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Nº
692 - 24 de abril de 2006 |
| Aniversario de la mayor catástrofe nuclear
de la historia
Una nube radioactiva contaminó, hace veinte años, todo el Hemisferio Norte del planeta. Más de siete millones de personas sufrieron y sufren las consecuencias de esta catástrofe. La causa, un accidente nuclear que, según la Organización Mundial de la Salud, liberó 200 veces más radiación que las dos bombas de Hiroshima y Nagasaki. 100.000 personas fueron evacuadas. Miles murieron de cáncer, leucemia, trastornos genéticos y miles continuan padeciendo estas enfermedades y dolencias mentales. Ucrania, Bielorrusia, Rusia, Moldavia, Finlandia, Suecia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Lituania, Polonia, Austria o la ex Yugoslavia fueron algunos de los países más afectados por el mayor desastre nuclear de la historia de la humanidad. Este miércoles, a la 1,23, Ucrania y el mundo recuerdan en un momento en el que el cambio climático se ha convertido, para muchos líderes políticos, económicos y miembros de la comunidad científica, en la mejor excusa para el inicio de la II era nuclear. Por Juana Vera (Berlín) Hace veinte años, el 26 de abril a la 1,23, dos explosiones destruían por completo el reactor nuclear de la unidad 4 de la Central Nuclear de Chernóbil. Nubes con peligrosos elementos radioactivos se extendieron por un radio de entre siete y nueve kilómetros. Cerca del 30% de las 190 toneladas de fuel del reactor, avanzó por los alrededores del edificio y se estima que un 1-2%, del mismo ascendió a la atmósfera, a través de la combustión. Mientras esto sucedía los habitantes de Chernóbil y de ciudades vecinas continuaron con sus quehaceres habituales durante dos días hasta que el Kremlin ordenó su evacuación. Pero ya era demasiado tarde. Muchos fallecerían de cáncer de Tiroides dos años después, otros sufrirían trastornos genéticos, otros cáncer de mama, otros enfermedades mentales causadas por el abandono de los hogares y por los efectos de la radioactividad, que continuan haciendo estragos en la actualidad. “Sólo por unos días”, comentaran las autoridades de la URSS, respecto a la evacuación, que afectó a más 100.000 personas. Pero los días fueron semanas, después meses, más tarde, años. Hanna Michaelowna Radkiewitsch vive, desde 1947 en Ilincy, un pueblo cercano a Chernóbil. En mayo de 1986, había 600 habitantes en esta pequeña villa. Diez mil personas, sobre todo jóvenes con formación universitaria, dejaron zonas de Ucrania, Biolorusia y Rusia tras el accidente. Pero los más mayores, entre ellos Hanna, se quedaron. Ella regresó a su casa, en donde vive gracias a una pequeña pensión del gobierno, al igual que las tres docenas de habitantes de esta aldea, visitada de modo regular por una médica, y que miles de afectados de Ucrania. Hanna tiene de todo en su humilde hogar. La naturaleza se ha convertido en un vergel en los alrededores del lugar del accidente. Pero el Yodo se halla en la leche y produce, entre otras enfermedades, cáncer de Tiroides. Y en el humus de la tierra y en los sedimentos fluviales del Pripiat, río donde aplacan la sed los animales y pescan los lugareños, hay Cesio-137, elemento radioactivo estrechamente unido al Potasio, éste último esencial para el desarrollo de todo tipo de vida. Las consecuencias del Cesio 131 y 137 sobre el Medio Ambiente son a largo plazo, al igual que las del Estroncio-90 y el Plutonio, todos ellos residuos radioactivos. Esto significa que dentro de miles de años seguirán existiendo isotopos de plutonio y dosis de Cesio-137 en Chernóbil, Ilincy, Kiew, Minsk, Munich. Sí, Munich, porque la nube radioactiva llegó a Baviera y a Berlín, y a Suiza, Eslovenia, Moldavia, Austria... El 40% de la superficie de Europa se contaminó con Cesio-137. En Moldavia, el 80%, en Alemania el 44%, en Gran Bretaña el 34%, en Bielorusia el 22%, en Ausria el 13%, en Ucrania, Finlancia y Suecia más del 5%. Hanna no sueña con poder comer el pescado de sus ríos ni con beber la leche de sus vacas. Tampoco lo hacen las cerca de 10.000 personas, que continuan viviendo en las zonas cercanas a la explosión, ni muchos granjeros de ciertas regiones de Gran Bretaña, Suecia, Finlandia, Alemania, Austria, Italia, Lituania y Polonia, en donde continúan las restricciones relativas a la alimentación debido a la presencia de Cesio-137. La