Nº 689 - 3 de abril de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De escoltas, coches oficiales y periodistas

Delicioso artículo el de Carmen Rigalt en El Mundo del domingo 22 de marzo. Contraportada. También en el periódico que dirige Pedro J. Ramírez se encuentran en ocasiones cosas interesantes, como el comentario aludido. Leo este párrafo, por ejemplo: “Escuchando el discurso de algunas personas llego a la conclusión de que contra ETA vivían mejor. Se entiende. Frente a los asesinos resulta más fácil. Al menos de boquilla”. Se refiere concretamente Rigalt a “mis bizarros compañeros.” No alcanzo a entender de entrada qué querrá decir esta avispada colega. Le doy vueltas y no caigo. Solicito socorro vía telefónica a algunos queridos amigos de la profesión bastante más jóvenes que yo, que supero con creces los noventa. Uno de ellos me dice: “Querido Cañuelo: Tú no lo sabes, encerrado como estás todo los días en el despachito de tu casa, pero Jaime Mayor Oreja, al que cita Carmen explícitamente, siendo ministro del Interior, tuvo a bien proteger con gran generosidad y sin escatimar medios a periodistas amigos amenazados o amenazadas en aquella época por ETA. Les puso escolta y suntuoso coche oficial. Han transcurrido muchos años desde entonces. Los sucesores de Mayor Oreja no quisieron o no se atrevieron a retirarles el privilegio del coche oficial y la precaución de la escolta. Francamente, viéndolos parecen altos cargos de una multinacional o, como mínimo, subsecretarios del Gobierno de la nación.”

Escribe con regocijo y no poca mala leche Rigalt: “Yo sufro por mí, pero también por mis bizarros compañeros. Qué desgracia la suya, siempre con la sombra del escolta cosida al cuerpo. Me pongo en su lugar y siento un irreprimible acceso de claustrofobia. Ha de ser durísimo ir siempre con un escolta y un chófer pegados al culo. La vida empieza y termina en un policía silencioso y neutro. ¿Vas a casa?: con escolta. ¿Qué no vas a casa?: con escolta también. ¿Necesitas ir al supermercado a comprar papel higiénico y un poco de mortadela?: el escolta te acompaña (…) ¿Quieres echar un casquete en la provincia de Guadalajara? A tus órdenes. ¿Qué no quieres echar un casquete y prefieres ir de compras porque ya es primavera en El Corte Inglés? Lo mismo digo. Qué horror., qué falta de privacidad, qué agobio, qué todo.”

Irónicamente, Rigalt subraya: “Los compañeros ya están contando los días que faltan para volver a la normalidad. Mayor Oreja regaló escoltas como quien regala peladillas, pero el tiempo se estira y la costumbre ha hecho costra. Los periodistas echan en falta esas pequeñas cosas que dan color a la vida: lavar el coche, pelearse con los taxistas, buscar sitio para aparcar (y no encontrarlo), echarse pedos sin necesidad de bajar la ventanilla, insultar a Carles Francino cuando desde su programa radiofónico, se pone tierno con Cataluña, aprovechar el manos libres para hablar con el cónyuge sin dejar de hurgarse la nariz, cantar Amapola a grito pelado, intercambiar maldades con los amigos (…): la jugada de Carlotti con Campos, la contrajugada de Pedro Piqueras con RTVE y, ya en plan apoteósico, todas las jugadas de La Sexta ”.

Me dice mi joven colega, que roza ya los cincuenta años y lo sabe casi todo acerca de nuestra profesión, que la narración de Carmen Rigalt refleja una situación tan cierta como la vida misma. Algunos y algunas van de víctimas-del-terrorismo por las redacciones, estudios de radio y platós de televisión. Se creen sumos sacerdotes o sumas sacerdotisas a la hora de pontificar sobre Euskadi y sobre el alto el fuego permanente decretado por ETA, que les pone de los nervios. Hace años que pontifican sobre el País Vasco y alardean de estar (o haber estado, llevamos tres años sin muertos) amenazados o amenazadas por la banda terrorista. “¿Has pensado, Cañuelo, de qué hablarán en sus tertulias estos compañeros y compañeras si finalmente termina la siniestra actuación de ETA? Se les habrá acabado el discurso y, además, su estatus de escolta y coche oficial que han mantenido desde los ya lejanos tiempos de Mayor Oreja, cuando algunos de ellos y ellas soñaban con la entrada triunfal de don Jaime en Vitoria como presidente electo de un Gobierno de coalición, con Redondo Terreros de vicepresidente. ¡Oh, qué hermoso día se perdieron, el de la liberación de Euskadi por los partidos españoles y la prensa afín aplaudiendo, con el PSE haciendo de palanganero del PP y Aznar de Rey Sol de todas las Españas!.” Todo esto me lo dijo mi joven amigo de un tirón y tenía razón.

Carmen Rigalt agrega: “Pero no: los queridos compañeros escoltados sufren y sufren y vuelven a sufrir. Es un sufrimiento de contención, como si rezaran por dentro la letanía del todo por la patria y ofrecieran su sacrificio al Altísimo. Ellos no se quejan por no molestar. Recogidos en su lustroso coche oficial, leen el periódico, evitan lanzar miradas al exterior y no se dan por aludidos ni cuando un chaval golpea la ventanilla con los nudillos ofreciendo un paquete de kleenex”. Felicito a esta periodista, a la que no conozco y nunca he tenido el placer de saludar. Tiene valor escribir de este modo en el diario de Ramírez, otro que va de perseguido por ETA, según ha argumentado públicamente alguna vez en el contencioso de su famosa ya piscina balear. En fin, Rigalt, que te protejan los dioses de las viejas imprentas.

Luis G. del Cañuelo

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