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La relación Eguiguren-Otegi, clave para el inicio
del proceso de paz
LAS DOS PATAS DE LA MESA
Uno es socialista y tiene 51 años. El otro, abertzale y el próximo julio cumple 48.
Ambos nacieron en Guipúzcoa y hablan euskera desde que eran niños. A pesar de
la enorme distancia política que los separa, la decisión de Jesús Eguiguren, actual
presidente del Partido Socialista de Euskadi, y de Arnaldo Otegi, líder y portavoz de
la ilegalizada Batasuna, de iniciar hace cuatro años unas conversaciones periódicas
con el objetivo de explorar el camino hacia la paz ha resultado crucial para llegar al
alto el fuego permanente de ETA. No fue fácil. Hubieron de ir contracorriente
dentro de sus propias organizaciones y mantener en secreto su relación.
Por Inmaculada Sánchez
Cuando en 1987 Jesús María Eguiguren Imaz fue elegido presidente del Parlamento vasco gracias al pacto entre nacionalistas y socialistas este doctor en Derecho nacido en Aizarna atesoraba una cualidad que ya en aquellos años le hizo destacarse: "De todos los dirigentes del PSE de entonces sólo él y Odón Elorza hablaban euskera", recuerda un compañero de partido que vivió aquellos momentos.
El uso del euskera como lengua materna ya decía algo del entonces joven socialista, que llegó al PSE desde su anterior militancia en el Partido Comunista y que tras unos años de ejercicio de la abogacía y de la docencia como profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de San Sebastián ocupó por primera vez un escaño en la Cámara de Vitoria en enero de 1983.
Quien siempre ha encarnado, dentro de las complejas sensibilidades del socialismo del País Vasco, la denominada "línea vasquista", es considerado un "teórico" y un "ideólogo" por sus propios compañeros de partido. Es por eso que, a lo largo de su trayectoria política, nunca ha ocupado cargo público alguno de gestión dedicándose, por el contrario, a la labor de diputado -ha mantenido ininterrumpidamente su escaño desde 1983 hasta la actualidad- y a la vida interna del partido, donde ha sido secretario general de Guipúzcoa, secretario de Relaciones Políticas e Institucionales del PSE y, tras la llegada de Zapatero al poder en Ferraz, miembro del comité federal del PSOE y, desde 2002, presidente del PSE.
No es de los habituales de la primera línea. Su cara no es conocida por el gran público fuera de Euskadi pero en "su casa" se le sitúa fácil e inequívocamente: su nombre siempre ha sido la referencia más "vasquista" dentro del aparato del PSE y ha estado enfrentado en los años ochenta a dirigentes como Ricardo García Damborenea, y en los noventa a Nicolás Redondo Terreros.
Es por eso, y por su condición guipuzcoana y su residencia en San Sebastián, por lo que no extrañaba que fuera uno de los socialistas que "se hablara" con miembros de la antigua Batasuna. Para el inicio de las conversaciones secretas con Arnaldo Otegi hace ahora cuatro años, sin embargo, necesitó, además de ese clima previo, de la ayuda de otro socialista que lleva tiempo alejado del circuito político, a pesar de que llegó a ser, en tiempos de los gobiernos de coalición PNV–PSE, consejero de Trabajo y de Justicia.
Se trata de Francisco Egea, amigo de Eguiguren y de Ramón Jáuregui, y quien mantiene una sólida relación con Arnaldo Otegi desde que ambos eran niños y vecinos del mismo barrio de Elgoibar donde nacieron.
Egea, que ahora no ejerce cargo político alguno –ingeniero industrial, trabaja como director de recursos humanos en la empresa pública FEVE– fue, según las fuentes consultadas, imprescindible para que Eguiguren y Otegi se "encontraran" en su decisión de intentar construir un camino "diferente" al recorrido ya por sus respectivas formaciones políticas para conseguir el fin de la violencia. Distintos caseríos situados en Elgoibar habrían sido los escenarios pactados por Egea para los encuentros en los que, según el momento, también habrían participado Pernando Barrena y Rafael Díez Usabiaga.
