Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 690
10/4/2006

Honor a la II República

  Comprendo que pueda haber reticencias respecto a conmemoraciones relacionadas con la Guerra Civil , cuyo setenta aniversario de su iniciación se celebrará el próximo 18 de julio, de infausta memoria, pero no entiendo las objeciones sobre la celebración de la bendita proclamación de la II República. Desgraciadamente sólo pasaron cinco años entre ambas fechas, lo que indica que en un quinquenio no pudieron resolverse conflictos seculares. El peor Ejército, la Iglesia más lamentable  y los poderes económicos más ciegos e insolidarios no toleraron el gobierno del pueblo.

La República es la República y la guerra, la guerra; una cosa no tenía porque llevar mecánicamente a la otra si no hubiera sido por la brutalidad de la España negra y el ambiente fascista del momento que preconizaba la Guerra Mundial. Celebremos la República , que fue un canto de ilusión y de esperanza, y dejemos las reflexiones sobre la sublevación de Franco para el 18 de julio.

Si a estas alturas no fuera posible conmemorar sin ofender a nadie un entusiasta movimiento popular que aconteció hace 75 años mal estaríamos. Si todavía hay alguien que no asume con naturalidad semejante celebración no es por culpa de la República , sino de la dictadura, pues más de la mitad del tiempo transcurrido desde entonces estuvo aherrojado por la rebelión de la derecha más zafia representada por el nacionalcatolicismo. Es el miedo que emana de un fanático general, jaleado por los militares, los terratenientes y los obispos que terminaron de un sablazo con la soberanía del pueblo. Atrocidades en la guerra las cometieron unos y otros aunque no es justo comparar a quienes defendían la legalidad con los golpistas. No hay que olvidar las atrocidades cometidas por los combatientes legales, pero las cometidas por Franco, una vez terminada la guerra –mandó fusilar 200.000 personas en el primer quinquenio de su victoria, según cifras oficiales proporcionadas en 1944– no tienen perdón.

Pero no es eso lo que se proclama hoy, sino el advenimiento gozoso de la II República que Zapatero ha sabido solemnizar como Dios manda en el Senado, que ha generado contrariedad en la Conferencia Episcopal encarnada por Blázquez, la que hiciera la Pastoral de la Cruzada , y en el ABC, de obligada adscripción monárquica. Lo que se celebra el próximo viernes, 14 de abril, es la asunción de la mayoría de edad por el pueblo español y el fin de aquella monarquía aristocrática que frenaba la democracia. 

La foto célebre de la Puerta del Sol que estallaba de multitud y de entusiasmo vale más que mil palabras.  Es un milagro bien trabajado por Don Juan Carlos que sigamos en monarquía. Los borbones siempre regresan, vivos o muertos, como decía Rafael Borrás Betriú. Don Juan Carlos tuvo el mérito de ligar la dinastía restaurada al destino de la democracia recuperada. En definitiva, significaba enlazar con la II República , de más legitimidad que la corona recibida de Franco. A la inteligencia del Rey, que renunció a los poderes que le dio Franco y asumió las funciones de una monarquía constitucional, debemos el statu quo vigente, doctrinalmente cojo pero que anda, aunque el monarca, impecable en el plano constitucional, siga manteniendo en algunos aspectos un estatus feudal. Esa es otra cuestión y yo no he perdido la esperanza de que renuncie algún día a la opacidad presupuestaria, a regalos de las mil y una noches y a negocios peligrosos.

Hoy merece la pena destacar la paradoja de que sean los socialistas, republicanos de nacimiento, quienes le sostienen con más calor. Las relaciones con Felipe González, presidente del primer gobierno socialista de la historia de España, fueron perfectas y durante su gobierno se gestaron los protocolos de la relación entre el soberano y el gobierno soberano. Las relaciones con Aznar fueron mas que frías. Con Zapatero se ha retomado el buen rollo al tiempo que se extiende y se radicaliza el republicanismo de la derecha que surge de un viejo malentendido, el reproche a Don Juan Carlos de que frustrara el mandato del dictador.

Ahora, aunque sea por economía procesal, porque no merece la pena generar nuevas incertidumbres, nadie se plantea traer la III República. El Rey se ha ganado el sueldo con la audacia y la inteligencia mostrada en la Transición y en el manejo del golpe de Estado del 23-F. Si el Rey ya no es necesario sigue siendo útil por su popularidad, el sabio ejercicio de su mano izquierda y su maestría en el trato con la gente. Pero hoy, 14 de abril, honremos a la II República y el Rey,  el primero. Sería maravilloso que oficiara el debido homenaje a la II República , el último gobierno legal de España.

  José García Abad

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