![]() |
|
| Nº 692 - 24 deabril de 2006 |
El alguacil alguacilado por Joaquín Leguina Poco antes de la convocatoria electoral italiana, el Gobierno de Silvio Berlusconi envió al Parlamento una reforma de la Ley electoral que fue aprobada con escándalo, pues no es normal que se cambien las reglas del juego cuando la partida ya está iniciada. Sin embargo –paradojas de la vida– el cambio en la ley electoral, que afectaba, entre otras cosas, a la asignación de escaños en el Senado, es el que le ha dado la victoria a la Unión liderada por Romano Prodi en la Cámara Alta. En Italia, el cuerpo electoral del Senado no es el mismo que el del Congreso: mientras en el Senado votan los mayores de 25 años, en el Congreso lo hacen todos los que han cumplido los 18 años. Quizá por eso la Casa de la Libertad (la coalición liderada por Berlusconi) ha obtenido en las urnas del Senado más votos que la Unión de Prodi, pero, gracias a la ley electoral de Berlusconi, que reparte los escaños por regiones, obtuvo menos escaños que sus competidores. En cuanto al Congreso, el cuasi empate en votos se deshace a favor de Prodi a la hora de contabilizar escaños gracias a la "prima para la mayoría" que estableció la ya citada Ley electoral berlusconiana. Todo ello es un buen ejemplo de cómo los tramposos suelen ser atrapados en sus propias trampas, jugando, a menudo, el desairado papel del "alguacil alguacilado". Es, desde esa sensación y desde esa rabia para consigo mismo como puede entenderse el berrinche de II Cavaliere, empecinado en pelearse con sus propios fantasmas y sin reconocer la victoria de sus adversarios. En cualquier caso y vistas las cosas desde España, la sorpresa no ha sido tanto lo apretado de la victoria del centro izquierda, como lo escaso de la derrota de un Berlusconi que parecía desgastado. Pero si mirásemos con alguna atención la historia política de ltalia, nos encontraríamos con que la izquierda no ha gobernado allí prácticamente nunca ni antes ni después de la Il Guerra Mundial. Después de la refundación de la República, es decir, tras los procesos judiciales que en los años ochenta acabaron con los partidos tradicionales, sólo ha habido un interregno en el que el primer ministro fue D'Alema (procedente del viejo PCl), que resultó un fiasco, pues D'Alema se dedicó a ponerle las cosas en bandeja a Silvio Berlusconi, quizá pensando que éste tenía la cuerda política muy corta. A estas - alturas, lo que sí ha demostrado Berlusconi es que tiene "cuerda larga" y de hecho ha fundado un partido político que hoy es el más votado de ltalia (Forza ltalia). Ello le hace prisionero de su propio invento y por eso resulta impensable que Berlusconi deje ahora la política para volver a sus prósperos negocios. Aunque las dos grandes coaliciones (La Unión y La Casa de las Libertades) den, desde fuera, la sensación de bloques articulados, la cosa dista mucho de ser así. En efecto, la parcelación interna de esas coaliciones sigue siendo notable y, a mi juicio, lo es más en el centro izquierda, con el reforzamiento en ella de partidos como la nostálgica Re-fundación Comunista o la presencia en la coalición de personalismos tan acusados y mediáticos como el juez Di Pietro o los radicales (ahora bajo el puño y la rosa) de Panella o la señora Bonino, tan amante ella de las cámaras de la televisión. A Prodi, que no es la "alegría de la huerta" ni Dios (en el que cree con fe de carbonero) lo ha llamado por la senda del liderazgo, le toca ahora formar un gobierno para las reformas y ojalá que entre ellas estén unas reglas del juego limpias que Berlusconi se ha dedicado a emponzoñar. Los socios de la coalición debieran facilitarle la tarea, pero dudo mucho que lo hagan. Empezando por el ya citado D'Alema, a quien gustan más los viejos juegos de política italiana que comer con los dedos (juegos de manos, juegos de villanos). Este D'Alema ha sido el primero en plantear "soluciones imaginativas" para la formación del nuevo Gobierno ("soluciones imaginativas", es decir, chapuzas). Giulio Andreotti, el viejo democristiano que lo fue todo en la Italia de posguerra para terminar, como tantos, empapelado bajo la acusación de mafioso, dijo una vez que en la política española faltaba finura (manca finezza). Será verdad, pero en Italia manca algo más importante: la claridad. La claridad y, por ahora, el juego limpio. |
