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Estatut, 1-Bono, O
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in un solo rumor previo, con mayor sigilo aún que el tradicionalmente empleado por Aznar, Za-
patero ha hecho su primera crisis de Gobierno. ¿Remodelación? No. Tratándose de la destitución de José Bono no se puede hablar, con rigor, de una simple remodelación ministerial. La salida de Bono del Gobierno es un dato políticamente trascendente.
Ha terminado, pues, la cohabitación existente hasta ahora entre Zapatero y Bono, dos modos no precisamente similares de entender el socialismo. Bono recomendaba hace más de dos años, en plena precampaña electoral de las generales, que el PSOE buscara votos en el caladero del centro. Zapatero buscó y encontró sus votos en el caladero de la izquierda o de los votos jóvenes progresistas.
Ideológicamente, Bono se mueve con más soltura en el centro, incluso en el centro-derecha, que en la izquierda. En orden a la política territorial, Bono es un firme defensor de la unidad de la Patria, de su bandera, de sus símbolos y de su idea de España. Cabría subrayar por consiguiente que este cambio se podría leer –en clave futbolística– del siguiente modo: Estatut, 1- Bono, O.
En cuanto a Euskadi y el proceso de paz, Bono se había mostrado públicamente distante, cauto y receloso. Acerca de Otegi y de su papel como interlocutor, llegó a decir recientemente que él le enviaría sin más historias una pareja de la Guardia Civil.
¿Cuál será el futuro político de Bono? No habría de sorprender a nadie que Zapatero le pidiera encabezar la candidatura del PSOE al Ayuntamiento de Madrid. La heterodoxia de Bono hacia posiciones moderadas, susceptibles de captar votos del centro-derecha podría suponer para los socialistas la reconquista de la capital de España. Gallardón tendría delante suyo un adversario duro de pelar, electoralmente peligroso. Era un heterodoxo Tierno Galván, lo es Gallardón en su partido y lo es también Bono en el suyo. O sea, que hay tradición al respecto.
El relevo de María Jesús San Segundo es menos explicable, sobre todo porque en un gesto casi sádico de Zapatero le ha llegado el cese horas después de haber sido aprobada la nueva Ley de Educación. Su sustituta –segunda por Madrid en los comicios generales–, parece por lo demás garantizar un ejercicio más solvente del cargo. San Segundo se quedó por debajo de la media exigible en un puesto tan importante como el de ministra de Educación.
El nombramiento de José Antonio Alonso como ministro de Defensa es un reconocimiento a la eficacia demostrada por él en Interior. Hombre de confianza personal de Zapatero, Alonso es, como buen juez que es, prudente, mudo y en absoluto exhibicionista. La antítesis de Bono, por cierto.
El retorno de Pérez Rubalcaba al Gobierno –en este caso como ministro del Interior– es otro acierto de Zapatero. Por si hubiera la más mínima duda, véase la reacción de Rajoy, singularmente crítica con Rubalcaba. Por algo será que el PP se la tiene jurada a Rubalcaba. La razón última hay que encontrarla en que es un auténtico crack de la política. Se ha ganado con creces el crédito de Zapatero y ocupará un Ministerio que es clave en el contencioso vasco. La cintura, la habilidad y la capacidad de resolución de Rubalcaba pueden ser factores altamente positivos para que haya final feliz en Eusdkadi. Ojalá.
Enric Sopena
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