Hemeroteca
Esta semana
Lista Temas de portada
Nº 691 - 17 de abril de 2006

El ‘comando Rubalcaba’ entra en acción

‘VICEPRESIDENTE’ FÁCTICO

  La deserción de José Bono ha precipitado las cosas. Alfredo Pérez Rubalcaba, que ya ocupó varias sillas en los gabinetes de Felipe González, vuelve al Gobierno por la puerta grande. Enfrascado últimamente en sacarle las castañas del fuego al presidente del Ejecutivo en cuestiones tan dispares como la reforma del Estatut o las negociaciones con la Iglesia, él es la persona elegida por José Luis Rodríguez Zapatero para  gestionar la tarea más delicada que ha tenido en sus manos: lograr que la paz vuelva al País Vasco. No es un novato en la materia. Al contrario. El hoy ya ministro de Interior conoce como nadie los entresijos de la política antiterrorista. Además, ha conseguido sacudirse el sanbenito de “vieja guardia” para hacerse imprescindible a la vera del nuevo líder socialista. El Partido Popular ha recibido el nombramiento con cara de perro. No es para menos. Rubalcaba fue el encargado de ponerle los puntos sobre las ies a Acebes y Aznar en las cruciales horas posteriores a los dramáticos atentados del 11-M.

 

Por Vera Castelló  

Alfredo Pérez Rubalcaba no deja indiferente a nadie. Para el presidente del Gobierno se ha hecho imprescindible, para la oposición es la bestia negra. En cualquier caso, Zapatero le ha convertido en ministro de Interior, una cartera, ya de por sí importante, que con el fin del terrorismo en el horizonte se adivina absolutamente crucial. Es el premio, quizás envenenado si la paz no llega, que se ha ganado el hasta ahora jefe del Grupo Socialista en el Congreso.

Ya estaba en el selecto grupo que repasa la situación y asesora al presidente cada lunes en Moncloa, en la permanente de la Ejecutiva del PSOE que analiza estrategias. Formó parte del triunvirato elegido por Zapatero para las difíciles negociaciones del Estatuto catalán, tampoco se zafó de encabezar la delegación socialista que recibió a los convocantes de la manifestación contra la polémica LOE o de acompañar a la vicepresidenta Fernández de la Vega a hablar con los obispos para intentar rebajar las tensiones con la Iglesia. El hoy ministro de Interior se ha convertido en estos dos primeros años de legislatura en partícipe en todos los fregados pero también eficiente bombero cada vez que había un fuego que apagar o incendio que evitar, hasta el punto que más de un ministro se ha podido ver eclipsado ante la seguridad y destreza que ha aparentado Pérez Rubalcaba desde que Zapatero asumió La Moncloa. Ahora Mª Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes también son conscientes de que deberán compartir protagonismo con el que se erige como nuevo vicepresidente de hecho con llave en Moncloa, un palacio que no le es desconocido.

Hay que recordar que Rubalcaba fue, además de ministro de Educación, entre 1992 y 1993, titular de Presidencia en la crispada legislatura 93-96, años en los que coincidió con José Enrique Serrano, entonces y ahora director del Gabinete de Presidencia. Él y Solbes son los únicos que se han sentado en consejos de ministros en las dos etapas del PSOE en el Gobierno.

Desde luego, Rubalcaba aporta méritos para su nuevo cargo. El PP le critica a muerte, sin embargo no se le puede restar brillo al papel que ha jugado para lograr que ETA haya dado los primeros pasos en el fin de la violencia. Rubalcaba ha sido una de las personas claves en la preparación de ese camino, trabajos que han sido coordinados por el presidente Zapatero, pero con el ex portavoz parlamentario y con José Antonio Alonso, desde Interior, en primera línea.

Al ex ministro con Felipe González hay que atribuir la autoría de la resolución en la que el actual Gobierno obtuvo el respaldo del Congreso para sondear posibilidades de un fin definitivo del terrorismo y unas eventuales negociaciones tras la entrega de las armas. Previamente, había sido el interlocutor del PSOE en la oposición durante la tregua de 1998, y redactó, junto a Javier Zarzalejos, secretario general de la Presidencia en tiempos de Aznar, el tan traído Pacto Antiterrorista que el PP no se ha cansado de empuñar.

