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Le temen más
que a un 'nublao'
Este país no se merece un Gobierno que mienta". Lo dijo en televisión Alfredo Pérez Rubalcaba hacia la tarde/noche del 13 de marzo de 2004. Aquel día de reflexión se convirtió en una jornada insólita. También hablaron en televisión Mariano Rajoy y Eduardo Zaplana. En realidad, todo fue distinto a partir de los terribles atentados del 11-M. José María Aznar se lanzó a buscar desesperadamente y en tromba a ETA como autora de la matanza. Sabía que era su única tabla de salvación electoral. Contó con el ministro del Interior, Ángel Acebes, su fiel escudero. Intentaron a fondo vender a los españoles que había sido ETA. Pero no lo consiguieron. La mentira se volvió contra ellos. Que los culpables de tamaña monstruosidad fueran terroristas de raíz islamista venía a confirmar los miedos fundamentados de mucha gente. O sea, el temor a que los españoles podríamos acabar pagando un alto precio en sangre por los delirios de grandeza neocon de Aznar, el amigo de Bush.
No se lo han perdonado. Lo consideran el cerebro del Gobierno Zapatero y, en este punto, no les falta alguna razón. Rubalcaba ha pasado a ser el hombre orquesta del PSOE. Igual sirve para un roto que para un descosido. Resolvió con éxito el embrollo de la Ley de Educación, la que políticamente ha terminado, por cierto, con la ministra María Jesús San Segundo. Logró que el Estatut saliera airosamente del laberinto maldito en el que parecía ubicado. Sus intervenciones parlamentarias son, por lo general, letales para la oposición. Es maestro en el arte de la negociación. Su fama viene de lejos. Es, de hecho, el último mohicano del felipismo, a pesar de que otros actores importantes del reparto zapaterista prestaran relevantes servicios en los Gobiernos de González como la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. Estuvo en primera línea de fuego en los tiempos de Felipe González, apoyó intensamente la candidatura de José Bono para secretario general del PSOE y, poco después, se incorporó al equipo de José Luis Rodríguez Zapatero. Empezó con perfil bajo y chupó banquillo. Desde que Zapatero descubrió por sí mismo su eficacia, su talento y su lealtad es titular indiscutible. Acaba de volver a la mesa del Consejo de Ministros. Su tarea ahora es tan delicada como decisiva: ministro del Interior con el proceso de paz en Euskadi en el horizonte.
No se lo perdonaron ni se lo van a perdonar. Rubalcaba ha pasado a estar en el punto de mira del PP y de sus baterías mediáticas. Tratarán con saña de volarle la cabeza Ya fue objeto de una campaña difamatoria cuando le atribuían la dirección de un supuesto comando periodístico dedicado al hostigamiento de José María Aznar y sus alegres compadres y comadres durante la época de vino y de rosas populares. No le perdonan, entre otras cosas, porque le temen. Más que a un nublao. Ha reforzado la cohesión que necesitaba al menos el núcleo duro del Ejecutivo. El tridente Zapatero/ Alonso/ Rubalcaba es excesivamente potente. Demasiado para Rajoy, al que no le sale una a derechas. Y menos aún a izquierdas. En Italia Il cavaliere amigo ha sido destronado. Adiós, Berlusconi. El todopoderoso magnate mediático perdió las elecciones, mientras Rajoy andaba por Sevilla en la semana de las procesiones, los pasos, las saetas y las cofradías. Trillo anuncia que se retira de costalero en su Cartagena y Rajoy no reconoce entre los encapuchados a Rubalcaba. Todo un respiro.
Enric Sopena
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