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Honor a
la II República
Comprendo que pueda haber reticencias
respecto a conmemoraciones relacionadas con
la Guerra Civil
, cuyo setenta aniversario de su iniciación se celebrará el
próximo 18 de julio, de infausta memoria, pero no entiendo las objeciones sobre
la celebración de la bendita proclamación de
la II República.
Desgraciadamente sólo pasaron cinco años entre ambas fechas, lo que indica que
en un quinquenio no pudieron resolverse conflictos seculares. El peor Ejército,
la Iglesia
más lamentable y los poderes económicos
más ciegos e insolidarios no toleraron el gobierno
del pueblo.
La República
es
la República
y la guerra,
la guerra; una cosa no tenía porque llevar mecánicamente a la otra si no
hubiera sido por la brutalidad de
la
España
negra y el ambiente fascista del momento que
preconizaba
la Guerra
Mundial.
Celebremos
la República
, que fue un canto de ilusión y de
esperanza, y dejemos las reflexiones sobre la sublevación de Franco para el 18
de julio.
Si a estas alturas no fuera posible
conmemorar sin ofender a nadie un entusiasta movimiento popular que aconteció
hace 75 años mal estaríamos. Si todavía hay alguien que no asume con naturalidad
semejante celebración no es por culpa de
la República
, sino de la
dictadura, pues más de la mitad del tiempo transcurrido desde entonces estuvo
aherrojado por la rebelión de la derecha más zafia representada por el nacionalcatolicismo. Es el miedo que emana de un fanático
general, jaleado por los militares, los terratenientes y los obispos que
terminaron de un sablazo con la soberanía del pueblo. Atrocidades en la guerra
las cometieron unos y otros aunque no es justo comparar a quienes defendían la
legalidad con los golpistas. No hay que olvidar las atrocidades cometidas por
los combatientes legales, pero las cometidas por Franco, una vez terminada la
guerra –mandó fusilar 200.000 personas en el primer quinquenio de su victoria,
según cifras oficiales proporcionadas en 1944– no tienen perdón.
Pero no es eso lo que se proclama hoy,
sino el advenimiento gozoso de
la II República
que Zapatero ha sabido solemnizar
como Dios manda en el Senado, que ha generado contrariedad en
la Conferencia Episcopal
encarnada por Blázquez, la que hiciera
la Pastoral
de
la Cruzada
, y en el ABC, de obligada adscripción
monárquica. Lo que se celebra el próximo viernes, 14 de abril, es la asunción
de la mayoría de edad por el pueblo español y el fin de aquella monarquía
aristocrática que frenaba la democracia.
La foto célebre de
la Puerta
del Sol que
estallaba de multitud y de entusiasmo vale más que mil palabras. Es un milagro bien trabajado por Don Juan
Carlos que sigamos en monarquía. Los borbones siempre
regresan, vivos o muertos, como decía Rafael Borrás Betriú. Don Juan Carlos tuvo el mérito de ligar la dinastía
restaurada al destino de la democracia recuperada. En definitiva, significaba
enlazar con
la II
República
, de más legitimidad que la corona recibida de
Franco. A la inteligencia del Rey, que renunció a los poderes que le dio Franco
y asumió las funciones de una monarquía constitucional, debemos el statu quo
vigente, doctrinalmente cojo pero que anda, aunque el monarca, impecable en el
plano constitucional, siga manteniendo en algunos aspectos un estatus feudal.
Esa es otra cuestión y yo no he perdido la esperanza de que renuncie algún día
a la opacidad presupuestaria, a regalos de las mil y una noches y a negocios
peligrosos.
Hoy merece la pena destacar la paradoja
de que sean los socialistas, republicanos de nacimiento, quienes le sostienen
con más calor. Las relaciones con Felipe González, presidente del primer
gobierno socialista de la historia de España, fueron perfectas y durante su
gobierno se gestaron los protocolos de la relación entre el soberano y el
gobierno soberano. Las relaciones con Aznar fueron mas que frías. Con Zapatero se ha retomado el buen rollo al
tiempo que se extiende y se radicaliza el republicanismo de la derecha que
surge de un viejo malentendido, el reproche a Don Juan Carlos de que frustrara
el mandato del dictador.
Ahora, aunque sea por economía procesal,
porque no merece la pena generar nuevas incertidumbres, nadie se plantea traer
la III República.
El
Rey se ha ganado el sueldo con la audacia y la inteligencia mostrada en
la Transición
y en el
manejo del golpe de Estado del 23-F. Si el Rey ya no es necesario sigue siendo
útil por su popularidad, el sabio ejercicio de su mano izquierda y su maestría
en el trato con la gente. Pero hoy, 14 de abril, honremos a
la II República
y el
Rey, el primero. Sería maravilloso que
oficiara el debido homenaje a
la II República
, el último gobierno legal de España.
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