Lo cierto es que el ministro es uno de los políticos mejor situados para llevar las riendas, siempre por detrás de Zapatero, de los avances en la paz porque durante todo este tiempo ha sido la persona destinataria de las informaciones y los acuerdos extraoficiales que se han estado gestando con los representantes de la banda terrorista, y ha actuado de filtro con el presidente del Gobierno. Y el hecho es que el procedimiento elegido y la discreción desarrolladas por cada una de las partes involucradas ha logrado preservar de una repercusión pública negativa a Rodríguez Zapatero, sobre todo en los momentos en los que los contactos eran incipientes y en los que se ha estado retrasando el anuncio acordado con ETA.

Con la cartera de Interior también se le premia por su efectiva labor al frente del Grupo Socialista en el Congreso, puesto desde el que ha pastoreado con puño firme a los diputados de su formación incluso cuando Zapatero tomaba decisiones que no eran comprendidas por la totalidad de los parlamentarios socialistas. A él se debe que finalmente no hubiera ningún voto discrepante durante el Pleno que aprobó el Estatuto de Cataluña en el Congreso. Y eso a pesar de que demostrar esa disciplina de grupo requirió conversaciones personales, no siempre fáciles, para convencer a más de un diputado de la absoluta inconveniencia del voto en contra. Una prueba más de que estamos hablando de un excelente negociador, capaz tanto de tranquilizar a sus huestes como de conseguir el apoyo de otros grupos parlamentarios para hacer cumplir los proyectos de Zapatero dado que la actual composición de colores del hemiciclo requiere siempre el apoyo de algún grupo para poder sacar adelante las iniciativas del Ejecutivo, algo que no siempre ha sido fácil para el PSOE. Sin embargo, incluso en el debate de presupuestos Rubalcaba consiguió ampliar los anunciados apoyos con pactos puntuales de CiU y PNV.

Asimismo, la confianza en él que tiene Zapatero le llevó a designarle, junto al ministro José Montilla y al secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Francisco Caamaño, para negociar con el tripartito y CiU las enmiendas al Estatuto de Cataluña. Rubalcaba supo cuidar las relaciones con los catalanes al tiempo que templar los ánimos en el grupo parlamentario a los más críticos.

Prueba de sus dotes y mano izquierda es su capacidad para llevarse bien incluso con algunos de los populares más ladradores. Con su homólogo en el Grupo Popular, Eduardo Zaplana, de hecho, no era difícil verle a mandíbula batiente cuando terminaban los plenos, minutos después de dedicarse todo tipo de improperios en el hemiciclo. Y es que Rubalcaba tiene fama de dominar las artes negociadoras y "diplomáticas" a las mil maravillas.

O por lo menos hasta ahora. Las "lindezas" que le ha dedicado Ángel Acebes quizás tengan sus consecuencias. El secretario general del PP  ha dicho que ponerle como ministro del Interior es "como poner la zorra a cuidar de las gallinas"; que Zapatero ha elegido para este puesto a "la cara del mal"; sostiene que cuando "este personaje" tome posesión y "vuelva a formar parte de este Gobierno, tras ser portavoz del de Felipe González en la época del paro, el despilfarro y la corrupción y del GAL, el Ejecutivo de Zapatero quedará marcado por el talante Rubalcaba”. Pero lo más curioso es que se ha preguntado en público "¿Qué nos va a pasar a los del PP la próxima jornada de reflexión con un ministro del Interior como Alfredo Pérez Rubalcaba, después de lo que nos hizo el pasado 13 de marzo?". Y es que el PP guarda el mismo mal recuerdo del papel de Rubalcaba esa noche, que el que atesoran millones de españoles de Acebes en las horas anteriores, cuando el entonces ministro de Interior se resistía con uñas y dientes a ver otro autor de los atentados del 11-M que no fuera ETA.