Comisión Europea, por otro lado, no ha anunciado ningún cambio a este respecto porque, veinte años después, la catástrofe de Chernóbil continua. Qué pueden esperar los habitantes de Ilincy como Hanna o los de Chernóbil. Según los datos publicados en el número 14 de Die Zeit, semanal alemán y en el Informe TORCH también llamado “El otro Informe sobre Chernóbil”, presentado el 11 de este mes en Kiev, capital de Ucrania, con motivo de la Conferencia Internacional “Chernóbil 20. Recuerdo para el futuro”, sólo esperan que se coloque un escudo al sarcófago de la Central Nuclear de Chernóbil, por cuyas fisuras entran y salen los pájaros. Quizá lo hagan el próximo año pero para que cerraran el reactor número 3 tuvieron que esperar hasta el año 2002. Negligencia, secretismo, malentendidos, desinformación fueron y son los hermanos de este accidente, que según la Organización Mundial de la Salud, OMS provocó 200 veces más radiación que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Por ello y cómo reacción ante la desinformación gubernamental, Chernóbil fue sinónimo del principio del fin del sistema soviético. La Perestroika y la Glasnot de Michael Gorvachov, que había llegado al poder en el mes de marzo de 1985 y que visitaría el lugar de la catástrofe tres años después, fueron una consecuencia del accidente. Qué sucedió en realidad aquel 26 de abril de 1986 a la 1,23 horas. Nadie lo sabe y los que pudieran saberlo están quizá muertos. Las cifras sobre el número de víctimas sigue siendo inexacta. Lo que sí se sabe es que el viento empujó la peligrosa carga radioactiva a miles de kilómetros de la central nuclear contaminando todo el Hemisferio Norte del planeta y que fueron los suecos los primeros que detectaron altas mediciones de radioactividad en sus sensores. Sin embargo, los informes de la URSS, los de la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIEA y los de la Organización Mundial de la Salud, OMS no fueron fieles a los hechos. ¿Por qué? El científico suizo Michel Fernex responde a esta pregunta: “La colaboración entre la AIEA y la OMS no es casual, ya que ambas instituciones acordaron en 1959 que “si una de las dos proponía la iniciación de un programa o de una actividad sobre una materia en la que la otra tuviera o pudiera tener un interés substancial, la primera parte debería consultar a la otra para ajustar la materia tratada a un mútuo acuerdo”. Este acuerdo explica por qué el plan de acción para Chernóbil, IPHECA de la OMS, iniciado cinco años más tarde de la catástrofe, fuera diseñado por la AIEA. Explica, además, por qué no se publicaron nunca los procedimientos de la Conferencia de Chernóbil de Ginebra (1995) y porqué el Informe del Foro Chernóbil de las Naciones Unidas, apoyado también por la AIEA y presentado el pasado 5 de septiembre, indica que Chernóbil causó 32 muertes, 200 contaminaciones por radioactividad y 2000 casos de cáncer de tiroides en niños y adolescentes. Cifras que no se corresponden con la realidad”. Por su parte, el investigador Edmund Lengfelder, coautor del estudio “Resumen del saber actual” sobre Chernóbil hace el siguiente comentario en el número 14 del semario alemán Die Zeit: “Me parece poco digna la colaboración entre una organización dedicada a proteger la salud de los ciudadanos con una cuyo interés es el desarrollo de la energía atómica”. La Fundación Heinrich Böll (Berlín), el Ecoclub de Ucrania, Los Verdes/EFA del Parlamento Europeo, el Servicio de Información y de Recursos Nucleares de Washington DC, el Servicio Mundial de Información Energética de Amsterdam, el IPPNW de Alemania, el partido Los Verdes de Alemania, organizadores de la conferencia “Chernobil 20. Recordar para el futuro”, invitaron a expertos en Medio Ambiente, miembros de Organizaciones no Gubernamentales y expertos en Energía Sostenible de todo el globlo. La causa, debatir las consecuencias actuales de la catástrofe, los problemas económicos y sanitarios generados a causa de la energía nuclear, el desarrollo de un plan para la energía sostenible en el futuro y “El otro informe sobre Chernóbil” (TORCH), presentado en el seno de las actividades de esta conferencia. Este trabajo, financiado por Rebecca Harms, miembro de lo Verdes/EFA en el Parlamento Europeo y por la Fundaciones Altner-Combecher y Hatzfedt , y escrito por los científicos británicos Ian Fairlie y David Sumner, presenta cifras