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Nº
690 - 10 de abril de 2006
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De Ignacio Camacho y Carlos Herrera El autor de El huerto del asistente, libro publicado en 1990 sobre el caso Juan Guerra, es Ignacio Camacho, también conocido como Camacho el Breve por su fugacidad en la dirección de ABC. O sea, que citando el verso cervantino escrito por don Miguel en Sevilla, la ciudad donde Camacho naciera siglos más tarde, bien podría decirse de él: “Y luego incontinente/caló el chapeo/ miró al soslayo/ fuese y no hubo nada”. No hubo nada. Durante su etapa de dirección en ABC, ciertamente, que valiera la pena, “no hubo nada”. El otro día, Camacho, que ahora escribe una columna diaria en ABC, le dio por arremeter contra el Estatuto de Cataluña, que es deporte muy practicado por el periodismo de orientación cavernaria, y escogió para ello a veteranos guerristas, todavía diputados, que votaron afirmativamente el nuevo texto autonómico catalán. No faltó en esas citas la de Alfonso Guerra, principal objetivo al fin y al cabo de su librito de hace 16 años, cuando Camacho empezó más o menos su travesía hacia el oasis de la derecha, porque este periodista también está encuadrado en la cuadrilla de los tránsfugas. Escribe pulcro y limpito, un tanto cursi y pretencioso el ex director de ABC. Su artículo empezaba así: “Esas caritas. Las de Leguina, Txiki Benegas, Marugán, las de los herederos del “alma jacobina” del PSOE. La de Alfonso Guerra, sobre todo, que ha dicho tantas cosas y se las ha tragado todas.” Dejando de lado que Leguina tiene de guerrista lo que Guerra de Virgen Macarena, Camacho hace referencia a quienes “han proclamado (…) su rotundo desacuerdo, su radical desavenencia con este Estatuto y lo que significa”, los cuales “tuvieron que hocicar (…) de mala manera, de pie sobre su escaño, al pronunciar un “sí” que los humilla”. ¿Qué esperaba Camacho? Tal vez era de
aquellos que confiaban en un “rompan filas” en la bancada socialista. ¡Menudo
consuelo el ver votar a los presuntos disidentes para cuantos habían convertido
el Estatuto en la encarnación de casi todos los males con la esperanza añadida
de que se llevara por delante a Rodríguez Zapatero! Pero el efímero director
buscaba directamente a Guerra. Pronto lo tuvo a tiro: “Y es muy especial el
caso de Alfonso Guerra. Porque se puso chulo durante mucho tiempo, porque hizo
de gallito en las conferencias de El Escorial y en la entrevista con Sotillos
en Sistema, porque se presentó, en público y en privado, como el dique que iba
a contener la marea nacionalista. Porque repetía lo de la reforma encubierta de
¡Vaya, Camacho, vaya! ¡Cómo se te ve el plumero! Se la tienes jurada al ex vicepresidente: “Al final, ha acabado como siempre, en una decepción, un gatillazo político, un amagar y no dar, una promesa escurrida, una demagogia de salón, una pirueta…y un silencio. Si al menos hubiese pillado una oportuna bronquitis salvadora, como Otegi. Ay, Alfonso, qué lástima. Qué mutis tan gris, qué desencanto tan triste, qué manera de perder este hombre una oportunidad de hacerse un poco de justicia a sí mismo”. (Obsérvese con atención el párrafo. Podría perfectamente parecer que el autor del texto se retrata a sí mismo mirando al espejo en el que se proyecta la imagen de Alfonso Guerra. Él ha sido en ABC, exactamente, una “decepción”, “un amagar y no dar”, “una promesa escurrida”, “una demagogia de salón”, “una pirueta” y “un silencio”. Ha sido, asimismo, “un desencanto” y una “oportunidad” perdida) Y de inmediato, Camacho se pone majestuoso. Recita bien el argumentario rajoísta: “Porque es verdad que España no se va a romper mañana (¡menos mal, mañana no se romperá España, qué susto nos quita Camacho de encima!, digo yo), ni cuando entre en vigor el Estatuto, pero sí va a quebrarse la cohesión socioeconómica y se van a abrir grietas en la unidad política. Porque dentro de unos años habrá una España de dos velocidades. Porque las transferencias de renta disminuirán para los territorios más pobres en beneficio de los más ricos”. Resulta conmovedor. El ex director de ABC, inquieto por la posibilidad de que se quiebre la cohesión socioeconómica, mira por dónde, e inquieto por el porvenir de los más pobres. ¿Nos ha salido socialdemócrata el comentarista? ¡Qué cosas, Dios, qué cosas! Sería muy interesante, por lo demás, que
Camacho nos explicase cuántas velocidades hay entre el barrio de Salamanca y no
digamos
Asegura que “
Luis G. del Cañuelo |