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Lista Punto de vista
Nº 689 - 3 deabril de 2006

Atención a la juventud

por Santiago Carrillo

L a agitación política desencadenada en Francia por la ley que afecta a las condiciones del empleo de los jóvenes, debería ser una señal de alarma para todo el mundo desarrollado. Francia es un país puntero en cuanto a sensibilidad social; allí suelen iniciarse movimientos reveladores de problemas que transcienden de sus fronteras y que alcanzan a todo el sistema económico social, imperante hoy. Y nadie que esté preocupado por el futuro puede ignorar un fenómeno ya bien visible: las formas actuales del capitalismo están marginando a amplios sectores de la juventud. Hay, por consiguiente, partes del sector más vital y activo de la sociedad, que son los jóvenes, que sienten que su espacio en ella se reduce y se estrecha peligrosamente, en contraste con la opulencia cada vez más ostentosa de algunas minorías.

Semanas atrás tuve la oportunidad de conversar con dos jóvenes franceses. Se trataba de muchachos universitarios, arquitectos los dos y miembros de una familia de intelectuales, con una posición desahogada. Y me dijeron algo que me impresionó profundamente; que su generación ya no puede esperar alcanzar el nivel de vida que tuvieron sus padres. Si esto sucede a jóvenes pertenecientes a una familia de clase media relativamente acomodada, ,que han perdido la esperanza no só,() de progresar, sino de mantener el mismo nivel de sus padres, se entienden mejor los disturbios surgidos hace poco también en Francia, protagonizados por sectores juveniles todavía menos afortunados.
Está creciendo una generación quese siente desplazada en esta sociedad opulenta. Una generación que corre el peligro de sentirse marginada por el sistema. El peligro es mayor cuando ni los partidos ni los sindicatos les ofrecen un marco fácil de inserción. Y no está claro si es que la juventud pasa o si quienes pasan de la juventud son los partidos y los sindicatos. A algunos podrá parecerles demagogia esto que digo, pero deberían pensar seriamente en lo que es una realidad social que no deberíamos soslayar: los muchachos que hoy están sin trabajo o con contratos basura, que dan a los empresarios toda la latitud del mundo para despedir a cuantos manifiestan la más mínima voluntad de defender sus derechos laborales, es decir, la mayor parte de la juventud de hoy encuentra serias barreras para acercarse a los sindicatos. ¿No tendrían que ser los sindicatos quienes imaginaran y exploraran nuevos caminos para acercarse a esa juventud? ¿No deberían tener los sindicatos planes y programas para esa juventud que está creciendo al margen de ellos, planes suficientemente publicitados para trascender de las paredes sindicales y llegar a la masa juvenil, hasta conseguir influirla y movilizarla? El peligro para los sindicatos si no logran hacerlo es que también puedan envejecer y verse privados del apoyo de los sectores sociales más vivos, en una sociedad que asiste a un proceso de deslocalización de las empresas industriales que fueron siempre la base de su fortaleza.
Por su parte, los partidos políticos actuales tampoco dan muestras de poseer una preocupación efectiva por la juventud. En el estado actualde cosas, a los partidos sólo afluyen jóvenes con una gran vocación política, muchas veces con una orientación definida a convertirse en profesionales de la política. Para lograr una influencia real entre la gran masa juvenil a un partido no le basta con rejuvenecer su aparato y amortizar a los veteranos.

Es mucho más importante que ese partido tenga un programa que ofrezca soluciones para esa masa y para sus problemas reales, así como firmas más ágiles y adecuadas para contactar con ella. Porque el éxito de un partido no reside en captar sólo a jóvenes con aspiraciones de liderazgo, sino en influir en la multitud de jóvenes que diferencian lo que es el deber ciudadano de interesarse por la política compatible con una vocación profesional puramente científica o técnica. La socialdemocracia nórdica tuvo en su tiempo iniciativas y formas de organización inspiradas en esta preocupación. También las tuvimos los comunistas y socialistas en otros países, como sucedió en España con la experiencia de la JSU.

Cierto es que hoy las cosas son más difíciles. La fuerza con que se ha extendido la ideología neoliberal, incluso en las formaciones de izquierda, lo complica todo. Esa ideología fomenta el individualismo y el egoísmo personal hasta extremos desconocidos antes y por tanto debilita las soluciones de tipo colectivo y asociativo.

De todas maneras lo que está sucediendo estos días en Francia debería inducir a dirigentes políticos y sindicales a una reflexión muy seria, antes de que los acontecimientos puedan desbordarse.

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