muy distintas a las de los de la AIEA y de la OMS. Por otro lado, aclara los efectos nocivos de Chernóbil y describe lo que podrá suceder en un futuro teniendo en cuenta no sólo lo acaecido en Ucrania, sino también en Europa. “El Informe del Foro Chernóbil de la ONU, realizado en colaboración con la AIEA y presentado el pasado 5 de septiembre, detalla que más de 4.000 seres humanos pudieron morir eventualmente debido a radioactividad provocada por la catástrofe. La AIEA ha alterado seriamente el número de víctimas en éste y otros informes. Según nuestras fuentes, sólo de cáncer pudieron morir entre 30.000 y 60.000 personas, la mayor parte de las mismas habitantes de regiones lejanas a Ucrania, Bielorusia y Rusia, los lugares más afectados por el impacto”, comentan Ian Fairlie y David Sumner y añaden: “Gran parte de la radioactividad fue liberada por el reactor antes de la explosión y gran parte de la radioactividad posterior a la explosión llegó a muchos países de Europa”. Por otro lado, la profesora Angelina Nyagu, Presidenta de la Asociación de Físicos de Chernóbil de Kiev, ha dado a conocer la escala de este drama en cifras. Se estima, por ejemplo, que el daño económico provocado por la catástrofe es de 200 billones de dólares hasta el año 2015. Otros expertos ucranianos del GDP aseguraron, en el año 2001, que esta cantidad ascendía a 37 billones de dólares. Otro dato: En el año 1992 Ucrania gastaba el 15% de los Presupuestos del Estado en reparar los efectos de Chernóbil. En años recientes se estima que gasta el 5%. El inicio de la segunda era nuclear. La Conferencia de Kiev ha finalizado este martes. Sus objetivos esenciales: transparencia, voluntad política y claridad en el debate energético. Sin embargo, algunos líderes políticos y económicos, así como miembros de la comunidad científica parecen decididos a avanzar en otra dirección. Este año el Primer Ministro inglés Tony Blair, declaró que “Gran Bretaña no ha desdeñado la posibilidad de la energía nuclear, como una forma de luchar contra el cambio climático”. En el mes de octubre de 2004, el Ministro de Economía, Comercio e Industria (MITI) de Japón, publicó un informe sobre futuras acciones respecto al cambio climático, en las que incluía la recomendación del uso de energía nuclear. En el mes de noviembre del 2004, el Jefe de la Oficina Italiana de Cambio Climático recomendó como posible el uso de la energía nuclear. Dos años antes, Philippe Busquin, entonces Comisiario de Investigación de la Unión Europea señaló que la energía nuclear podría contribuir de modo beneficioso, al cumplimiento del Protocolo de Kioto. Ese mismo año, el Doctor King, asesor científico del gobierno inglés argumentó, con firmeza, que Gran Bretaña debería construir nuevas Centrales Nucleares y que el problema de la radioactividad era “un legado del pasado”. Por otro lado y según datos recientes del World Internationale Service on Energie WISE y del Nuclear Information Resource Service NIRS, miembros de la Industria Nuclear han contemplado el cambio climático como una excusa para revitalizar la Energía Nuclear, describiéndola como “un elemento indispensable para el Medio Ambiente y el más efectivo para reducir las emisiones de CO2”. Añaden, además, “que la Energía Nuclear no provoca contaminación y es más barata”. La actual situación del Protocolo de Kioto permite, por otro lado, el desarrollo de mecanismos para que algunas empresas consigan subvenciones gubernamentales para desarrollar Centrales Nucleares en países en vías de desarrollo. Y el lobby industrial de este sector intentará, entre 2008-2012, primer período del Protocolo de Kioto, incluir la Energía Nuclear en este acuerdo internacional. “Si son correctas mis observaciones sobre los riesgos creados por la radiación de bajo nivel y por la posibilidad de una catástrofe por fundición de núcleo, no se puede resolver el problema planteado por la producción nuclear de electricidad compensando los costos sociales, que ésta provoca. Más bien la propia naturaleza de los factores externos relacionados con la radiación, aparte del hecho de si se da cuenta de ellos dentro del análisis de costes-beneficios, excluye una identificación segura de las lesiones causadas por la radiación. Por esta razón, estos factores externos son un desafío a la capacidad de la sociedad para identificar las víctimas de la injusticia como para