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Nº 690 - 10 de abril de 2006

Su marcha fuerza a Zapatero a una remodelación del Gobierno

BONO DA EL PORTAZO

 

Zapatero no pretendía hacer una crisis de Gobierno en estos momentos. Pero su antiguo rival en el liderazgo del PSOE, el hasta el viernes pasado ministro de Defensa, José Bono, le ha forzado. Tras su derrota, el ex presidente de Castilla-La Mancha aceptó en su día compartir viaje con Zapatero, pero dos años han sido bastantes. En ellos el presidente ha pisado el acelerador de las reformas, ha roto definitivamente con la vieja guardia del partido, incluido Felipe González, y, sobre todo, ha cumplido su palabra de apoyar la reforma del Estatuto de Cataluña. Bono, incluso en los días posteriores a su aprobación por el Congreso, continuaba mostrándose crítico con el texto catalán. La semana pasada se marchó, a su manera. Su puesto lo ocupará José Antonio Alonso, ex ministro de Interior, amigo y hombre de absoluta confianza del presidente. A Interior llega Alfredo Pérez Rubalcaba, el hombre clave en las posibles negociaciones con ETA. Junto a ellos llega también una sorpresa: Zapatero ha aprovechado para relevar a María Jesús San Segundo en Educación la misma semana en que la LOE era aprobada definitivamente por el Congreso. A su puesto llega la diputada Mercedes Cabrera, fichaje personal de Zapatero inspirado por Rubalcaba. Pocos cambios pero altamente significativos. El presidente se pertrecha con sus fieles y cubre con pesos pesados los flancos que deben afrontar el incipiente proceso de paz en el País Vasco. La marcha de Bono parece poner el último punto final al relevo que la llegada de Zapatero supuso en el PSOE.

 

Por E. S. 

Hace meses que había presentado la dimisión al presidente del Gobierno. Pero se comprometió con él a esperar a que fuese aprobada la Ley de Tropa y Marinería, una de las más importantes de su departamento. El Congreso la aprobó la semana pasada y el viernes se hacía oficial su marcha provocando una remodelación en el Gabinete que nadie esperaba.

“Soy autónomo para mi propio partido. Me dejan serlo con gran generosidad por parte del secretario general”, decía hace apenas unas semanas a un grupo de periodistas en una comida relajada. Los  presentes comentaron lo ocurrente que estaba ese día el ministro.”A mí me gusta saltar al precipicio, desde la izquierda y desde la derecha”, ironizaba. Al día siguiente el Congreso debía aprobar el Estatuto de Cataluña, y añadía: “El “niño” nace mañana, pero la “madre”, muere en el parto o en el posparto”. El hasta el viernes pasado ministro de Defensa no dejó de criticar el Estatut en ningún momento. Aunque oficialmente sus razones han sido “personales” y “familiares”, sus compañeros de Gabinete sabían que Bono no compartía complicidad con el equipo de Zapatero desde hace tiempo.

“No voy a estar aquí mucho tiempo”, reconocía el propio ministro a finales de enero en la presentación del libro de un amigo, José Miguel Hernández, ex Secretario de Estado de Defensa. Quienes le conocían más de cerca sabían que estaba preparando su marcha. Pero no muchos sabían que iba a ser tan pronto.

“Mi decisión ha sido en favor de alguien, en favor de mi familia”, dijo Bono en su comparecencia tras el Consejo de Ministros. “Abandono lal actividad política para dedicarme, sobre todo, a mi familia”, añadió.

Quienes conocen bien el carácter y la personalidad del ex ministro han querido ver en ese “sobre todo”, un resquicio para el futuro. “Ahora, de momento, se volcará en la campaña de las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha para apoyar a Barreda”, explicaban desde su entorno horas después de conocerse la dimisión.

También hay quien no se lo termina de creer y piensa que todavía existe un puesto en la política española para un peso pesado como él a sus 55 años. Por el momento, él ha sido taxativo: “Esta decisión no se ha cocido hoy. Está muy meditada. Siempre ha pensado que la vida es más importante que la política y tenía que llegar el día en que lo llevara a la práctica. Y ha sido hoy, Viernes de Dolores”.  

Rubalcaba: el gurú toma la sala de máquinas

E s que ya sólo habla con Blanco y con Rubalcaba”, se quejaba refiriéndose al Presidente hace cinco meses un alto cargo del Gobierno de Zapatero. El imparable ascenso de quien hasta el viernes pasado era el Portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados había llegado ya prácticamente a la cumbre sin que el antiguo ministro de Educación en la etapa de Felipe González tuviese que ocupar ministerio alguno en la de Zapatero.