Ahora será al actual ministro de Interior al que le toque no quitarle el ojo a la banda terrorista con el fin de comprobar que el anuncio de alto el fuego permanente se hace realidad. En esa tarea no va a estar sólo. Zapatero ha puesto a otro hombre de su máxima confianza, José Antonio Alonso, muy cerca de esa tarea nombrándole ministro de Defensa. Entre los dos controlarán los servicios de información, civiles y militares, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad del Estado. Es decir, los resortes más importantes en la lucha antiterrorista y ante un eventual proceso de desarme total de ETA.

Pero no sólo eso, el nuevo ministro, que deja su puesto como portavoz socialista en el Parlamento, se ha encomendado además otras tareas también importantes para su Ministerio como la lucha contra "el crimen organizado, la corrupción y el blanqueo de dinero"; se ha propuesto hacer las carreteras más seguras, se ha comprometido a mejorar el estado de las prisiones y a abordar la inmigración ilegal siendo "implacable con las mafias" y "más humanitario" con quienes llegan a España. 

Una confianza ganada. Lo de Zapatero y Rubalcaba ha sido progresivo. Su primer acercamiento se produjo estando ambos en la  ejecutiva Almunia tras la sorpresiva despedida de González, sin embargo el decidido apoyo que el otrora ministro de Presidencia ofreció a la candidatura de Bono cuando éste disputaba la secretaría general separó sus caminos, sobre todo cuando Rubalcaba se prestó, incluso, a intentar hacer desistir a Zapatero y a sus inexpertos compañeros de Nueva Vía de que se presentaran como alternativa.

Gonzalo López Alba , en su libro El relevo, cuenta que Zapatero, a las pocas horas de ser elegido líder del PSOE, le llamó y le dijo: "Ya sé que no me has votado, pero seguimos siendo amigos y cuento contigo". Rubalcaba le respondió: "Por supuesto. Ahora eres el jefe y ya sabes que yo soy un hombre de partido". 

Sin embargo, a pesar de esta civilizada conversación, Zapatero no incluyó al ex ministro en la Ejecutiva. Tampoco le asignó ningún papel de relieve en el Congreso donde poder lucir sus conocidas dotes oratorias. El ostracismo no duró mucho. La situación dio un vuelco cuando Zapatero decidió ofrecer al Gobierno de Aznar un pacto antiterrorista, en cuyo diseño participó activamente "Alfredo" dada la experiencia que había adquirido en estas lídes en los últimos años de González.

Contribuyó claramente a mejorar su imagen frente a Zapatero que lograra el polémico Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y aguantara las críticas que le llovían desde ciertos sectores de la "vieja guardia" que creían que el nuevo líder socialista era demasiado "blando". Incluso hay quien considera a Rubalcaba como la única herencia plenamente aceptada por Zapatero de su antaño idolatrado Felipe González.

En junio de 2002 ya formaba parte del Comité electoral, apoyando a Zapatero en su apuesta por Trinidad Jiménez como candidata a alcaldesa de Madrid en las municipales de 2003. Para las generales de 2004 Rubalcaba era el responsable de la estrategia electoral. De ahí que jugara un papel de primer orden en la gestión de las jornadas anteriores al 14-M tras los terribles atentados que llenaron de muertos Madrid. Sus respuestas a Acebes y Aznar entonces le convirtieron en la "bestia negra" para el PP después de acusarle de estar detrás de los mensajes SMS que convocaron a miles de ciudadanos ante las sedes populares.

De ahí a convertirse en uno de los más fieles y cercanos colaboradores de Zapatero ha sido sólo cuestión de tiempo. El presidente del Gobierno le señaló como portavoz del grupo parlamentario, puesto con el que accedía directamente a la ejecutiva federal.  Es más, Zapatero también le incluyó en las reuniónes estratégicas de cada lunes en su flamante despacho de Moncloa. Ahora Rubalcaba tiene una nueva cita allí, los viernes en el consejo de Ministros.

Ya adelanta El Siglo en su portada El gurú de ZP. Rubalcaba se consolida como pieza clave para el presidente con preferencia a los ministros más políticos (Ver nº 672) que el recorrido de este hombre no había hecho más que empezar.  

