Hemeroteca Esta semana
Nº 690
10/4/2006

Construir falsedades

Por José María Benegas

J ordi Soler escribe en El País (02/04/2006) un interesante artículo sobre la desinformación en el que narra la existencia de una oficina en Washington, el Lincoln Group, dirigida por Christian Breley en la que se proyectan "operaciones psicológicas" cuyos reportajes se van colocando en los periódicos de mayor interés para conseguir los objetivos diseñados. Actualmente desarrollan una campaña vendiendo los beneficios que ha tenido la permanencia de las tropas americanas en Iraq. La construcción de la falsedad y de la mentira en política es algo que acapara mi atención desde hace tiempo.
Por ejemplo, la campaña del PP de vincular el atentado del 11 de marzo de 2004 con ETA sin apoyo del más mínimo indicio de que así fuera, ha conseguido que el 38% de los españoles piense que algo tuvo que ver la organización terrorista vasca con el atentado.
Posiblemente, la mayoría de ciudadanos, si se les pregunta sobre si existe o no libertad de expresión en Venezuela, se incline por la respuesta negativa, teniendo una percepción equivocada de un país que tiene una amplia libertad de información, pero sometido a una campaña sistemática encaminada a acuñar la idea contraria.
El fabricador de falsedades Sr. Acebes acaba de decir que España no podrá decidir sobre Cataluña porque el poder de la ciudadanía emana de los catalanes. Y eso lo dice cuando el poder de la representación popular de los españoles residenciado en las Cortes Generales ha modificado la mayor parte del articulado del Estatuto que vino de aquel Parlamento. Este esun ejemplo de cómo se construyen las falsedades.

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Por primera vez en su historia en Venezuela los ingresos provenientes de impuestos (IVA e Impuesto de Sociedades, fundamentalmente) se equiparan a los ingresos fiscales derivados del petróleo. Esto es un cambio revolucionario en Venezuela. El país va a crecer en torno al 8% en términos de PIB. La oficina de falsedades americana anteriormente reseñada es incapaz, obviamente, de incluir estos datos, en sus reportajes.

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U na de las muchas conclusiones que se pueden extraer de las elecciones de Israel es el incremento del fraccionamiento político, la proliferación de partidos pequeños, y la inexistencia de un partido hegemónico. El sistema se ha polarizado. Kadima, primer partido, obtiene el 21,8% de los votos, y el segundo, el Partido Laborista, el 15%. El resto, incluido el Likud, pueden ser considerados como pequeñas formaciones políticas, constituyendo una novedad el Partido de los Pensionistas, que ha obtenido siete escaños. Omert debe ser consciente de que Kadima es una formación política construida desde el poder e integrada por personalidades provenientes del Likud, del Partido Laborista, organizaciones minoritarias de la sociedad civil, etc. De alguna manera recuerda a la Unión de Centro Democrático (UCD) española, y puede correr los mismos riesgos que ésta si estallan las divergencias. La otra conclusión de estas elecciones es que se produce una amplia renovación de los líderes políticos, que ya no tienen niun componente militar ni una gran trayectoria política tras de sí. Ehoud Olmert y Amir Peretz pueden consolidarse como los dos nuevos dirigentes del país.

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Michael Rocard, en un reciente artículo en Le Monde, "Malos reflejos de una sociedad que tiene miedo", centra en esta circunstancia, el miedo al futuro, el elemento determinante de la crisis de la sociedad francesa. Diagnostica que los males provienen de un capitalismo global cada vez más descarnado. "Las características del capitalismo mundial hacen del derecho al trabajo un papel mojado, del trabajo una mercancía a la que es necesario bajar los costes y de los trabajadores objetivos intercambiables cuyas reivindicaciones de seguridad se convierten en impedimentos del beneficio empresarial". Rocard plantea que la respuesta a esta situación no puede ser individual de cada país. La respuesta tiene que ser cuando menos europea para poder modificar la regulación del sistema en su dimensión global. Se trataría, escribo siguiendo el argumento, de situar a la persona como beneficiaria del desarrollo económico, que desde este prisma no podría estar presidido exclusivamente por la obtención del máximo beneficio. El drama, señala Rocard, es que el fracaso de la Constitución Europea ha mermado sensiblemente la misma idea de Europa y su capacidad de influir en cualquier aspecto del orden económico mundial. Advierte que puede resurgir un "patriotismo económico" nacional que tienda hacia políticas proteccionistas aisladas y descoordinadas.

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