A pesar de que cuando Zapatero se presentó a disputar a Bono el liderazgo del PSOE el siempre fiel al aparato Pérez Rubalcaba “se curró” intentar hacer desistir al leonés y que hicieran equipo con el entonces presidente de Castilla-la Mancha, una vez que el congreso se resolvió no tuvo ninguna duda y le dijo: “Ahora tú eres el jefe y ya sabes que yo soy un hombre de partido”.

Zapatero también lo tuvo claro y quiso valerse de su experiencia y reconocida habilidad negociadora desde el principio. En los años en la oposición le encarga liderar los contactos con el PP para llevar a buen puerto el Pacto Antiterrorista que pretendía con el primer partido de la oposición. A partir de entonces se convirtió en uno más de su “núcleo duro” a pesar de no formar parte de la nueva y joven ejecutiva, lo que generó no pocas envidias dentro del PSOE.

Otras fuentes no ciñen las bazas de Rubalcaba con Zapatero al tema antiterrorista, en el que se convirtió pronto en su principal consejero, sino, sobre todo al principio, a su labor de “puente” entre él y Felipe González. Dicen quienes conocen a los tres que fue el propio González quien le pidió a su joven sucesor al frente del partido que contase con Rubalcaba. El ya ministro de Interior, sin embargo, ha conseguido, por méritos propios, un puesto a la vera del “jefe” que ya nada tiene que ver con sus relaciones con González. De hecho, Zapatero ya ha cortado todas las ataduras que podía mantener con el antiguo líder socialista, tal como ha contado EL SIGLO (Ver nº 680: “Zapatero liquida a Felipe”) mientras Rubalcaba se mantiene en primera línea.

El triunfo del 14-M no supuso más que confirmar que Pérez Rubalcaba iba a ser una de las piezas clave del nuevo Gobierno. El presidente no le quiso en el Gobierno sino en uno de los puestos más sensibles para un Ejecutivo en minoría: la portavocía del grupo en el Congreso de los Diputados.

En estos dos años de legislatura el hoy titular de Interior ha liderado las trabajosas negociaciones con los hasta hace poco “socios preferentes” del PSOE, Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida, en multitud de votaciones pero no se ha quedado ahí. Durante el anterior periodo de sesiones, en la segunda mitad de 2005, consiguió sumar al “frente progubernamental” a nacionalistas vascos y catalanes dejando solo al PP en no pocas ocasiones.

Pero quizá su éxito más significativo fue la resolución que concedía permiso al Gobierno para iniciar negociaciones con ETA si ésta demostraba inequívocamente que abandonaba las armas. “Alfredo ha sido el artífice de la resolución”, asegura un diputado que conoce bien cómo se gestó. El “gurú” de ZP, como le llamó esta revista en noviembre pasado, ha sido pieza clave para desactivar el “frente vasco” y crear las condiciones que han llevado al actual proceso de paz. No ha extrañado, por tanto, que Zapatero, de tener que mover a Alonso de Interior, haya recurrido a Pérez Rubalcaba para ponerle al frente de tan delicado despacho en estos momentos.

La decisión de nombrarle ministro únicamente supone para Zapatero “retirarle” de otras tareas, también sensibles en estos momentos y, que sólo él parecía hasta ahora ser capaz de asumir con éxito. Hablamos de Cataluña. También fue él, junto con el ministro de Industria, José Montilla, y el Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Francisco Caamaño, quien dirigió las complejísimas negociaciones con el Tripartito y CiU para sacar adelante en el Congreso un texto consensuado de reforma del Estatuto catalán. Sin embargo, la misión ya puede considerarse cumplida, al menos en su trámite madrileño y ahora corresponde al PSC, que sigue teniendo a Montilla controlando sus mandos, el que debe resolver los problemas del Tripartito, fundamentalmente con Ezquerra, y conseguir que el anunciado referéndum del Estatut se salde con resultados positivos.

Al frente de su despacho en el Congreso por el que tantos asuntos han estado pasando podría llegar quien, hasta el momento, se ha perfilado como su principal ayuda, Diego López Garrido, portavoz adjunto suyo desde el inicio de la legislatura. El perfil de trabajo de Rubalcaba le impide contar con un “mano dercha” al uso, según quienes le conocen bien, pero quien más se acerca al término en estos momentos es, sin duda, López Garrido.