Más cambios  

Tanto Rubalcaba, como Mercedes Cabrera y José Antonio Alonso, tras jurar sus cargos, han tenido tiempo suficiente cómo para hacerse una idea de las nuevas responsabilidades que se les avecinan. Donde hay algún nervio más es en los segundos niveles ministeriales, escalafón en el que, al cierre de esta edición, no parecía que fuera a haber grandes cambios.

De hecho, parece que el nuevo titular de Defensa mantendrá en sus respectivos cargos al secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo, y al secretario de Estado director del Centro Nacional de Inteligencia, Alberto Sáiz. De su equipo de Interior, Alonso traerá a Defensa a su director de Gabinete, José Luis Benito Benítez de Lugo, y a la subsecretaria de Interior, Soledad López Fernández.

En virtud de estos cambios, Pérez Rubalcaba deberá designar un titular de la Subsecretaría de Interior así como un director de Gabinete. El nuevo ministro del Interior mantendrá a Antonio Camacho como secretario de Estado y a Víctor García Hidalgo como director general de la Policía, y probablemente a Mercedes Gallizo como responsable de Instituciones Penitenciarias, sin embargo el que tiene más papeletas para salir del departamento es el teniente general Carlos Gómez Arruche, actual director de la Guardia Civil, quien ya estuvo a punto de ser cesado el pasado verano tras defender el expediente del principal implicado en el llamado caso Roquetas cuando murió un ciudadano en el cuartel del instituto armado de Roquetas de Mar, Almería.

En Educación y Ciencia tampoco se deberían descartar cambios en el organigrama. Mercedes Cabrera llega desde el Congreso y todavía tiene  que conformar su propio equipo en el Ministerio que Zapatero le ha encargado dirigir. 

¿Y en el Grupo?  

La salida de Rubalcaba como portavoz en el Congreso tiene como consecuencias inmediatas la difícil elección de su sucesor como pastor de los diputados socialistas. Cierto es que los peores tragos de esta legislatura parecen ya superados, sin embargo el Grupo se resentiría en su día a día si el PSOE no es capaz de encontrar alguien a la altura de las circunstancias. El primer nombre que ha aparecido ha sido el de Diego López Garrido, la mano derecha de Rubalcaba en estos dos años de legislatura y actual secretario general del grupo. Ambos han compartido interminables jornadas de trabajo y el diseño de las estrategias más adecuadas para la negociación con el resto de partidos representados en el Congreso y evitar que la actividad política del Gobierno tropezara con la situación de minoría parlamentaria de los socialistas. La primera negociación que emprendieron fue para acordar los primeros Presupuestos Generales del Estado del Gobierno de Zapatero, pero la más dura, sin duda, ha sido todas las que han rodeado al Estatuto de Cataluña, en las que han tenido que templar gaitas con los portavoces de CiU, IU-ICV y Esquerra Republicana. La formación jurídica y técnica de López Garrido -catedrático de Derecho Constitucional, letrado de las Cortes y licenciado en Económicas- ha sido de gran utilidad para Rubalcaba.

A favor de López Garrido está su pertenencia a la Comisión Ejecutiva Federal del partido, lo que le permite tener el pálpito político de por dónde va la estrategia del PSOE, y su buena relación con el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, que este lunes se encargará de proponer a la Ejecutiva Federal su nombre para ocupar el puesto de portavoz parlamentario. En el caso de que sea nombrado por la ejecutiva, su nombre debe ser ratificado en votación por todos los diputados.

En contra, López garrido tiene que proviene de Nueva Izquierda, lo puede significar que no todos sus compañeros de grupo se identifiquen con él, al no considerarle un socialista puro. Aunque en lo que queda de legislatura no habrá, en principio, asuntos complicados, el portavoz necesita tener "autoridad" frente a los restantes diputados, algunos de ellos mucho más veteranos en la política.  


Le temen más que a un 'nublao' por Enric Sopena
Hemeroteca
Esta semana
Lista Temas de portada