reconocer la diferencia que hay entre equidad y utilidad. Esto significa que si continuamos con las actuales políticas económicas que rigen la tecnología nuclear, no sólo es posible que abandonemos el concepto de “riesgo cero” sino que también perdamos la capacidad práctica de detectar las violaciones de los derechos básicos”, escribe K.S. Srader-Frechette en su libro “Energía nuclear y bienestar público” Ed. Alianza Universidad. Sobre el aspecto costes-beneficios, olvidado en la mayor parte de las ocasiones por los empresarios de este sector, he aquí algunos datos: Los costes de la catástrofe de Chernóbil entre 1986 y 1988 fueron de 30 mil millones de marcos alemanes. En el año 1989, año de la caída del muro de Berlín, el déficit presupuestario de la URSS era de 300 mil millones de marcos. La Perestroika se había convertido en la Katastroika. Sin embargo, los costes totales nunca fueron sumados con transparencia, lo que provocó entre otras consecuencias, el despertar de la inteligencia de Bielorrusia, primer paso hacia su independencia; el congreso de Medio Ambiente de Ucrania de 1988, donde comenzó a fraguarse la independencia de este país y el nacimiento del Ministerio de Medio Ambiente alemán. En la actualidad, la mayor parte de los países desarrollados cuentan con un Ministerio de Medio Ambiente, sin embargo y a pesar del potencial de las Energías limpias y renovables, la Segunda Era Nuclear inicia sus primeros pasos ¿Cuáles serán las consecuencias del próximo desastre? Impacto en la salud Las consecuencias a largo plazo de la catástrofe siguen siendo una incógnita. La exposición a radiación de yodo puede provocar cáncer en la mayor parte de los órganos del cuerpo humano. Sin embargo, la aparición de la enfermedad puede retrasarse entre 50 y 60 años desde la exposición radioactiva. “El número de fallecidos a causa de cáncer en Ucrania nunca se sabrá, pero hemos intentado hacer un predicción de las muertes por exceso de cáncer, que han afectado a distintas poblaciones. En el año 2005, conseguimos datos que certificaban 4,000 casos de cáncer de Tiroides en Bielorusia, Ucrania y Rusia, en personas menores de 18 años, poco después del accidente. Cuanto más joven es la persona expuesta a la radiación mayor es el riesgo de desarrollar un cáncer de este tipo. Sólo en Bielorusia se estima que, en un futuro, habrá entre 18,000 y 66,000 casos de cáncer de Tiroides, también se espera que halla casos en Rusia y en Ucrania. Por otro lado, en la Europa del Oeste el número de enfermos con este cáncer aumentó”, detallan Ian Fairlie y David Sumner, autores de “El informe sobre el otro Chernóbil (TORCH)”. Sobre la leucemia, argumentan que “la evidencia del incremento de esta enfermedad está menos clara. Hay alguna en Rusia y en áreas muy contaminadas de Ucrania, así como en niños de Chernóbil, que viven en el Oeste de Alemania, en Grecia y en Bielorusia”. Con respecto al cáncer de mama, expertos de la Agencia Internacional de Energía Atómica. AIEA y de la Organización Mundial de la Salud, OMS reconocen una evidencia preliminar, de un incremento en la incidencia de este tipo de cáncer en el periodo pre-menopáusico, entre mujeres expuestas durante un periodo menor de 45 años. Por otro lado, efectos no cancerígenos como cataratas y problemas cardiovasculares, se han detectado en niños y jóvenes entre cinco y diecisiete años, que viven en los alrededores de Chernóbil. Con respecto a los efectos hereditarios es sabido que la radiación puede dañar los genes y los cromosomas, aunque la relación entre los cambios genéticos y el desarrollo de futuras enfermedades es compleja y la relevancia de un futuro daño no está clara. Se han hecho estudios en Ucrania sobre mutuaciones que afectan a las secuencias del DNA, en concreto a genes de las células reproductivas (ovarios y espermatozoides). En lo que se refiere a los efectos sobre enfermedades mentales la AIEA y la OMS detallan que “El impacto sobre la salud mental de la catástrofe de Chernóbil es el mayor problema de Salud Pública relacionado con el desastre”. Los orígenes de estos efectos son complejos y están relacionados con diferentes factores entre ellos ansiedad, cambios en el estilo de vida en concreto sobre la dieta, el consumo del tabaco y del alcohol, complejo de víctima en relación a la exclusión social, estrés asociado con las evacuaciones y el cambio de domicilio.