Eguiguren inició estos encuentros aun cuando se ha sentido durante años "minoría" dentro del PSE. Las elecciones autonómicas de 2001, sin embargo, crearon las condiciones para que tanto el hoy presidente del PSE como el líder de Batasuna se decidieran a dar un arriesgado paso adelante.
En ellas la coalición PNV-EA volvió a ganar. Los ciudadanos habían dado la espalda tanto a la estrategia del frente anti-nacionalista creado por Mayor Oreja y Nicolás Redondo como al mundo abertzale que seguía sin distanciarse de la violencia de ETA.
Eguiguren inició poco después su remontada dentro de la catarsis que realizó el PSE y que llevó a la derrota de Redondo y ta llegada al poder del tandem Eguiguren-López fruto del llamado "pacto de San Marcos" entre los socialistas de Guipúzcoa y de Vizcaya. Otegi, por su parte, vio cómo Euskal Herritarrok rebajaba a la mitad, siete, los diputados que HB había tenido en la anterior legislatura. Luego vino la ilegalización y la pérdida de los cargos institucionales. Hay quienes piensan que, desde que tomó las riendas de la antigua Batasuna ya pretendía liderar un futuro proceso de paz –"nunca fuetan irracional en sus actuaciones ni declaraciones como la mayoría de sus compañeros", comenta un cargo del PSE– pero es indudable que fue entonces cuando la decisión comenzó a materializarse.
Otegi estudió Filosofía y Letras en San Sebastián después de haber intentado ser futbolista en el colegio de La Salle de Eibar–al igual que Gerry Adams, también estudió con frailes–, pero con apenas 20 años ingresó en las filas de ETA político-militar. Tras disolverse ésta fue de los que mantuvo su comopromiso con la lucha armada y, desde 1981,colaboró con ETA por lo que ha sido investigado en varias ocasiones por sus posibles actividades terorristas. Sospechoso de haber intervenido en el secuestro del entonces diputado de UCD Javier Rupérez y del intento de secuestro de Gabriel Cisneros, fue absuelto por falta de pruebas pero sí fue condenado, poco después, a seis años de cárcel por haber colaborado en el secuestro del empresario Luis Abaitúa.
En 1990 queda en libertad tras cumplir la mitad de la condena y, cuatro años después, comienza a participar en la política vasca. En 1994 se presenta por primera vez a las elecciones autonómicas aunque no consigue escaño, pero un año más tarde la condena de Begoña Arrondo como colaboradora de ETA le permite entrar en la cámara.
A partir de entonces inicia su escalada dentro de la formación abertzale para la que resultó fundamental la condena de 1997 de la Mesa Nacional de HB por parte del Supremo ya que todos sus miembros ingresan en la cárcel por difundir un vídeo de ETA en la campaña electoral.
Otegi y otros dirigentes de su generación se incorporan para ocupar los puestos de dirección vacíos y desde 1998 se convierte en el portavoz de la gestora de HB. Luego llegó el Pacto de Lizarra, del que fue protagonista activo y las siguientes elecciones, que resultaron un éxito para los nuevos dirigentes: Euskal Herritarrok, su nueva marca tras la condena a HB, obtuvo los mejores resultados de su historia, 224.000 votos y 14 diputados, y llegó a firmar un pacto de legislatura con PNV y EA, roto al año por no condenar el asesinato del teniente coronel Blanco García, el primero de ETA tras romper la tregua decretada bajo el Gobierno del PP.
Aquello marcó un antes y un después que la llegada de Zapatero a Moncloa confirmó. Desde entonces, Otegi no ha tenido reparos en admirar algunas de las decisiones del presidente, como la retirada de las tropas de Iraq, y escenificar más de lo habitual en su mundo su perfil de izquierdas, heredado, según quienes le conocen, de su familia de Elgoibar, de origen socialista. Tanto Eguiguren como Otegi están casados y tienen tres y dos hijos respectivamente. Quizá pensaban en ellos cuando se reunieron por primera vez en un apartado caserío para hablar de un futuro en paz.
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