También, sin embargo, se ha ido configurando como diputado de su confianza en los temas más delicados referidos al modelo territorial del Estado es Ramón Jáuregui, otro de los pocos de la denominada “vieja guardia” que han encontrado un hueco de responsabilidad en la etapa de Zapatero y que han asumido con entusiasmo los nuevos tiempos.

Alonso: el amigo se convierte en imprescindible

T ras una larga y brillante carrera en el mundo de la judicatura –ha sido magistrado en numerosos juzgados españoles, fue portavoz de la asociación progresista Jueces para la Democracia y vocal del Consejo General del Poder Judicial–, José Antonio Alonso Suárez (León, 1960) ha vuelto a darle el sí quiero a Zapatero. Abandonó la toga para encabezar la lista del PSOE en Castilla y León. Aceptó su nombramiento como ministro del Interior a pesar de haber preferido la cartera de Justicia. Y ahora ha vuelto a asumir el nuevo destino que le ha encomendado el presidente, que de nuevo ha echado mano de su amigo de la infancia, esta vez para cubrir el vacío que deja José Bono tras su marcha del Ministerio de Defensa. Tal vez sea porque, a pesar de ser un novato en estas lides, tiene un alto sentido de la responsabilidad política –tras saber de su incorporación al Gobierno, sus compañeros de profesión aseguraron que ya tenía una vocación política “con mayúsculas” –.

En cualquier caso, su entrada en Interior fue algo accidentada: tuvo algunos problemas con ciertos sectores policiales y, a pesar de haber demostrado una gran capacidad negociadora y de comunicación durante su etapa en la judicatura, en sus primeras apariciones públicas mostró un perfil bajo y cierta inseguridad. Pero el camino se hace andando y, a medida que avanzaba la legislatura, ha aprendido a hacer de su discreción una virtud y de ser un total desconocido para la opinión pública, pasó a ocupar el tercer puesto del ranking de los ministros mejor valorados por los españoles según el CIS tras Solbes y el ya ex titular de Defensa, José Bono.

Al margen de impresiones y valoraciones, Alonso ha sabido llenar de contenido su departamento ministerial: ha incrementado el número de nuevos policías en casi 10.000 y ha creado 300 nuevas plazas para agentes destinados a la lucha antiterrorista, cuya consecuencia inmediata ha sido el incremento de las detenciones tanto de terroristas islámicos y etarras.

El crimen organizado en España, a pesar de las 10.000 detenciones de delincuentes que Interior asegura haber realizado en 2005, aún es un tema pendiente para el ministerio de Alonso, aunque es probable que la ‘operación Malaya’ de Marbella ahora pública e iniciada por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado hace ya meses acabe destapando la caja de los truenos en la Costa del Sol.

José Antonio Alonso además se ha atrevido a meterse en harina con el tema de la seguridad vial, un asunto que por delicado y difícil de reconducir apenas ha sido abordado por sus sucesores en el Ministerio del Interior. Este verano entrará en vigor el carné por puntos, una de las medidas incluidas en la Ley de Seguridad Vial que en otros países de nuestro entorno es una experiencia exitosa pero que en España se había descartado hasta ahora por impopular. Y hace poco aprobó el DNI electrónico, que aunque pueda parecer un tema menor para una cartera como la que dirige Alonso garantizará la seguridad en Internet, una moderna fuente de delitos electrónicos.

El ministro, por tanto, ha aprobado con nota su primera experiencia política. Por eso ahora ya no llega a Defensa avalado por su amistad con Rodríguez Zapatero, sino por los buenos resultados de su gestión.

Al cierre de esta edición, fuentes del Ministerio que ahora abandona José Bono confirmaban que el secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo, continuaría al frente de su departamento; el presidente cuenta con él y mantiene además una buena relación con José Antonio Alonso. Sin embargo, el director del CNI, Alberto Saiz, sí abandonará el centro de inteligencia español: el nuevo ministro controla los temas de espionaje desde Interior y necesita contar al frente de este departamento con alguien de su entera confianza. No de la de José Bono, como es el caso de Saiz.

A José Luis Rodríguez Zapatero le salió bien la jugada de hace dos años. A su amigo de la infancia le dio un Ministerio. Y éste le devolvió el favor convirtiéndose en una de sus mejores bazas políticas.  

