Nº 691 - 17 de abril de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De ciertas cosas colaterales y del porvenir de la COPE

A Federico Jiménez Losantos, histriónico monago adscrito al templo de Nuestro Señor de la COPE, le dio por escribir el otro día en El Mundo de su cofrade Ramírez que la operación que hay ahora, según él, para “echar a Rajoy y colocar en su lugar a Gallardón” es similar o muy parecida a la que hubo hace “poco más de una década” para “echar a Aznar y poner a Mario Conde”. Atribuye semejante descubrimiento a Luis Herrero, eurodiputado y periodista, amigo de Aznar y colaborador habitual de la cadena de la Conferencia Episcopal, de la que llegó a ser uno de sus referentes principales en los tiempos del otro Herrero, fallecido hace algunos años,  precursor que fuera de las barbaridades y embustes de Federico. Algunos colegas, me dicen, aguardan con curiosidad, por cierto, el desarrollo de las investigaciones sobre Gil y Marbella. Quizás se llegue a saber cuáles eran los vínculos entre Antonio Herrero y el jefe de la corrupción marbellí.

Es curioso cómo Jiménez Losantos arremete más de diez años más tarde contra una especie de conspiración que entonces capitaneaba en el frente mediático su cofrade mencionado, Pedro J. Ramírez, en favor de Mario Conde. La connivencia de Ramírez con Conde fue muy comentada en aquella época. Ramírez y otros compañeros suyos de fatigas, empeñados en liquidar a Felipe González, cortejaron a Conde en quien veían al Berlusconi español. Ramírez era partidario en los inicios de la década de los noventa de destruir los partidos tradicionales, como estaba ocurriendo o había sucedido ya en Italia, y de potenciar al máximo una plataforma política que elevara a un floreciente hombre de negocios, sin ideología aparente, al altar del poder político. La supuesta eficacia empresarial, situada por consiguiente por encima de las vetustas inercias de los partidos clásicos. Y en ambos casos, Berlusconi y Conde, campando alegremente por encima de los mínimos escrúpulos exigibles a cualquier empresario o financiero honrado.

Afirma Jiménez Losantos: “Y entonces como ahora, en la carlinga del Dragon Rapide, gente sin vergüenza haciendo almoneda de la Historia, con mayúscula, para mejorar las prestaciones de la suya, con minúscula. El gallardonismo es el neocondismo con 10 años más, pero responde a las mismas y corruptas razones, al mismo y abyecto afán: secuestrar la representación de la derecha española, convertirla en apéndice tolerado de una izquierda sin alternativa. De vez en cuando, digamos cada década o cada vez que hay una crisis grave, permitir que esa derecha de alquiler ocupe el lugar del anfitrión, aunque siempre sea otro el señor de la casa. El señor Polanco, naturalmente. Quién si no.”

La obsesión del monago por Polanco es enfermiza, inquietante, incurable. Debe de creer firmemente que Polanco es el “enemigo público número 1”, el verdadero amo y señor de España. Le achaca todos los males y todas las perversidades que se acumulan en nuestro país, la mayor parte inventadas como consecuencia de la obsesión creciente que atenaza a menudo a este  locutor oficialmente frailuno. O sea, que aquel supuesto regeneracionismo institucional que predicaba Ramírez y que los tribunales de justicia liquidaron a tiempo procesando a Conde era para Jiménez Losantos fruto de “corruptas razones” y de “gente sin vergüenza”. ¿Pero no figuraba entre los ayudantes del mariscal Ramírez el aludido locutor, como estaban otros ilustres apellidos del periodismo de rompe y rasga, afín a los conservadores, repleto de tránsfugas y de resentidos? Otra pregunta pertinente: ¿dónde se celebró el acto fundacional de la AEPI, organización conocida como Sindicato del Crimen y quién pagó los gastos?

Los nubarrones sobre la COPE, mientras tanto, se multiplican. Puede haber tormenta con fuerte aparato eléctrico. ABC, que se ha transformado en el enemigo más peligroso para esa cadena de radios y, por tanto, para Jiménez Losantos, adelantaba el viernes 7 que “la Iglesia convoca para junio una Asamblea Plenaria extraordinaria en la que se abordará, entre otros asuntos, el futuro de la COPE”. Precisa el diario madrileño de Vocento, que vuelve a dirigir José Antonio Zarzalejos, quien se halla en el punto de mira de las infamias de Losantos, que “la convocatoria de esta asamblea (…) se ha acelerado tras el escándalo motivado por la expulsión de la COPE del EGM y los ataques lanzados desde sus micrófonos contra ABC.” Y añade: “Aunque oficialmente no se han querido dar las razones para esta convocatoria extraordinaria, fuentes del Episcopado han asegurado a este diario que entre los temas a tratar figurará “en orden destacado” la decisión sobre el futuro de la COPE y la continuidad de alguno de sus comunicadores”.

Interesante, asimismo, es el final de dicha información de ABC: “Cada vez son más los obispos que reclaman un “cambio de rumbo” en la emisora, y muchos temen que si no se toma una solución inmediata podamos perder la COPE.” Es verdad, sin duda, cuanto yo modestamente he venido publicando, con cierta reiteración, desde hace bastante más de una década en estas mismas páginas, en las que me invitó a colaborar mi director y querido amigo, José García Abad, sobre la perversidad intrínseca de la COPE, propiedad de la Iglesia católica española y plataforma de agitación cotidiana en favor de la derecha, practicando aquello de que el fin justifica los medios, sin pudor y sin escrúpulos de ningún género. Es verdad totalmente. Cuando empecé a poner negro sobre blanco en El Siglo la realidad auténtica de la COPE, instrumento político para la demagogia ultraconservadora y no un medio destinado a difundir las bondades del mensaje evangélico, apenas nadie protestaba y no pocos creyeron que eran excentricidades de un viejo periodista republicano venido del exilio.

El clamor contra esta COPE desde hace unos meses  no hace más que incrementarse. El mencionado ABC interpondrá acciones legales contra Federico Jiménez Losantos por competencia desleal y denigración. La Redacción del rotativo pide “el cese inmediato de la campaña de difamación”. En la página contigua a esas informaciones  se puede leer que “el Vaticano exige a la emisora católica polaca Radio María que no se politice”.”Debería enseñar religión, estudiar la Biblia y orar en vez de practicar la política”, recuerda que ha dicho el obispo de Gdansk. En Polonia una oleada de protestas se alza contra Radio María, impulsada por el cura redentorista Tadeusz Rydzyk. Y ¡ojo!, el propietario principal es un capellán, no los obispos como tales. Diferencia considerable entre la estructura de la COPE y la de Radio María.

 ¿Les quedan dos cortes de pelo a Federico y sus secuaces en su cometido radiofónico? En la COPE es posible, a pesar de que no es seguro porque abundan los monseñores españoles integristas, que están encantados con el bombardeo cotidiano lanzado desde los micrófonos episcopales sobre la izquierda. Me parece, sin embargo, que hace dos semanas, aproximadamente, Miguel Ángel Aguilar vaticinaba en estas páginas de El Siglo que Losantos y compañía acabarían en Intereconomía, cuyo dueño es Julio Ariza, un político de derecha extrema, al que protege Esperanza Aguirre. Coincido con el pronóstico.

Luis G. del Cañuelo

Hemeroteca Esta semana