| Hemeroteca | Lista sin maldad |
![]() |
||
|
|
Zapatero es su imagen
Este hombre entiende mejor que sus antecesores la importancia de la imagen. Un ministro me confiaba su sorpresa inicial, convertida después en hábito, en las ocasiones en que despachaba con él: lo prioritario para el presidente, a lo que dedicaba más tiempo y más atención, era a la forma en que se presentarían ante la opinión pública sus propuestas; la impresión de este ministro fue corroborada por un miembro de la Ejecutiva de mucho trato con el secretario general. Pero diciendo esto me estoy quedando corto porque la actitud de Zapatero respecto a la imagen y, por tanto, respecto a los medios de comunicación de masas no es cuantitativa, la de dar la mayor importancia a la asignatura, sino cualitativa. Me explico: Zapatero va más allá de la percepción, compartida por la clase política, sobre la necesidad de optimizar la imagen de sus actos; en su práctica política es la imagen la que determina sus decisiones. Ha ido, en su posmodernidad más moderna, más lejos que McLuhan, para quien el mensaje era el medio. Para Zapatero, el medio es el fin. Esta es una diferencia notable con el estilo de González. En los tiempos del sevillano, en los años 80 y en los 90, el elemento medios se incorporaba al final de la reflexión política, mientras para el nuevo presidente este factor se incorpora al comienzo de la reflexión y de la decisión política y condiciona la decisión misma. La retirada de las tropas de Iraq se podría haber hecho de otra forma pero ZP entendió que no había nada más rentable que aquella salida suya en TV, flanqueado por la bandera española, diciendo con toda solemnidad aquello de: “He dado instrucciones para que a la mayor brevedad....”. Desde aquel momento, este hombre, aunque haya defraudado algunas expectativas, inevitable en toda acción de Gobierno, cuenta con la adhesión inquebrantable de la juventud y de muchos ciudadanos, incluso de derechas, profundamente heridos por las calamidades de aquella invasión y por el reguero de treinta muertos diarios que sigue produciendo. ZP ha escenificado a la perfección, su revolución feminista y homosexual, y hasta su apuesta, muy relativa en términos de efectividad concreta, por la tecnología de I+D+i; apuesto a que así procederá con la Ley de Dependencia que el Gobierno aprobó el pasado viernes y, si tiene suerte, con la concertación social. La elección de las siglas ZP reflejan su estilo, el sentimiento profundo de que es unas siglas, una imagen incorpórea, así como el hecho de que se pase todo el día colgado del teléfono móvil cultivando la vanidad de los periodistas. Parece que Felipe González no ha podido resistir la tentación de decir algo en tan feliz aniversario en una charla intimista mantenida con Jesús Quintero, El loco de la colina, en Televisión Española. El primer presidente socialista no ha abrumado con elogios a quien en su día apoyara como necesario cambio generacional. La mejor cualidad que González ha encontrado en el segundo presidente socialista es que tiene baraka, que tiene suerte. Y es verdad que el leonés tiene suerte pero es la suerte del audaz, como rezaba una reciente portada de El Siglo, una suerte que hay que trabajársela. Si el presidente consigue el fin de ETA ya puede despedirse la oposición de tocar poder, por lo menos en la próxima legislatura, si es que este hombre no consigue la mayoría absoluta. Los demás jefes de Gobierno lo han intentado pero éste ha tenido la suerte de que ETA hubiera decidido que el camino de la violencia había caducado. Suerte, por supuesto, pero también habilidad para no bloquearla porque de no hacerlo ETA podría haber dado muchos más disgustos antes de desvanecerse. Empezó el bienio con su audaz decisión sobre Iraq, tuvo que torear el toro resabiado del Estatut que le empitonó malamente pero, tras el alto el fuego permanente, ha dado un vuelco al panorama político. ZP se está fabricando un halo providencial y ha dejado a la oposición perpleja, peleada y en un empeño patético de inventar relaciones entre ETA y los genocidas del 11-M, una mercancía de imposible salida al mercado. Quizás no sea la oposición que haría Mariano Rajoy si fuera libre pero parece que manda Zaplana y, naturalmente, José María Aznar.
|