Cabrera: el fichaje estrella comienza a brillar

S e lo debía. Mercedes Cabrera cubrió, encantada, el puesto que más sudores le costó a José Luis Rodríguez Zapatero llenar en sus listas electorales para los comicios que le llevaron a La Moncloa. El líder socialista había anunciado a bombo y platillo que haría un fichaje estrella cómo número dos para la candidatura de Madrid, y que además sería mujer. El hoy presidente del Gobierno, tras sondear el mundo de la cultura, se decantó por buscar en el ámbito universitario. Allí apostó por Mª Jesús San Segundo, sin embargo problemas de salud, hoy felizmente superados, impidieron su inclusión en la cabeza de la lista. Posteriormente, San Segundo sí pudo asumir el Ministerio de Educación.

Fue entonces cuando comenzó una búsqueda contrarreloj que le fue encomendada  a Alfredo Pérez Rubalcaba. No falló. El hasta ahora portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, hoy ya flamante ministro de Interior e imprescindible para Zapatero, encontró en Cabrera muchos de los rasgos que se perseguían: prestigio, compromiso político y avales.

Pese a no ser muy conocida para la opinión pública, esta mujer presentaba un impecable currículo académico que le había granjeado un indiscutible prestigio dentro del ámbito de las Ciencias Sociales. Catedrática de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense , su especialidad es la Historia de España de la primera mitad del siglo XX. Autora de varios libros y numerosas publicaciones, era co-directora de la revista Historia y política. Además, era miembro del Patronato de la Fundación Pablo Iglesias y de la Fundación Alternativas y presidenta de la Asociación de Amigos de la Residencia de Estudiantes.

Su interés por la política le viene de familia: dos de sus tíos son el ex presidente del Gobierno con la UCD , Leopoldo Calvo-Sotelo, y del ex ministro de Asuntos Exteriores con el PSOE, Fernando Morán. Sin embargo, al margen de sus trabajos publicados, apenas ha llevado a la práctica sus conocimientos teóricos y mucho menos en el ámbito del Partido Socialista. Tan sólo estuvo afiliada a esta formación durante unos meses tras el intento de golpe de Estado del 23-F, y no fue hasta 1998 cuando volvió a tener alguna responsabilidad: Cabrera participó entonces en la elaboración de su programa electoral para los comicios generales de 2000.

En cuanto a los avales que terminaron de decidir a Rubalcaba y a Zapatero de su idoneidad cómo número dos por Madrid, hay que destacar los buenos informes que llegaron por parte del ex gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo, marido de Concepción de Castro, profesora de su mismo departamento, y quien de alguna forma se convirtió en su maestro, ya que la faceta investigadora de Cabrera siempre ha estado centrada en el ámbito político-económico, área  con la que está también vinculada a través de su marido, Carlos Arenillas, vicepresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

El matrimonio tuvo que bandear cómo pudo las críticas recibidas después de publicarse que sus nombres aparecían como responsables de una sociedad de inversión de abultado patrimonio. Y es que Arenillas es un hombre de finanzas.  Fundador del grupo de servicios de inversión CIMD, donde a lo largo de más de 17 años ocupó diferentes puestos, incluyendo el de consejero delegado y presidente del grupo, ha sido consejero y director de Intermoney (la gestora de valores del grupo) y presidente de la Asociación de Mediadores del Mercado Interbancario. Hasta su paso a la CNMV era miembro del consejo de administración de Intermoney. Una trayectoria que le hizo coincidir tanto con Miguel Sebastián, asesor económico del presidente del Gobierno, como con David Vegara, secretario de Estado de Economía.

Quizás Cabrera no esperaba que fuera tan pronto, pero desde que la catedrática tuvo su acta de diputada sabía que algún día ocuparía mayores responsabilidades que la presidencia de la Comisión de Educación y Ciencia del Congreso, puesto con el que tuvo que consolarse después de que San Segundo ocupara el Ministerio.

Estos dos años como política han sido agridulces para Cabrera. Cuentan desde su entorno que esta Catedrática de Historia del Pensamiento se ha quejado de que “el Ministerio ha vivido al margen de la Comisión y del Congreso. San Segundo ha ido por libre”, circunstancia que la hoy ministra de Educación ha simplemente “sobrellevado”, máxime cuando en esta legislatura se están afrontando cambios de gran calado que afectan a los distintos niveles de la educación. Al parecer Cabrera sí ha tenido más feeling con el secretario de Universidades, Salvador Ordóñez.

San Segundo ha sacado adelante, no sin problemas, la Ley Orgánica de la Enseñanza , la contestada LOE, sin embargo lo que le toca a Cabrera tampoco es moco de pavo. Ella se tendrá que encargar de su aplicación, un trabajo que no va a ser fácil dada la complejidad de una normativa de aplicación gradual y por lo tanto gran recorrido.  


Estatut, 1- Bono, 0 por Enric Sopena
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