La historia de la tecnología nuclear se halla, en gran medida, ligada a la historia de la bomba atómica. Armas y reactores nucleares producen energía fisionando urano o plutonio. En un reactor de fisión, la liberación de energía está controlada y se utiliza para generar electricidad. En un arma, la liberación de energía se halla, en gran medida, incontrolada. Y ambas: Reactor y armas producen grandes cantidades de radioactividad. La energía nuclear como solución al cambio climático El mito de que la energía nuclear proporciona la solución para el cambio climático, se basa en la afirmación de que la generación de electricidad, a partir de la fisión nuclear no genera emisiones de gas. Sin embargo, si así fuera, producir toda la electricidad del mundo con energía nuclear no solucionaría el problema del cambio climático porque la producción de electricidad es sólo una de las muchas actividades humanas que generan estos gases. Las otras acciones son el transporte, la calefación, la agricultura, la producción de cemento o la deforestación. La emisión mundial de CO2 provocada por la producción de electricidad es sólo del 9%. Por otro lado, es cierto que la actual fisión nuclear para generar electricidad no produce gases contaminantes. Sin embargo, en varios estadios del proceso nuclear (enriquecimiento del uranio, construcción de las centrales nucleares, procesamiento y alamacenamiento de los residuos radioactivos...) es necesaria mucha más cantidad de energía que la que exigen otros procesos de producción energética. Esta energía procede de combustibles sólidos. Por ello, la energía nuclear genera, de un modo indirecto, una gran cantidad de emisiones de CO2 y de gas. ¿Cuántas Centrales Nucleares serían necesarias en el mundo para reducir el cambio climático? Según la Comisión Nacional de Energía de los Estados Unidos, se estima que sólo en este país habría que doblar e incluso triplicar el número de Centrales Nucleares en los próximos 35-40 años. Esto significa que en este país llegaría a haber entre 300 y 400 reactores nucleares. Reservas de uranio. Según los datos recientes de la Agencia Nuclear de Energía ANE y de la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIEA, el total de las reservas globales conocidas de uranio es de 3,5 millones de toneladas. Esta cifra hace referencia a las reservas aseguradas y a aquéllas adicionales que pueden ser extraídas con un coste mínimo de 80 dólares el kilo. El uso actual de uranio es del orden de 67.000 toneladas por año, lo que significa que quedan reservas para alrededor de 50 años. Por otro lado, las reservas totales de uranio son mayores. Según las fuentes citadas de alrededor de 14,4 millones de toneladas. Pero su extracción es muy cara y por ello su uso resulta económicamente inviable. Así mismo, en muy pocos países del mundo hay uranio, algunos de ellos en situaciones políticamente inestables como Namibia o Kazakhstan. Otros países que cuentan con este mineral son: Canadá, Sudáfrica y Australia. También hay uranio en Latinoamérica y en Europa, pero en muy pequeñas cantidades. Por último, hay grandes cantidades de uranio en el agua de los océanos, pero en una concentración de 0,0000002%, lo que significa que el coste de su extracción sería muy elevado y el enriquecimiento de este uranio requeriría enormes cantidades de energía. Por último, si toda la electricidad de mundo se produjera a partir de la Energía Nuclear, las reservas de uranio se agotarían en un máximo de 25 años y un mínimo de tres. Como consecuencia, el beneficio potencial sobre el cambio climático del uso de esta energía es muy temporal. |