padrinos los reyes o que las estancias del príncipe en Palma de Mallorca se hayan reducido sensiblemente desde que Letizia tiene derecho al Doña.


La hora de la verdad por Enric Sopena
Hemeroteca
Esta semana
Lista Temas de portada