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Nº 689
3/4/2006

La nueva Europa oriental

Por Ignacio Ruperez

Quizás resulta obvio reconocer que la presencia y la eficacia en las actuaciones de la Unión Europea cada vez más se están verificando y adquiriendo su máximo valor en razón directa a la lejanía de Bruselas y las grandes capitales. En terceros países y teatros remotos de operaciones, tanto civiles como militares, es donde de manera progresiva se demostraría que la Unión Europea supone un proyecto para toda la Humanidad, una aportación universal que precisamente implica una proyección plural, comprensiva y generosa del núcleo duro europeo. Probablemente la nueva Europa Oriental de la que estamos hablando tuvo un gran fracaso y un notorio retroceso al no evitar la fragmentación sangrienta de Yugoslavia, y ahora asiste a la próxima prueba, años después y con muchas cosas aprendidas, con una clara orientación hacia el Este, en el panorama abierto en el sur del Caúcaso. Es decir, en torno a tres naciones nuevas y sus graves problemas correspondientes, a todo lo que la Unión Europea no puede permanecer ajena. Georgia, Armenia y Azerbaiyán; Nagorno Karabaj, Abjazia y Osetia del Sur.

Entre el Mar Negro y el Mar Caspio, entre Rusia, Turquía e Irán, el Caúcaso es quizás la región más compleja del mundo y la de las próximas tensiones, al menos en esa frontera difusa y apenas trazada entre Europa y Asia que fue marcada al desaparecer la Unión Soviética. Tal vez al independizarse las tres antiguas repúblicas soviéticas, los antiquísimos problemas locales de poblaciones muy características, con una fragme ntación cultural de gran profundidad, se han convertido en problemas internacionales sin por ello cambiar de contenido. Pero la sustancial inestabilidad del sur del Caúcaso supone una amenaza contra la seguridad de la Unión Europea a medida que ésta ha ido ampliando sus fronteras hacia Oriente. Los tres conflictos citados, calificados de "conflic, )5 congelados", tienen todo el potencial para convertirse en guerras abiertas en el patio trasero de la Unión Europea. Por ello, y aunque sólo sea por mantener su propia seguridad, la Unión Europea se está comprometiendo en su resolución y en la ayuda a la edificación nacional de Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

Es en este campo donde se cuenta con un marco de actuaciones apropiado, la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE) y con un alto nivel de entendimiento estratégico entre Bruselas y Washington. Desde 2003 la Unión Europea ha incrementado su presencia en el Caúcaso, especialmente en Georgia, nombrando un representante especial, enviando una misión para cuestiones de seguridad y defensa, así como apoyando con firmeza el proceso de democratización que recibió el nombre de revolución de las rosas. Este país, junto con Azerbaiyán y Armenia, han sido incluídos en la llamada Política Europea de Vecindad, beneficiándose de diversos capítulos de ayuda y asistencia. Pero para ciertos analistas europeos la Unión debería implicarse más aún en el complejo panorama de resolución de conflictos y edificación nacional de los tres países, a base de introducirse con mas profundidad y dedicación en sus pro blemas, la democratización, el bue gobierno y los derechos humano! Ciertamente, todo ello no ocupa ho lugar preferente en las agendas eu. ropeas.

El Caúcaso es un terreno difícil, no sólo por la orografía, también por la mentalidades y las tensiones pro pias, así como por la vecindad con grandes países. La explosión demo gráfica, el subdesarrollo y el desem pleo, la pobreza del sistema educa tivo, los tráficos ilícitos y la presen cia de elementos islámicos radica les, unido todo ello al conflicto de Chechenia y a los "conflictos con gelados", constituyen verdadera mente un cóctel explosivo. Ademá se trata de una región militarizad, de manera progresiva en la que con fluyen intereses diversos por el tra zado de los oleoductos y por su ri queza en petróleo y gas natural, sien do una especie de línea de conten ción entre Occidente y Rusia, mil caracterizada por su inmensa yola tilidad, la desconfianza y la falta d, proyectos comunes. A fin de cuen tas, Europa se está personando pau latinamente en un arco de revolu ciones, la naranja en Ucrania; la d las rosas en Georgia; la de los tul panes en Kirguizistán; lo hará en Bie lorrusia, etc., donde su presenci suele ser bienvenida por carecer d, ánimos hegemonistas, por la posibi lidad del diálogo político y de pro gramas de ayuda y asistencia. La es tabilidad de estos países, en especia del Caúcaso Sur, guarda una estre chísima relación con la del flanco Sur de la Unión Europea, incluso coi el de la de Europa Central.

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