Hemeroteca Esta semana
Nº 691
17/4/2006

Aznar 'El balcanizador'

Por Fabián Estapé

Después de los primeros años del triunfo de José María Aznar López en sus comentadas oposiciones de inspector de Hacienda lo vemos en Logroño administrando justicia, por lo menos justicia tributaria; de la otra sabemos poco. Aznar joven, con bigote, eso sí, deambuló por las filas del falangismo renovado. Algunos artículos luminosos, publicados en 'El Siglo' revelan el ingreso radical en una vertiente de falangismo que se dio en llamar del "falangismo auténtico" al que se llegaba después de descartar otras posiciones –abuelo, padre– de un falangista, por lo visto, menos auténtico. Estas posiciones no las deja José María Aznar cuando España se enfrenta al gran problema de lograr una Transición completa desde el régimen autoritario que había terminado el 20 de noviembre de 1975 y la llegada a un régimen democrático materializado en la Constitución del 6 de diciembre de 1978.

Durante los debates parlamentarios no faltaron intervenciones de José María Aznar López señalando su oposición a aspectos fundamentales de la Constitución, sin descuidar el rechazo del artículo 2 de la Carta Magna.

En años sucesivos, el joven Aznar optó por subirse al carro de Alianza Popular. En sus días hizo todo lo posible para gustar en el poder con motivo de su Presidencia de la Comunidad de Castilla y León. La escena narrada por José María Cuevas es esperpéntica. Cuando se decía a Hernández Mancha que a Aznar no lo conocía nadie, el pintoresco abogado del Estado se inclinó por mantener el compromiso del "ávido de poder".

De la etapa de Castilla y León se conservan recuerdos, y no limpios, como el
de la persecución de que hizo objeto a Demetrio Madrid.

La historia de la elevación de José María Aznar López a los niveles de mando del Partido Popular ha sido contada muchas veces. Jamás he creído que Rodrigo Rato –uno de los asistentes a la reunión de Per-bes– no se haya arrepentido de la recomendación; años más tarde su falta de entusiasmo con respecto a la guerra de Iraq vería confirmados sus tardíos temores.

La historia de los ocho años 'gloriosos' que marcan los dos mandatos de Aznar en La Moncloa ha comenzado a ser escrita. Lo único que puede decirse hoy es que el mismo Aznar ha comenzado a escribir con el olvido total del servicio a la verdad. Así ha sucedido en la Convención del Partido Popular, que debiendo ser la exaltación de Mariano Rajoy Brey ha resultado ser la de Nicolás Sarkozy... y también la de José María Aznar López, que esta vez ha hecho honor a su posición de presidente de Ídem del Partido Popular. Gracias al calor de la reunión hemos sabido que Aznar jamás negoció con ETA, que si se trasladaron 159 etarras, algunos con delitos de sangre, y si envió a Suiza a Fluxá, secretario de Estado del Interior; a José Antonio Zarzalejos, secretario de Estado de la Presidencia, y a Pedro Arriola, esposo de Celia Villalobos, por lo visto es porque sólo querían saber a qué día y a qué hora se rendiría ETA. Pero sabemos, además, que a sugerencia del 'número 1' de ETA se agregó a la reunión el obispo Uriarte. Mucha gente, pero tampoco pregunta.

Si hoy, ante la conclusión del Estatut, José María Aznar López vaticina la "balcanización de España", hemos de recordar, con pena, su mísera condición de profeta.

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